02 dic 2020

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el lastre del independentismo

El conflicto social y político en Catalunya frena el impulso económico de Barcelona

Un estudio de la London School of Economics achaca al proceso independentista la pérdida de competitividad de la capital catalana con respecto a Madrid

Begoña Arce

Patos en la madrileña fuente de la Cibeles, en pleno confinamiento. 

Patos en la madrileña fuente de la Cibeles, en pleno confinamiento.  / José Luis Roca

Barcelona debía convertirse en la capital económica de España. En los años 70 partía con ventaja con respecto a Madrid. Su posición dominante le auguraba un futuro similar al de Milán, muy por delante de Roma. Pero en el caso de la capital catalana no ha sido así. Los datos muestran como Madrid se ha impuesto a Barcelona en las tres últimas décadas. Y la causa de ese frenazo y marcha atrás, apunta, según un estudio de la London School of Economics (LSE), a la falta de entendimiento y la fractura social provocados por el proceso independentista.

De acuerdo con el estudio, "una creciente brecha abierta en la sociedad barcelonesa, de carácter económico, social e identitario, ha agravado, más que en Madrid, la crisis de confianza y ha hecho prosperar a unos grupos poderosos poco capaces de tender puentes entre sí. Esto ha tenido unos efectos negativos que han limitado la capacidad económica de crecimiento de Barcelona y han propiciado que Madrid se convierta en el principal centro económico de España".

Los autores del trabajo, los profesores Andrés Rodríguez-Pose y Daniel Hardy, especialistas en Geografía Económica en la LSE, señalan que, "Madrid y Barcelona han sido durante mucho tiempo las dos potencias económicas de España. Sin embargo, durante las últimas tres décadas, Madrid se ha adelantado a Barcelona en prácticamente todos los indicadores económicos, convirtiéndose en una ciudad mucho más grande y en el centro de la actividad económica en España". Un dominio "indiscutible de Madrid en todos los terrenos, ya sean políticos administrativos, financieros o culturales", algo que, "ha producido una profunda ruptura en el estatus histórico de Barcelona".  

Decisiones institucionales 

El trabajo, basado en datos estadísticos y en casi un centenar de entrevistas realizadas entre el 2007 y el 2019, sostiene que el hecho de ser Madrid la capital del país, o las inversiones en infraestructuras que confluyen en la capital, así como otros factores económicos, "son argumentos que no pueden explicar por sí solos las trayectorias económicas divergentes de ambas ciudades, especialmente en un momento en el que España ha atravesado profundos procesos de descentralización y cuando el desarrollo de nuevas infraestructuras se ha generalizado en todo el país, incluidas  Barcelona y Madrid". Para los autores, "la principal explicación de la divergencia económica entre ambas ciudades hay que buscarla en las diferentes decisiones institucionales que predominan en Barcelona y Madrid". En la capital española, donde los grupos sociales, económicos y culturales eran relativamente débiles e incapaces cada uno por sí mismo de imponer la pauta en la ciudad, "se fueron tendiendo puentes, hacia la formación de una sociedad más abierta e inclusiva, que ha facilitado la transformación de ideas y talento en actividad económica".  Madrid consiguió el 65% de las inversiones directas extranjeras entre el 2010 y el 2018. En Catalunya apenas se llegó al 16%.

Freno económico, conflicto en ciernes

Los investigadores de la LSE comparan lo ocurrido con el proceso similar en Canadá entre Montreal y Toronto, donde el independentismo en Quebec restó potencial económico y frenó el desarrollo de su capital en beneficio de Toronto. El estudio destaca como durante la Transición y hasta los Juegos Olímpicos del 1992 diferentes sectores sociales, políticos y económicos catalanes actuaron como un motor de  transformación económica, pero,  "grupos  fuertemente identitarios y comunitarios, que habían promovido el dinamismo económico de Barcelona se han convertido en un lastre". Esos grupos "han fomentado la polarización de sus ya divididas comunidades, perjudicando la inclusión. Eso ha limitado el uso del talento, entorpeciendo el desarrollo y la promoción de la actividad económica y conduciendo a un conflicto en ciernes, que ya fue evidente en la ciudad, y en parte del área metropolitana y la mayoría del resto de Catalunya, durante la reciente aceleración proindependencia".