26 feb 2020

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GUERRA COMERCIAL

EEUU y China suben sus aranceles mutuamente

Pekín impondrá el 1 de septiembre impuestos adicionales de entre el 5 y el 10% sobre más de cinco mil productos estadounidenses y ese mismo día Trump pasará de un 10 a un 15% de gravamen sobre los bienes chinos

Adrián Foncillas

El viceprimer ministro chino Liu He, en el centro, con dos representantes de EEUU, en Shanghai.

El viceprimer ministro chino Liu He, en el centro, con dos representantes de EEUU, en Shanghai. / AFP

La guerra comercial ha regresado con brío renovado. El anuncio de este viernes de nuevos aranceles chinos en respuesta a los aprobados por EEUU provocó la furia de Donald Trump. El presidente ha anunciado este viernes a través de Twitter un aumento inminente de los aranceles para las importaciones procedentes de China, horas después de que el Gobierno chino anunciase una medida similar y en plena escalada de tensiones políticas y comerciales entre ambas potencias.

"China no debería haber puesto nuevas tarifas a 75.000 millones de dólares de productos de Estados Unidos", ha señalado Trump en Twitter, en alusión a una medida que ha atribuido a razones políticas. En concreto, Pekín impondrá aranceles adicionales de entre el 5 y el 10% sobre 5.078 productos a partir del 1 de septiembre.

Del 10 al 15% y del 25 al 30%

Trump ha confirmado que ese mismo día los bienes y productos chinos que hasta ahora estaban atados a un gravamen del 10% -valorados en "300.000 millones de dólares"- subirán hasta el 15%. Un mes más tarde, el 1 de octubre, a los bienes sujetos hasta ahora a un arancel del 25% -y que suman "250.000 millones de dólares"- se les aplicará el 30%. Además, el presidente ha reclamado a las empresas americanas que se planteen la huida de China.

El anuncio chino ha llegado por sorpresa y entrada ya la noche del viernes en Pekín. Se aplicarán tarifas del 5% al 10% en bienes valorados en 75.000 millones de dólares (67.300 millones de euros) que incluyen la soja, el cerdo, la ternera y el aceite. El primer grupo entrará en vigor el 1 de septiembre y el segundo a mediados de diciembre, según la agencia oficial Xinhua. También se reanudarán las tarifas adicionales a los vehículos importados y componentes de fabricación, un sector clave en la economía estadounidense.

Contraataque

Se trataba de un tibio contragolpe a los cañonazos de Trump: esos 75.000 millones son solo la cuarta parte de los 300.000 millones que Washington aprobó recientemente. Las declaraciones que acompañaron el anuncio sugieren que a Pekín no le quedaba otro remedio y que no ha perdido la esperanza en alcanzar una solución dialogada que hoy parece quimérica. «La adopción de medidas arancelarias punitivas ha sido forzada por el unilateralismo y el proteccionismo de Estados Unidos», aclaró el Ministerio de Asuntos Exteriores. «Deseamos que China y Estados Unidos puedan resolver las diferencias de una forma aceptable con la premisa del mutuo respeto, la igualdad, la buena fe y el cumplimiento de la palabra», continuó.

Pekín consideró rota la tregua que Xi Jinping y Trump acordaron en Osaka cuando el segundo amplió el paquete de aranceles. Es seguro que la reciente venta de armamento estadounidense a Taiwán por 8.000 millones de dólares, la quinta en el mandato de Trump, no contribuyó a relajar el ambiente.

China y EEUU acumulan una docena de reuniones sin ningún avance reseñable pero aquel compromiso presidencial en Japón por desatascar la situación había devuelto cierto optimismo. El asesor económico de la Casa Blanca, Larry Kudlow, había calificado de «muy constructivas» las charlas por videoconferencia con sus homólogos chinos y anunciado una nueva ronda de negociaciones en Washington el próximo mes. Hoy esa reunión está en el aire.  

Rechazo

La llamada de Trump fue rechazada por la Cámara de Comercio de EEUU.  «Si bien compartimos la frustración del presidente, creemos que un compromiso continuo y constructivo es el camino correcto», afirmó Myron Brilliant, vicepresidente ejecutivo y jefe de Asuntos internacionales. 

La guerra comercial está castigando a ambas economías pero ninguna ha sufrido aún los daños graves que las obligarían a aceptar un acuerdo desfavorable. China abriga la esperanza de que Trump pierda las elecciones estadounidenses del próximo año y a este tampoco le perjudica la dinámica hostil con Pekín que satisface a buena parte de su electorado. China permitió el mes pasado la devaluación de su moneda, una medida con la que buscaba absorber las tarifas estadounidenses e irritar a Trump, pero no ha utilizado recursos devastadores como cerrar el grifo de los metales raros o la venta de sus bonos del tesoro estadounidense.

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