16 jul 2020

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Informe de la OIT

Los autónomos, las primeras víctimas de la nueva economía

Un informe de la OIT alerta de que la pérdida de peso de las rentas del trabajo en los países ricos llega por la precarización de los trabajadores por cuenta propia

Gabriel Ubieto

Protesta en Barcelona de repartidores autónomos de una conocida empresa digital de distribución.

Protesta en Barcelona de repartidores autónomos de una conocida empresa digital de distribución. / Jordi Cotrina (El Periódico)

La contribución de los salarios al PIB sigue a la baja, tanto a nivel mundial como en España. El capital le gana terreno a las rentas del trabajo y las nuevas realidades laborales, especialmente en los países ricos, no contribuyen a revertir dicha tendencia y se ceban especialmente con los trabajadores autónomos. "La reciente disminución de la aportación de las rentas del trabajo se debe en gran medida a la disminución de los ingresos medios de los trabajadores por cuenta propia", según señala un informe de la Organización Internacional del Trabajo (OIT) publicado este lunes, con motivo de la nueva edición del Foro de Davos.

En las últimas dos décadas los salarios han pasado de representar el 54% de la riqueza mundial al 51% (hasta el 2017). El peso del capital en el caso concreto de España no es tan elevado, pero sigue el mismo guión; cayendo del 63,4% al 61,2% en el mismo periodo. La OIT señala en su informe que la proliferación del subempleo en todo el mundo es uno de los principales responsables. Es decir, cada vez hay más gente que pese a tener un empleo querría trabajar más horas, porque sus condiciones actuales no le permiten alcanzar unos estándares básicos.

El informe de la OIT cifra en el 13% el porcentaje de trabajadores a nivel mundial que ejercen algún tipo de forma de subempleo y ya hay casi la misma cantidad de personas en paro que trabajadores en precario. Entre desempleados, subempleados y personas en edad de trabajar pero que no pueden sumarse al mercado laboral por determinadas circunstancias, la OIT estima que suman más de 470 millones de personas en todo el mundo. Otra de las consecuencias de esa infrautilización de la fuerza de trabajo es que casi uno de cada cinco trabajadores (19%) en todo el mundo no gana lo suficiente para evitar vivir en riesgo de exclusión social.

Crecimiento de baja calidad

El crecimiento del empleo durante la última década y especialmente en los países de ingresos bajos se ha efectuado en base a empleo de baja calidad, lo que provoca que la OIT estime que la proporción de trabajadores pobres aumentará en los próximos años. Lo que, a su vez, provoca que el objetivo de desarrollo sostenible (ODS) referido a la erradicación mundial de la pobreza para el 2030 se prevea “aún más difícil”, según lo ve la OIT.

Y en los países de altos ingresos la decadencia de la aportación salarial al global de la riqueza de los estados se debe en gran medida a precarización de los trabajadores autónomos, según explicita la entidad. "Las nuevas formas de trabajo erosionan el poder adquisitivo de los trabajadores por cuenta propia", afirma la OIT en su informe.

La batalla por la juventud en Europa

La OIT proyecta para la Europa occidental un mercado laboral estancado, con unos ritmos de crecimiento de la economía insuficientes para seguir disminuyendo las tasas de desempleo a corto plazo. De hecho, para el 2023 la entidad prevé que el paro permanezca anclado entre el 6,9% y el 7%; sin variaciones significativas respecto a los niveles actuales. Y una de las primeras consecuencias de ese ‘tapón’ será un ligero repunte de los ‘ni-nis’, es decir, los jóvenes que ni estudian ni trabajan, hasta el 11,2% previsto para el 2023.

En los países de la Unión Europea, el tiempo que pasa una persona jubilada ya excede al tiempo que dura su vida laboral. Y la pugna por captar y retener el talento joven en los próximos años va a ser una de las 'batallas' que la OIT prevé que se librarán entre Estados. De momento las previsiones del organismo no favorecen a los países del sur de Europa, respecto a sus vecinos norteños y del este. La media de edad de la población trabajadora es la más alta en el sur de toda Europa, fregando los 45 años. Para 2030 la OIT estima que seguirá subiendo y superará dicho linde, siendo la única en todo el Viejo Continente.