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AFECTADOS EN CANARIAS

El agridulce viaje de Marcus y Vanessa con Thomas Cook

Una pareja alemana se promete en las Islas antes de que su hotel les exija que paguen el dinero que ya habían abonado al turoperador

El primer día de la 'operación retorno' se vive con tranquilidad en Tenerife y con colas en Gran Canaria

Miguel Gómez

Mostrador de Thomas Cook en el aeropuerto de Tenerife Sur.

Mostrador de Thomas Cook en el aeropuerto de Tenerife Sur. / MARÍA PISACA / EL DÍA DE TENERIFE

Quienes esperaban encontrar cerrada la oficina de Thomas Cook en el aeropuerto Tenerife Sur se llevaban ayer una sorpresa. Las instalaciones del turoperador seguían en funcionamiento –entre otras cosas porque albergan también las de sus divisiones en Alemania y los países nórdicos–, aunque el personal que lo atiende tenía menos trabajo del que uno hubiese imaginado. El aeropuerto Reina Sofía solo tenía prevista la salida de un vuelo de la compañía, con destino Manchester. Aunque el despegue estaba inicialmente fijado para las 21.55 horas, fue reprogramado para salir a las 1.55 de hoy, de manera que sus atribulados pasajeros deberían llegar al aeródromo de la ciudad británica a las 6.25, con tiempo –aunque tal vez no con excesivas ganas– de dar cuenta de un auténtico desayuno inglés, explican a El Día de Tenerife.

Ni rastro, por lo tanto, de las colas, aglomeraciones y escenas de nervios  que se registraban a las mismas horas en los aeropuertos de Baleares. Más bien un lento goteo de viajeros –no todos afectados–, que ya habían sido informados en sus hoteles de las medidas adoptadas por el Gobierno del Reino Unido para hacerlos regresar a casa. De hecho, Autoridad de Aviación Civil británica mantiene una página web en la que detalla la situación de cada uno de los vuelos de Thomas Cook previstos para estos días y a la que se accede desde el portal en internet del turoperador, ya cancelado. La operación retorno se desarrollaba ayer con fluidez y hasta tranquilidad. Ningún indicio apuntaba a que el de ayer fuera un día extraordinario en el aeropuerto del Sur.

Los  trabajadores de Thomas Cook y sus filiales indicaban con amabilidad a los periodistas que para cualquier información debían dirigirse a sus oficinas centrales en Londres y llevaban a cabo su tarea en un ambiente de relativo sosiego, solo roto por algunos episodios, como el de una pareja –curiosamente, alemana– cuyas vacaciones, ya de por sí inolvidables, lo son todavía más a causa de lo ocurrido desde que los problemas financieros obligaran a echar el cierre al operador turístico británico, el segundo en volumen de clientela para Canarias.

Pagar la estancia ya pagada

Marcus y Vanessa, naturales de Munich, tienen prevista su marcha mañana, pero el día de ayer les reservaba una desagradable sorpresa. En una carta deslizada bajo la puerta de su habitación, la dirección del hotel en el que se alojaban, ante la noticia de la quiebra del turoperador, les exigía el pago de su estancia, que ya habían abonado a Thomas Cook pero que el establecimiento aún no había recibido. El personal de la oficina trataba de resolver el problema poniéndose en contacto con el hotel. Tal vez lo consiguiera, pero el disgusto amenazaba con oscurecer en parte lo que habían sido unos días felices, e incluso memorables para ambos: durante una corta estancia en La Gomera, Marcus había pedido matrimonio a Vanessa. Para conocer la respuesta de ella no era necesario saber alemán o inglés: su decisión en tan trascendental momento lucía en su dedo en forma de anillo de compromiso.

Además de los 13 hoteles que tiene Thomas Cook en Canarias –parte de los 42 que gestiona directamente o están vinculados a su marca en España–, muchos establecimientos de las islas reciben una nutrida clientela proporcionada por los paquetes turísticos del turoperador británico. Los de la cadena Spring son algunos de ellos, y su comportamiento con los turistas afectados por la caída de la compañía difiere mucho del trato recibido por Marcus y Vanessa. 

Apenas un centenar de metros separan los hoteles Spring Bitácora y Vulcano, situados en una de las zonas más turísticas de Tenerife: Playa de las Américas. En ninguno de ellos se apreciaban ayer colas o protestas protagonizadas por los visitantes. 

Muerte anunciada

“No ha habido ningún problema”, aseguraba el equipo que atiende la recepción del Bitácora. Más de una veintena de habitaciones del establecimiento estaban ocupadas ayer por clientes que han llegado a él de la mano de Thomas Cook. A todos ellos se les facilitaba información, con unas 48 horas de antelación, sobre la salida de sus vuelos. Por ahora, de hecho, pueden estar tranquilos: todos los previstos para hoy desde Tenerife Sur saldrán, la mayoría de ellos, incluso, a la hora señalada. Según los trabajadores de la recepción, la organización ha sido la tónica de la jornada, lo que resulta sorprendente si se tiene en cuenta que solo han pasado unas horas desde que se oficializó el cierre del turoperador.

Puede que la palabra que lo explique todo sea precisamente esa: oficializar. Porque la quiebra del histórico turoperador –178 años de vida– ha estado en las previsiones del sector durante los últimos meses y casi se había convertido en una muerte anunciada después de que sus acreedores –los bancos británicos– le requiriesen 200 millones de libras adicionales para dar el visto bueno a su plan de refinanciación de la mano del grupo chino Fosum. En el hotel vecino se tiene esa sensación.

“Se puede decir que los clientes casi lo sabían”, señala su jefa de recepción. Lo previsible de la situación, unido a que ayer no se esperaban entradas ni salidas de turistas de Thomas Cook en el establecimiento, ha contribuido a que la jornada no fuera ni mucho menos crítica. En 40 de las 371 habitaciones del Vulcano se alojaban clientes del operador turístico inglés. “Han sido totalmente comprensivos. Saben que no es culpa del hotel y que tanto ellos como nosotros somos víctimas de esta situación”, indica la responsable de recepción.

Por ahora, la operación retorno transcurre sin incidencias: todos los vuelos saldrán en los días previstos. Si en algún momento no fuera así –y si los turistas deben permanecer en sus hoteles más tiempo del reservado–, tendrán que hacer frente al pago de la estancia no contratada.

Colas en el aeropuerto de Gran Canaria

“Keep calm”. Esas fueron, quizás, las dos palabras que más se repitieron ayer en las colas que se vertebraban frente a los mostradores de facturación apostados entre los números 323 y 335 en el aeropuerto de Gran Canaria. Pero una calma aderezada con mucha incertidumbre era el ambiente que se respiraba horas antes de que despegasen los vuelos de rescate para que ningún pasajero británico se quedase en tierra. La quiebra de Thomas Cook y la consiguiente cancelación de las cuatro operaciones que estaban programadas hacia Londres, Birmingham, Manchester y Bristol llevó a numerosos turistas de Reino Unido a adelantar su hora de llegada al aeródromo para solicitar información. La mayoría de ellos lo hacía sin tener la garantía de poder regresar a casa anoche, tal y como tenían previsto, pero con la esperanza de encontrar una respuesta positiva. Y así fue, aunque para algunos, como Karen Gorst y Gary Turner, fue algo agridulce. No se quedarían tirados en el aeropuerto ni tendrían que alargar su estancia en la Isla, pero el regreso a su casa sería más largo de lo esperado.

Aunque fuesen cuatro los vuelos de salidas cancelados -y otros cuatro de llegada-, los británicos afectados por la bancarrota del gigante de la turoperación fueron repatriados en tres aviones -uno de ellos de mayores dimensiones-, lo que provocó que algunos de ellos tuviesen que hacer kilómetros de más para llegar a su punto de partida. Gorst y Turner, de Londres, voló anoche hasta Manchester. Desde allí, contaron con resignación, tendrían que subirse a una guagua para salvar los 336 kilómetros que separan a esa ciudad de la capital inglesa.

Los pasajeros intercambiaban mensajes de ánimo y calma para hacer más apacible la espera. O al menos para que no fuese tan tediosa pese al tiempo en cola. Los turistas contaron con la información que dispensaba un mostrador de la autoridad británica de aviación entre las puertas 7 y 8 del aeropuerto. Desde allí los redirigían a la sala de facturación, donde también contaban con el apoyo del personal del Gobierno de Reino Unido y de la propia vicecónsul británica de Las Palmas, Jackie Stevenson.

De pie, en el suelo, en las butacas, jugando a las muñecas o a las cartas, los afectados mataban el tiempo a la espera de que les llegase el turno de facturación. Fue el caso de las amigas Florence Sharmar y Beth y Katy Cunningham, que compartían con alegría poder regresar a Londres. No esperaban que sus vacaciones de una semana en Gran Canaria terminase de esa manera, pero preferían ser positivas y quedarse con el recuerdo de su experiencia en Gran Canaria. Quien lo pasó algo peor fue el matrimonio formado por Jodie y Ami Cutler. Cuando llegaron al aeropuerto les comunicaron que no podrían volar, pero finalmente el error se subsanó y pudieron subir a un avión. // A. R. (Las Palmas de Gran Canaria)