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Testimonio

"Los trabajadores no tenemos derecho a enfermar, estamos desamparados"

La empresa Unísono despidió a María José Lillo después de varios días de ausencia por una gastroenteritis y una bronquitis

Olga Pereda

María José Lillo, que fue despedida en Unísono tras tener bajas médicas, en Fuenlabrada (Madrid).

María José Lillo, que fue despedida en Unísono tras tener bajas médicas, en Fuenlabrada (Madrid). / DAVID CASTRO

El Tribunal Constitucional avaló el pasado 29 de octubre el artículo 52D del Estatuto de los Trabajadores, que permite el despido por bajas intermitentes aunque justificadas. El fallo del alto tribunal ha conseguido reavivar el debate sobre la reforma laboral del PP y sus efectos sobre la libertad empresarial y el derecho a la salud de los trabajadores. Los sindictos con representación mayoritaria entre los trabajadores, CCOO y UGT, tienen previstas manifestaciones en toda España contra este artículo el próximo 27 de noviembre. EL PERIÓDICO ha contactado con varios testimonios para conocer como les afecta en primera persona la aplicación de este mecanismo de despido.  

Después de once años y medio en la misma empresa (Unísono), María José Lillo recibió el pasado mes de marzo la llamada de una de sus jefas. Le pidió que subiera a su despacho. Frente a frente le soltó que estaba despedida. Le entregó la carta y el finiquito de 20 días por año trabajado. María José se quedó temblando. No se lo esperaba en absoluto. No había escuchado nada que le hiciera sospechar en un despido. Otro directivo la acompañó a su mesa y comprobó cómo cerraba el ordenador y metía sus cuatro cosas personales en una bolsa. Es el protocolo oficial, pero le hicieron sentir como una delincuente. María José está ahora cobrando el paro y buscando empleo con tesón. No le tiembla la voz al decir que, cuando lo encuentre, irá a trabajar aunque tenga gastroenteritis, bronquitis o gripe. Porque ese fue el motivo de su despido en Unisono, estar unos días enferma.

María José tiene 34 años. Nació en un pueblo de Ciudad Real y vive en Fuenlabrada (Madrid) con su marido y su hijo, de ocho años. Desde que cumplió los 19 no ha parado de trabajar. Entró en Unísono -firma de atención telefónica a clientes- hace once años y medio. En función de las campañas contratadas, iba a un puesto u otro. En los últimos años se dedicaba, sobre todo, a gestiones administrativas. En marzo de 2018 sufrió una gastroenteritis y el médico de la Seguridad Social le concedió una baja laboral de dos días. Siete meses después, en octubre, se sintió enferma. El malestar la llevó al médico, que le dio dos días de baja por bronquitis aguda. "El lunes me incorporé. Me notaba que no estaba bien del todo, pero quise volver al trabajo. A media mañana empecé a encontrar realmente mal. Me subió la fiebre y una de mis jefas me recomendó irme a casa. Volví al médico. Estuve nueve días de baja", recuerda.

La llamada

Una vez superada la enfermedad, volvió a la oficina. Todo normal, más allá de una sensación extraña de ir de un lado a otro. "Un día estaba en una campaña. Y otro día, en otra. Otras jornadas no tenía trabajo y no hacía nada. Pero no por mi culpa sino porque nadie me mandaba tarea alguna". Fue pasando el tiempo hasta que en marzo de este año recibió la llamada de una de sus jefas. "Recuerdo perfectamente ese día. Me llamaron a las tres de la tarde. Tenía buena relación con mi jefa. Estoy segura de que se tuvo que tragar un sapo al entregarme la carta de despido, en la que se justificaba el despido por el artículo 52 del Estatuto de los Trabajadores. Traté de defenderme y explicar que la baja de octubre fue una sola baja y no dos. En realidad, la segunda fue una recaída. De hecho, así lo especificó el médico", argumenta. Todavía en el despacho de su jefa, María José -afiliada a CGT- pidió hablar con la delegada sindical. Le dijeron que no.

La carta de despido son dos folios. En el segundo párrafo de la primera hoja se menciona que el motivo del cese era la "inasistencia al trabajo, que aun justificada sobrepasa los límites a que se refiere el propio artículo 52 d del Estatuto de los Trabajadores". Después, toda una retahíla de días de porcentajes y cómputos de días.

Desamparo laboral

"No demos por sentado que tenemos ningún derecho conquistado. No los tenemos. Los trabajadores no tenemos derecho a enfermar. Estamos desamparados. Es algo avalado por normas injustas pero no te das cuenta hasta que no te pasa", asegura María José, que, convencida de que era improcedente, llevó a los tribunales el despido. La jueza, sin embargo, sentenció en septiembre que era procedente. "Ya sabía que tenía todas las de perder, pero tenía que intentarlo. Después, al ver en las noticias que el Tribunal Constitucional sentaba jurisprudencia en el tema he tirado definitivamente la toalla".

A lo largo de toda su vida laboral, María José solo ha estado dos meses en el paro. Ahora se siente desubicada. No está depresiva, pero se siente rara. El único que está contento es su hijo, al que le gusta comer cada día con mamá en casa.