14 ago 2020

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El petróleo de EEUU sufre una caída histórica y se paga por primera vez a precios negativos

Los contratos a futuro del barril West Texas cerraron por primera vez en la historia a -37 dólares

Las dificultades para almacenar los excedentes de crudo generados por el coronavirus precipitan la debacle de los precios

Ricardo Mir de Francia

Donald Trump, anunció este lunes que su Gobierno almacenará petróleo hasta llenar las reservas del país añadiendo otros 75 millones de barriles aprovechando el bajo precio del crudo. / EFE VIDEOS

En la retina de finales del siglo pasado, las crisis del petróleo son una fotografía de colas desesperadas frente a las gasolineras, inflación disparada y estancamiento económico. El embargo de la OPEC en 1973 a varios países occidentales por su apoyo a Israel en la guerra del Yom Kippur puso en marcha la primera, mientras el pánico generado por la Revolución Iraní en los mercados energéticos desató la segunda oleada en 1979. En ambas crisis el recorte de la oferta y el aumento súbito de los precios sirvieron como detonante, una dinámica que el coronavirus ha invertido completamente.

En otra jornada para la historia negra de esta pandemia, el precio a futuro del West Texas (WTI), el barril de referencia en Estados Unidos, se desplomó un 306% para cerrar la jornada en negativo, algo que no había sucedido nunca. 

Técnicamente eso significa que los vendedores de petróleo están dispuestos a pagar para deshacerse de su oro negro. El mundo al revés. Los futuros correspondientes al mes de mayo del WTI cerraron la jornada a un precio negativo de 37.63 dólares, un hundimiento sin precedentes desde que se puso en marcha su mercado de futuros en 1983. El motivo del descalabro estriba en las dificultades para almacenar la sobreoferta de petróleo en Estados Unidos, acentuada por la parálisis económica que ha generado la epidemia. Con las carreteras prácticamente vacías y los vuelos comerciales seriamente recortados, el exceso de crudo que ya arrastraba el mercado no ha hecho más que exacerbarse. Las refinerías, los tanques y las plataformas marinas están llenas. Cualquiera que sea capaz de encontrar espacio, se hará con toda seguridad millonario. 

“El colapso es en gran medida un reflejo de que los inversores han extendido los contratos hasta junio. Nadie quiere hacerse cargo de la distribución porque la capacidad máxima de almacenamiento está muy cerca de alcanzarse”, ha explicado a Market Watch, Edward Moya, analista de Oanda. El crudo que llega del Golfo Pérsico ni siquiera se está descargando porque no hay donde almacenarlo. La debacle arrastró a las bolsas estadounidenses, que volvieron a cerrar en números rojos. El barril de Brent, de referencia en Europa, está capeando mejor el temporal. Sus contratos para mayo cerraron el viernes a 28 dólares.

Los inversores confían, sin embargo, en que la demanda se recuperará a media que avanza el año y se reabre poco a poco la economía. Los contratos para el petróleo llamado a ser entregado en junio cerraron cerca de los 21 dólares, mientras los de noviembre se pagaron a 32 dólares. Precios aun sí muy distantes a los 60 dólares que rondaba el West Texas antes de que la pandemia tomara cuerpo. 

La crisis del sector venía escribiéndose a cámara lenta desde principios de año, pero se ha acelerado de forma dramática. Hace apenas una semana Donald Trump logró convencer a Rusia y Arabia Saudí para que acabaran con su guerra por la cuota de mercado, un acuerdo que sirvió para que la OPEC y el Grupo de los 20 redujeran la oferta global de crudo, recortándola en 9.7 millones de barriles diarios. Pero los analistas consideran que el recorte es muy insuficiente. Las previsiones apuntan a que el consumo mundial de petróleo caerá un tercio en abril.

El nuevo escenario ha obligado a los productores estadounidenses a cerrar pozos a marchas forzadas, poner en pausa sus planes de prospección y reducir gastos. Muchos de ellos necesitan un precio de 50 dólares el barril para ser viables. Los analistas predicen quiebras en el sector y probablemente una nueva fase de consolidación, a medida que los peces gordos se comen a los pequeños, incapaces de sobrevivir con los precios actuales. El número de pozos activos en el país cayó un tercio el mes pasado, para situarse en la cifra más baja desde el 2015, según los datos de Baker Hughes.

Para los ecologistas, estas perturbaciones en el mercado energético son una prueba más de la necesidad de transitar hacia un modelo más sostenible. "La profunda caída experimentada hoy por los precios del petróleo son un poderoso ejemplo de cómo los combustibles fósiles son demasiado volátiles para ser la base de una economía sólida", afirmó Breit Fleshman, director adjunto de 350.org.