Historias de paro y empleo de agosto

"Hemos tenido que volver a cerrar el restaurante de la Barceloneta"

El mes de agosto mezcla casos de nuevos cierres de negocios con otros de nuevas oportunidades

Magda C., tras el ERTE aplicado en su anterior empresa, del sector turístico, envió su CV a todas las bolsas de trabajo que encontró vía internet, hasta ser contratada por el ICS.

Magda C., tras el ERTE aplicado en su anterior empresa, del sector turístico, envió su CV a todas las bolsas de trabajo que encontró vía internet, hasta ser contratada por el ICS.

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CARME ESCALES

La hostelería y especialmente aquellos establecimientos cuya clientela son mayoritariamente extranjeros de visita, en ciudades como Barcelona sin apenas turistas de otros países en este insólito agosto, han tenido que ir a un ERTE o a despedir a muchos empleados. Estos son los testimonios de pequeños empresarios o empleados que nos cuentan cómo capean la crisis. 

Federico Santos (42 años, hostelería): Otra vez, de erte

Federico Santos es uno de ellos. Llevaba la dirección de un exitoso restaurante en la Barceloneta. “Ni en verano ni en invierno encontrábamos un momento para cerrar y hacer obras de reforma”, explica. Ahora sí podrán, porque después de reabrir pasado el confinamiento, con plantilla y días reducidos, vieron que no salía a cuenta. “No daba para cubrir los gastos” afirma. Así que han decidido cerrar hasta marzo del próximo año. “Enero siempre fue un mes bueno para nosotros, pero aprovecharemos para hacer las obras. Aquí en Barcelona lo que nos mata es el precio de los alquileres. Si cerramos para hacer las reformas podemos negociar, pero si nos mantenemos abiertos, no”, dice. Por lo tanto, a sus 42 años se ha visto obligado a detener su actividad por un ERTE. Tenía 20 años cuando llegó a Barcelona desde Buenos Aires, su ciudad natal, y ha trabajado siempre en el sector de la hostelería. Hace dos años se trasladó un tiempo a Zaragoza para ayudar a su hermano a poner en marcha un bar, que hoy sigue abierto. “Allí como mínimo te aseguras cubrir gastos, en Barcelona –insiste-, los alquileres ahogan”. Y, sin el turismo habitual este verano, en un restaurante como en su caso, en pleno barrio marinero acostumbrado a servir marisco y paellas a extranjeros, no han tenido más opción que cerrar. "Nuestros clientes, sobre todo, son ingleses y holandeses, público nacional tenemos poco. Y los días que abriomos después del confinamiento, solo se veía a algún francés", recuerda.

Guillem Moral aparcó su proyecto personal como autónomo y se puso a buscar trabajo por cuenta ajena. Lo halló en un almacén de bebidas de la empresa Panadès Alemany. / DAVID APARICIO

Gabriel Busquets (43 años, comercial): En el paro desde el 24 de agosto

Por eso también, Gabriel Busquets, comercial de 43 años en una empresa de telecomunicaciones, el último mes iba encontrando cerrados muchos establecimientos a los que debía visitar. “Fueron muchas horas de picar piedra sin resultados y, claro, me dijeron que los números no salían. Y el lunes 24 de agosto me dieron de baja en la seguridad social”. Ahora, con dos años de paro por delante, pero preocupado por la situación de los negocios en Barcelona, continuará en su búsqueda de trabajo, aunque sea cambiando de sector, buscando alternativas, allá donde esté, localizando oportunidades desde su portátil. “Siempre he encadenado un trabajo con otro, solo que desde el 2008, los sueldos han ido siempre a peor”, afirma.

Jesús Martínez (55 años, contable): Al paro, justo antes de iniciar las vacaciones               

Jesús Martínez también le preocupa su situación. A final de julio, justo antes de coger vacaciones, le anunciaron su final de contrato. El 16 de septiembre hubiera cumplido un año en la empresa, dedicada a las reformas y alquileres de pisos. "Se ampararon mucho en la crisis sanitaria, como es lógico", apunta. Igualmente se fue de vacaciones con su familia porque ya lo tenía todo reservado. “Ahora tendré unos 18 meses de paro, pero soy de una generación no sabe estar sin trabajar. Yo me preocupo desde el primer día de paro porque, además, el hándicap ahora son mis 55 años”, dice. “Nos faltaría alguna ayuda como premiar fiscalmente a las empresas que contraten a séniores”, comenta. Él ahora gasta buena parte de sus días buscando ofertas de trabajo en todos los portales de agencias de empleo. "Tengo tres hijos, dos ya prácticamente independizados, pero el pequeño tiene 13 aún, y me desespero cuando pienso en que una empresa para 10 o 12 años que me quedan hasta la jubilación tal vez tampoco le interese", dice.

Jesús Martínez, contable de 55 años, busca trabajo después de un final de contrato en una empresa. / JORDI COTRINA

Magda C. (40 años, coordinadora turística): Nueva oportunidad en la sanidad

Pero también hay quien este mes de agosto ha firmado un contrato laboral. Es el caso de Magda C., de 40 años, que empezó a buscar trabajo como alternativa al ERTE de su anterior empresa dedicada al turismo. En ella era coordinadora de actividades, visitas a monumentos que en tiempos de pandemia se detuvieron.  Desde mitad de marzo que empezó el ERTE, hasta principios de julio no empezó a cobrar. “Envié el currículum a todas las bolsas de trabajo que encontré, y a los 15 días de enviarlo a la del Institut Català de la Salut (ICS), me llamaron para empezar a trabajar en un CAP como administrativa”, explica. Hasta finales de septiembre tengo trabajo en el ICS y mi ERTE de la otra empresa queda suspendido temporalmente.

Guillem Moral (30 años, autónomo): Nuevo empleo en un almacén

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Guillem Moral, que cumplió 30 años durante el confinamiento, aparcó su proyecto como autónomo al frente de una productora de eventos que realizaba entre otras cosas presentaciones de coches. Con la llegada del Covid-19 todo se tuvo que anular. Él se acogió a las ayudas, que no percibió hasta la primera semana de junio, y empezó a buscar trabajo por cuenta ajena. Lo encontró primero en el almacén de BonPreu, preparando encargos, pero en agosto lo dejó por otra oferta mejor. “Cuando llevas medio año sin facturar, te coges a cualquier cosa”, declara. Y en agosto ha firmado con la empresa de distribución de bebidas Panadès Alemany. También es un trabajo de almacén, pero con mejor horario y remuneración. “Cada día miraba anuncios en internet”, dice. "Mi proyecto, de momento, lo aparco porque me supone mucha incertidumbre por el tema del aforo limitado. Aprovecharé en mis horas libres para reinventarme, y volveré a estudiar. Marketing y comercio online he visto que es el presente ahora mismo, y me prepararé para ello", comenta.