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Día de fomento del conocimiento financiero

Las asignaturas pendientes de la educación financiera

Los expertos recomiendan hacerla obligatoria en colegios, universidades y empresas

Los españoles tienen una formación mejorable y algo inferior a la de países comparables

Pablo Allendesalazar

Taller de educación financiera en una escuela de secundaria Escola Sant Medir

Taller de educación financiera en una escuela de secundaria Escola Sant Medir / DANNY CAMINAL

Tener conocimientos financieros hace más libres a los ciudadanos y más sólidos a sus países. Puede sonar rimbombante, pero las principales instituciones públicas internacionales lo sostienen desde hace años. Por una parte, permite a las personas entender el riesgo que asumen al contratar un producto, evitar decisiones erróneas y disminuir las posibilidades de ser víctimas de abusos. Pero además contribuye a la estabilidad financiera de la economía, ya que reduce los gravosos conflictos judiciales entre las entidades y sus clientes, evita comportamientos irracionales de la población (según la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos, OCDE), y disminuye la desigualdad (según un estudio de la Universidad de Cambridge del 2013).

Siendo así, España tiene importantes deberes pendientes. Es uno de los 59 países que cuenta con una estrategia nacional de educación financiera, como aconsejan la OCDE, el Fondo Monetario Internacional (FMI), la Organización Internacional de Comisiones de Valores (IOSCO) y la Comisión Europea. Desde el 2008, el Banco de España y la Comisión Nacional del Mercado de Valores (CNMV) vienen asumido esa tarea. Sin embargo, según un encuesta del Banco Mundial, la Universidad George Washington y Standard & Poor's del 2015, solo el 49% de los españoles tiene una cultura financiera mínima, más que la media mundial (33%) y en línea con la Unión Europea (52%), pero muy por debajo de países como Dinamarca, Alemania, Holanda y Suecia (todos por encima del 65%).

Según la encuesta de competencias financieras de la población entre 18 y 79 años impulsada en el 2017 por el Banco de España y la CNMV, amplias capas de la sociedad no están familiarizadas con conceptos básicos como la inflación (el 42% del total), el tipo de interés compuesto (54%) o la diversificación del riesgo (51%), algo por debajo de la media de los países de la OCDE y la UE (40%, 58% y 40%, respectivamente). 

Problema educativo

Las competencias financieras de los alumnos de 15 años, además, están también por debajo de la media según los dos informes específicos PISA de la OCDE realizados en el 2012 y el 2015. El 22% de estos estudiantes no llegaba ni siquiera al nivel básico. Precisamente, una encuesta del año pasado de Intrum muestra que el 68% de los jóvenes de entre 18 y 24 años cree que necesita mayor formación para saber manejar sus finanzas. Ahí parece estar la raíz del problema. Desde el 2014, todos los alumnos de primaria reciben una formación, pero de caracter básica y dentro de la asignatura de ciencias sociales. En secundaria hay una asignatura específica de economía en cuarto de la ESO con conocimientos más avanzados, sin embargo no es obligatoria con lo que deja fuera a los alumnos que se orientan hacia la formación profesional o el bachillerato de ciencias.

Una opción para solucionar el bajo nivel financiero de los jóvenes sería que los políticos introdujesen la enseñanza obligatoria, como sucede en países como el Reino Unido u Holanda, opción que el Banco de España y la CNMV ven con buenos ojos y que la comisión de investigación de la crisis en el Congreso propuso. "El nivel de ambición en nuestro país es escaso, pues, de forma voluntaria, apenas se aborda de forma puntual con alumnos ya entrados en la adolescencia. Cada vez hay más consenso en que la educación financiera debe comenzar en la guardería y debe abordar aspectos cualitativos que rebasen las matemáticas financieras", apunta Carlos Trias Pintó, representante de los consumidores españoles en el Comité Económico y Social Europeo (CESE).

Pero hay un problema de base, la formación de los profesores. "Si los adultos son los que deben educar a los jóvenes, primero hay que asegurarse de que ellos también disponen de estos conocimientos. En determinados estudios sobre el nivel de conocimientos financieros al colectivo de educadores, se ha constatado que no tienen los conocimientos necesarios que se requieren para educar correctamente en este ámbito", señala Elisabet Ruiz-Dotras, profesora de los Estudios de Economía y Empresa de la Universitat Oberta de Catalunya (UOC).

Otros ámbitos

El insuficiente nivel de alfabetización financiera, efectivamente, afecta en distinta medida a todas las capas de la sociedad. Los estudios apuntan que, además de los colegiales, los colectivos en los que habría que hacer un mayor esfuerzo son las personas de entre 18 y 34 años de edad, los mayores de 65, las personas con rentas inferiores a 14.500 euros anuales o las que únicamente hayan cursado educación primaria. También señalan que hay comunidades con peores niveles por su composición social, como Andalucía y Extremadura, y aspectos donde el desconocimiento es más acusado, como la inversión, los seguros, la diversificación del riesgo o los nuevos servicios digitales.

Además de acciones concretas dirigidas a estos grupos y áreas, la empresa parece ser un ámbito amplio de actuación idóneo. "Los agentes económicos deben asumir su cuota de responsabilidad, ya que la educación financiera debe formar parte de las políticas horizontales de obligado cumplimiento, como ya se viene progresando positivamente en el ámbito de la seguridad e higiene laboral, o en la igualdad de oportunidades", defiende Trias Pintó. La profesora Ruiz-Dotras, por su parte, cree necesario también introducir esos conocimientos en las universidades. "Una forma de aumentar el PIB es creando más empresas y para ello es necesario formar adecuadamente en temas de emprendimiento. Los conocimientos financieros son básicos para poder valorar un proyecto de negocio. Además, tener control de los aspectos financieros da mayor seguridad en el momento de iniciar un negocio", argumenta.

También parece mejorable la eficacia de las acciones que se llevan a cabo. "Convendría contar con una batería mayor y más ajustada de indicadores que midan el grado de educación financiera para así poder diseñar después las actuaciones de forma más precisa. Los esfuerzos para promover la educación financiera no van a tener éxito si no están ajustados a los distintos grupos de la población y sus intereses y necesidades concretas. Para hacer buena educación financiera hay que conocer bien a la sociedad y la pluralidad de sus participantes", defiende Elisa Chuliá, directora de Estudios Sociales de Funcas.

Ni adoctrinamiento, ni venta, ni educación económica

La educación financiera también levanta críticas y suspicacias. Algunos políticos de izquierdas la ven como un adoctrinamiento en el capitalismo o temen que las entidades financieras la utilicen para vender productos de forma encubierta. También hay quien defiende que lo que debería enseñarse es educación económica general, como el filósofo y pedegogo José Antonio Marina. "La educación financiera no es un valor en sí mismo, como por ejemplo lo es la educación cultural. Es instrumental. También es muy importante explicar que no se trata de adoctrinamiento, sino de proteger mejor a los ciudadanos, enseñándoles a desenvolverse en una economía capitalista y a cuidar mejor sus finanzas personales", contraargumenta Chuliá.

Trias Pintó, por su parte, defiende que "no puede ser aséptica, se debe orientar al bien común", partiendo de la "premisa de que las decisiones informadas de la ciudadanía a cualquier edad, a lo largo del ciclo biológico de las personas, pueden reorientar los flujos financieros hacia un consumo más consciente y responsable". "La emergencia del cambio climático y la creciente desigualdad social está fracturando gravemente nuestra sociedad. El papel de la educación financiera resulta clave para revertir esta tendencia", concluye.

Ruíz-Dotras, por su lado, sostiene que es un juego de suma positiva, en el que todas las partes ganan. "Es tarea de un Gobierno formar a los ciudadanos en materia de finanzas, dada la gran repercusión que puede tener en la mejora de muchos aspectos del país: a nivel de ahorro, cuando el futuro de las pensiones es muy incierto; a nivel de economía doméstica, cuando los salarios son bajos; a nivel de emprender un negocio, cuando la economía está estancada; y a nivel de inversiones, para evitar situaciones como las de las acciones de Bankia o las preferentes, la deuda subordinada, o las hipotecas multidivisas".