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POLÍTICA MONETARIA

La presión de Trump a la Fed da frutos

La incertidumbre creada por sus guerras comerciales marca el primer recorte de tipos desde la crisis

Powell lucha, con dudoso éxito, por mantener la imagen de independencia del banco central de EEUU

Idoya Noain

Donald Trump saluda junto a Jerome Powell, en su presentación como presidente de la Reserva Federal de Estados Unidos.

Donald Trump saluda junto a Jerome Powell, en su presentación como presidente de la Reserva Federal de Estados Unidos. / AFP / SAUL LOEB

Cuando Jerome Powell, el presidente de la Reserva Federal de Estados Unidos, anunció y explicó esta semana el recorte en un cuarto de punto de los tipos de interés, primera rebaja en el precio del dinero desde el estallido de la crisis de 2008, hizo hincapié en defender que la decisión, inusual en un momento de crecimiento económico como el actual en EEUU, se tomaba única y exclusivamente por razones económicas, no políticas, como una especie de “seguro” ante el riesgo de una posible recesión. Su énfasis, no obstante, no disipa los fantasmas de que el banco central estadounidense esté sucumbiendo a las presiones del presidente del país, Donald Trump.

Una de esas presiones, la directamente creada por las guerras comerciales abiertas por Trump y la incertidumbre que les acompaña, es evidente y su peso ni siquiera lo niega Powell, aunque este recordara el miércoles que la Fed no hace “ni críticas ni valoraciones” de decisiones políticas adoptadas en el Despacho Oval. El comunicado de la Fed justifica la rebaja que ha dejado los tipos entre el 2% y el 2.25% no solo por las bajas presiones inflacionistas que les alejan de su objetivo del 2% sino también por “implicaciones de acontecimientos globales para las perspectivas económicas”, una forma diplomática de hablar de las batallas arancelarias.

Metralla desde el Despacho Oval

Más difícil de cuantificar es qué peso tiene el bombardeo constante de críticas de Trump a la actuación de la Fed y, concretamente, a Powell. Hace más de un año que empezaron los disparos verbales, las muestras de insatisfacción, los tuits de asalto por las cuatro subidas de tipos de 2018, declaraciones del tipo: “se equivocan”, “se han vuelto locos”. Incluso este miércoles, aunque hubo recorte, Trump mostró su enfado porque no fuera mayor, como le gustaría a él y a los mercados. “Como de costumbre, Powell nos ha fallado”, tuiteó el ocupante del Despacho Oval, claramente empeñado en lijar cualquier arista en la economía nacional, tema siempre central en las elecciones presidenciales, que pueda afectar a su carrera por la reelección en 2020.


Trump no ha llegado tan lejos, al menos por ahora, como hizo en 1965 Lyndon B. Johnson, que indignado con una decisión desfavorable para sus planes políticos llegó a empujar y poner literalmente contra la pared a William McChesney Martin, el hombre que ocupaba el puesto que hoy tiene Powell. Pero Trump sí ha hecho algo que también hizo Johnson: consultar con el Departamento de Justicia si puede deshacerse del presidente de la Fed, al que él eligió. La respuesta en ambos casos es que no puede sin causa (y el consenso generalizado es que la discrepancia sobre política monetaria no lo es) y el mes pasado, en una comparecencia en el Congreso, el propio Powell pareció querer recordárselo. “La ley claramente me da un mandato de cuatro años y estoy decidido a completarlo”, declaró tajante el antiguo abogado.

¿Más recortes?

En ningún caso va a ser un mandato fácil y la presión no va a faltar. El jueves, un día después de la bajada de tipos y de la crítica en Twitter a Powell, Trump anunció la imposición de nuevos aranceles a China a partir del 1 de septiembre. Quizá es la forma del mandatario de buscar que el banco central profundice en la rebaja del precio del dinero, un paso que el miércoles Powell no dio por seguro pero tampoco descartó.  De llegar, quizá cuando concluya la siguiente reunión del Comité Federal de Mercado Abierto el 18 de septiembre, significará un triunfo para Trump, que podrá seguir evitando que se sienta a nivel nacional el impacto negativo de su belicosa estrategia comercial.

Muchos analistas apuntan a que es justamente ese conflicto el que más daño está haciendo al crecimiento económico global al disparar la incertidumbre comercial, un factor que afecta mucho más a las inversiones y manufactura que los costes de tomar dinero prestado. Alertan también de que la política monetaria no está diseñada para lidiar con esa incertidumbre. Y lo reconocía Powell el miércoles en unas declaraciones que difícilmente tranquilicen a nadie: “No hay mucha experiencia en responder a tensiones comerciales globales, es algo que no hemos enfrentado antes y estamos aprendiendo conforme lo hacemos”.