operación HISTÓRICA

Los protagonistas de la fusión Caixabank-Bankia

Todos han puesto de su parte para una operación que quizá no hubiera salido adelante sin el covid-19

Combo de los logos de  La Caixa  y Bankia por la fusion de los bancos.

Combo de los logos de  La Caixa  y Bankia por la fusion de los bancos. / EL PERIODICO

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Gemma Martínez

Historia en tiempos de emergencia. La integración de la tercera y la quinta entidad bancaria española, anunciada el jueves por la noche y por sorpresa, llega después de meses de negociaciones entre accionistas mayoritarios, directivos y organismos reguladores. Todos han puesto de su parte para una operación que quizá no hubiera salido adelante sin el covid-19.

José Ignacio Goirigolzarri 

Presidente de Bankia  

Cualquier crisis significa una oportunidad, porque te atreves a hacer cosas que normalmente no harías. En Bankia lo sabemos por experiencia”. Estas palabras pronunciadas hace solo tres meses por José Ignacio Goirigolzarri (Bilbao, 1954) pueden interpretarse ahora como un anticipo de lo que estaba por llegar, la fusión de la entidad que preside, Bankia, con CaixaBank que dará lugar al mayor banco de España por activos en plena pandemia. 

En lo más alto del grupo resultante, en la presidencia, estará el financiero vasco,  el último miembro de una generación de primeros ejecutivos que desde la década de 1980 hasta 2019 pilotaron los grandes bancos españoles y que actualmente ya no están en primera línea de sus entidades por fallecimiento, límites de edad o problemas reputacionales, como Emilio Botín (Banco Santander), Francisco González (BBVA), Isidre Fainé (CaixaBank) o Rodrigo Rato (Bankia), entre otros. 

Creyente, genéticamente optimista, demócrata liberal y admirador declarado de filósofos como Kant, Ross o Brentano, disfruta de una segunda oportunidad en la banca que no puede haberle salido mejor por ahora. Si lejos queda ya su entrada en el Banco de Bilbao como analista de planificación estratégica, en 1978, su salida forzada de la cúpula de BBVA con una indemnización millonaria huele a prehistoria. Goirigolzarri, casado y padre de dos hijos- un abogado y una cardióloga-, está satisfecho de haber salido de su guarida para volver a la arena y asumir la presidencia de Bankia desde su nacionalización en 2012. La única condición que puso para aceptar el cargo es que no hubiera injerencia política y de momento lo ha logrado. 

Ahora, su reto  es que la creación de la nueva CaixaBank prospere. Si no se hace bien, una fusión puede ser un problema mayor, como él mismo pudo comprobar cuando la integración de Caja Madrid y Bancaja dio origen a la Bankia más turbulenta.

Gonzalo Gortázar

Consejero delegado de CaixaBank

Si algo aprendió Isidre Fainé de la fallida fusión entre CaixaBank y Bankia en 2012, es que tanto el éxito de una operación de fusión como la pervivencia de cualquier entidad depende del talento, el esfuerzo y la dedicación del equipo gestor. Pero también, de los equilibrios de poder entre las  cúpulas de las dos entidades participantes en cualquier hipotética integración. Bajo esta premisa se entiende que el presidente del mayor accionista de CaixaBank y del futuro grupo resultante haya pactado que la presidencia recaiga en manos de José Ignacio Goirigolzarri, igual que la sede se mantenga en Valencia (para eliminar  tensiones en esta puja entre Madrid y Barcelona). También encaja en esta línea que el consejero delegado de CaixaBank, Gonzalo Gortázar, ocupe esta misma posición en el futuro mayor banco de España. 

Casi nadie duda de que Gortázar (Madrid, 1965), consejero delegado de CaixaBank desde  2014, se entenderá con Goirigolzarri y de que su proyección será ascendente. Le avala, además, su experiencia anterior a la llegada al grupo La Caixa. Desde 1993 a 2009  trabajó en Morgan Stanley en Londres y en Madrid, donde ocupó diversos cargos en la división de banca de inversión, estando al mando del Grupo de Instituciones Financieras en Europa, un tablero en el que la nueva CaixaBank tendrá que jugar.  

Jordi Gual

Presidente de CaixaBank

La fotografía de la cúpula de la nueva CaixaBank todavía debe perfilarse en los próximos días. Pero todo apunta a que en la imagen, al menos en la parte más alta de la entidad, puede que no aparezca  Jordi Gual, presidente de CaixaBank desde 2016, según la mayoría de las fuentes consultadas. El que fuera sucesor de Fainé en la presidencia de una entidad financiera que era la tercera entidad española por volumen activos ha quedado desplazado por el presidente de la quinta entidad, Bankia, José Ignacio Goirigolzarri. 

Gual (Lleida, 1957) ha sido cuestionado recientemente en parte de los círculos financieros por oponerse  a las fusiones bancarias y por tener que menguar los dividendos de CaixaBank, que financiaban a la Fundación Bancaria La Caixa, pese a que actuaba así cumpliendo las recomendaciones del Banco Central Europeo por la crisis económica derivada de la pandemia. Ahora podrá volver a su esencia los libros. El economista, que se incorporó a La Caixa en 2005, es uno de los mayores expertos en sistemas bancarios, integración europea, regulación y competencia. Antes de presidir CaixaBank, fue el economista jefe y Director Ejecutivo de Planificación Estratégica y Estudios de CaixaBank y Director General de Planificación y Desarrollo Estratégico de CriteriaCaixa. 

Isidre Fainé

Presidente de la Fundación Bancaria La Caixa 

El gran urdidor de la fusión de CaixaBank y Bankia. Ese es Isidre Fainé (Manresa, 1942), presidente de la Fundación Bancaria La Caixa, el mayor accionista de CaixaBank que también ostentará esta condición en el grupo resultante de la fusión. Su posición le ha valido para negociar una operación histórica con el Estado español como contraparte. El Gobierno posee más del 60 por ciento de Bankia a través del Frob, el fondo creado para sanear las cajas de ahorros en la crisis de 2008. 

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Fainé ya ha dado muestras en el pasado de sus habilidades negociadoras, como cuando consiguió que La Caixa estuviera relativamente protegida de las explosivas  reestructuraciones y recapitalizaciones del sistema financiero. Mientras otros competidores desaparecían, él ejecutaba un modelo planificado muchos años atrás: que la caja traspasara su actividad financiera a un banco con forma jurídica de sociedad anónima, que estaría controlada accionarialmente por La Caixa. Ésta se mantendría como una fundación privada volcada en la obra social y se finaciará con los dividendos del banco. Fainé ejecutó el plan al milímetro, con la salida a bolsa de Criteria, reconvertida después en CaixaBank. 

El directivo, que en cambio no pudo fructificar esta misma fusión que plantea ahora y que negoció  con Rodrigo Rato en 2012 antes de la nacionalización de Bankia, se siente hoy mucho más cómodo como accionista al volante del mayor banco de España. Así logrará los nutrientes necesarios para mantener una fundación que es su vida.