11 ago 2020

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INVESTIGACIÓN EN MARCHA

Empleados de Boeing sobre el avión 737 Max: "Diseñado por payasos supervisados por monos"

La compañía ha facilitado al Congreso de EEUU mensajes internos que cuestionan a la Administración Federal de Aviación

El contenido ratifica el encubrimiento, el engaño y muestra un insultante desdén por los reguladores, los clientes y los pasajeros

Idoya Noain

Aviones Boeing 737 MAX  estacionados en una base aérea en Seattle. 

Aviones Boeing 737 MAX  estacionados en una base aérea en Seattle.  / REUTERS / LINDSEY WASSON

Puede que un día, como un ave fénix, Boeing remonte el vuelo, pero de momento el gigante aeronáutico estadounidense, sumido en una profunda crisis tras los accidentes de dos de sus 737 Max, sigue en la fase de hacerse cenizas.

Este jueves se hicieron públicas en Estados Unidos más de 150 páginas con mensajes internos de empleados que la compañía ha facilitado a los investigadores del Congreso y a la Administración Federal de Aviación (FAA por sus siglas en inglés) que ratifican los esfuerzos que se hicieron para manipular y engañar a los reguladores estadounidenses e internacionales que escrutaban el modelo. Los documentos, además, incluyen bromas sobre fallos potencialmente fatales y arrojan luz sobre una cultura en la que primaba el ahorro de gastos frente a la seguridad y un insultante desprecio.

Aunque los correos y mensajes se entregaron ya en octubre a los investigadores federales, fue el mes pasado cuando empezaron a facilitarse al Congreso y la FAA. Algunos datan de 2013, cuando el 737 Max estaba en desarrollo, pero la mayoría son de 2017 y 2018, el momento en que Boeing trabajaba en los simuladores de vuelo, en el epicentro de la crisis abierta después de que a finales de 2018 y principios de 2019 dos siniestros en Indonesia y Etiopía costaran la vida a 346 personas.

Del insulto al miedo

En cada una de esas fases los mensajes son demoledores. En uno de 2017, por ejemplo, se lee: “Este avión está diseñado por payasos, que a su vez están supervisados por monos”. En otro alguien escribió: “Me quedaré estupefacto si la FAA aprueba esta mierda”. Y en otro intercambio entre empleados de febrero de 2018, que apunta a la preocupación que había por las deficiencias en los simuladores, uno de ellos escribió: “A los muy, muy pocos de nosotros en el programa a los que nos interesa solo la verdad ¿Pondrías a tu familia en una aeronave entrenada con un simulador MAX? Yo no”. El receptor contestó: “No”.

Los mensajes también ratifican el encubrimiento y uno de los empleados, en 2018, escribió en aparente referencia a interacciones previas con la FAA: “Dios aún no me ha perdonado todo el encubrimiento que hice el año pasado”. Asimismo, subrayan los esfuerzos en Boeing para evitar que fuera obligatorio formar a los pilotos del 737Max con simuladores, un paso más costoso que el que se aprobó de darles entrenamiento con ordenadores y que solo este martes la compañía ha anunciado que recomendará (aunque la decisión final es de la FAA).

En marzo de 2017, por ejemplo, el jefe técnico de los pilotos escribió a sus colegas que debían “subrayar la importancia de mantener que no habrá requerimiento de ningún tipo de entrenamiento en simuladores”. “Boeing no permitirá que eso pase”, escribió también. “Nos encararemos a cualquier regulador que intente hacer de eso un requerimiento”. Un empleado de márketing mostró su incredulidad porque los reguladores dieran luz verde a que quienes hubieran pilotado el 737 NG, predecesor del Max, pudieran hacer solo una breve formación en ordenador en vez de en simulador. “Puedes llevar 30 años alejado de un NG y aún así poder pilotar un MAX. Me encanta. Esto es buena parte de la estructura de costes”.

Tensión, calma  denuncia

La revelación de los mensajes amenaza con tensar aún más la relación entre Boeing y la FAA. Y aunque la agencia federal ha reconocido que “el tono y contenido de parte del lenguaje es decepcionante”, también ha intentado minimizar su efecto, destacando que los mensajes no revelan ni plantean nuevas preocupaciones en términos de seguridad “que no se hubiera identificado ya como parte de la revisión ya en marcha de modificaciones propuestas para la aeronave”. “Nos mantenemos concentrados en seguir un exhaustivo proceso para devolver el Boeing 737 a servicio”.

Boeing también emitió un comunicado en el que definió de “completamente inaceptables” los mensajes y se disculpó “a la FAA, al Congreso, nuestros clientes de aerolíneas y los pasajeros”, pero también buscó poner el foco en el presente. “Habiendo revisado cuidadosamente el tema, tenemos confianza en que todos los simuladores MAX de Boeing están funcionando efectivamente”.

En el Congreso, no obstante, arrecian las denuncias. El demócrata Peter DeFazio, que preside el Comité de Transporte en la Cámara Baja, ha dicho que los mensajes “pintan un retrato profundamente preocupante de hasta dónde aparentemente estaba dispuesto a llegar Boeing” y “muestran un esfuerzo coordinado desde los primeros días del programa 737 Max para esconder información crítica de reguladores y del público”. Su homólogo en el Senado, el republicano Roger Wicker, ha advertido que “estas comunicaciones sugieren un desdén problemático por la seguridad entre algunos en Boeing y plantean cuestiones sobre la eficacia de la supervisión de la FAA del proceso de certificación”.