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AMENAZA ARANCELARIA

Nuevas heridas y viejas tensiones en el sector agroalimentario

La guerra comercial entre EEUU y Europa en el sector agrario aviva las rencillas entre productores y distribuidores

Eduardo López Alonso

Un olivo en una explotación de Lleida. 

Un olivo en una explotación de Lleida.  / ARCHIVO / JOAN REVILLAS

La pretensión de Donald Trump de incrementar hasta el 25% los aranceles para el aceite (y otra larga lista de productos agroalimentarios) que se exportan a Estados Unidos ha reavivado la compleja situación que vive el sector en España y las históricas tensiones entre productores y distribuidores. Mientras los primeros se quejan del desplome de los precios, lo segundos han conseguido en los últimos años capear la crisis gracias al incremento de productos frescos en su oferta global en un contexto de atonía del consumo.

Según la consultora Kantar, mientras en términos de volumen el mercado de gran consumo en España retrocedió entre enero y septiembre el 0,6%, la venta de productos frescos aumentó. Los españoles gastaron un 1,9% más que hace un año en frescos, con una demanda prácticamente estable (+0,2%). Y mientras la alimentación envasada se vende menos (-1,1% en un año, el 2,2% en cuatro), los frescos ganan peso en la cesta de la compra y suponen ya el 50% de esta. La comida ecológica se vende un 20% más que hace un año. Para Kantar, en productos frescos el incremento de los ingresos "viene sobre todo dado por el encarecimiento de las variedades más habituales en los hogares españoles". 

Mecanismo de regulación

El caso del sector aceitero es uno de los más alarmantes. Tras una campaña que ha supuesto un incremento de la producción del 40% y caídas de precios (según el INE, del 17% en un año), se espera que la próxima cosecha la producción se desplome. El freno a la exportación por medidas de EEUU supondría el descabello para muchas explotaciones, especialmente para aquellas fincas de recolección tradicional y poco mecanizadas. La solución se debe negociar en Bruselas, por la vía de una nueva normativa de almacenamiento que minimice los altibajos de producción y consumo, y gracias a nuevas políticas de promoción y aumento de las exportaciones.

Mientras la tormenta llega, y no precisamente en forma de lluvias, el sector de la distribución en España ha diseñado sus estrategias en torno a la vía de los productos frescos, que ofrecen márgenes superiores y reciben cada vez más el apoyo de los consumidores. Pero los precios en origen suben menos que los que pagan los consumidores finales y el agricultor sigue asumiendo la situación como grave menosprecio. 

Falta de promoción

"Nuestro sector gestiona muy bien, pero se relaciona mal con el mercado", describía recientemente el director general de la cooperativa agrícola Unica, Enrique de los Ríos, en la revista C84 de la asociación multisectorial Aecoc. Unica es uno de los mayores exportadores del sector y es prueba de eficiencia, pero su responsable reconoce una situación huérfana de estrategias sectoriales claras. De los Ríos destaca que de los 400 millones de euros que el sector de la alimentación invierte en publicidad solo cinco millones corresponden a las empresas de frutas y verduras, el 6% de lo que correspondería por tamaño. 

La atomización del sector agroalimentario cede poder de esta manera a la gran distribución, que se ha convertido también en el motor de innovación. Si hace una quincena de años la gran distribución controlaba la situación gracias a poder de negociación y beneficiosos plazos de pago, actualmente ese poder se complementa con capacidad de establecimiento de precios y modelación de tendencias de consumo. 

Venta directa

El auge de la venta de productos de proximidad es una válvula de escape prometedora para los productores pero está bajo control de los distribuidores, y lo mismo pasa con los productos BIO. La venta directa de los productores al mercado es la vía elegida por la mayoría del sector primario para complementar sus escuálidas cuentas de resultados. En el caso del aceite, casi el 50% de la producción se vende directamente del productor al cliente final o a la cooperativa. Es esa una de las formas fundamentales para evitar intermediarios. Rosa Pruna, presidenta de Asaja, destaca que su organización ha iniciado un proyecto de promoción del aceite de oliva para el sector turístico. El futuro del sector pasa por la venta directa. Para Ramon Gassió, presidente de la Confraria de l'Oliva Arbequina Catalana, "nunca se ha sabido comercializar el aceite, pese a tener un producto de gran calidad, y todo por la falta de unidad de los productores, falta de inversión y estrategias que se han dirigido solo a reducir los gastos".