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Vidas laborales

(Re)parados tras la crisis

Tras 11 años del estallido de la burbuja, hay algunas personas que perdieron su empleo y han conseguido reengancharse. Otras todavía luchan por lograrlo

Gabriel Ubieto

Cuatro historias laborales 11 años después del estallido de la crisis económica.

Cuatro historias laborales 11 años después del estallido de la crisis económica. / Álvaro Monge / Maite Cruz (El Periódico)

"En términos estrictamente estadísticos hemos superado ya el impacto de la crisis económica". Así presentó los datos de ocupación de abril el secretario de Estado de Seguridad Social, Octavio Granado. El saldo era de 19,2 millones de trabajadores en activo, la mayor cifra desde el julio pre crisis del 2008, y 3,1 millones de parados, el mejor mes de abril desde el del 2008. Los episodios más catastróficos ya pasaron y muchos de los millones que sufrieron de lleno ese "impacto" han conseguido reengancharse al mercado laboral.

En Catalunya, abril cerró con 3,4 millones de afiliados a la Seguridad Social y 381.598 parados, el mejor abril en 14 años. Hace 14 años Alfredo Lozano, de 56 años de edad, trabajaba como responsable de logística en una compañía farmacéutica, que en el 2009 lo dejo en la calle tras uno de los muchos expediente de regulación de empleo (ERE) que se registraron por entonces. "Estoy muerto, no tengo nada que hacer", cuenta Alfredo que pensó nada más conocer la noticia.

Tras ser despedido estuvo dos años sin trabajar, hasta que pudo encontrar un balón de oxigeno en un plan de ocupación de seis meses como jardinero. Desde entonces ha estado entrando y saliendo del mercado laboral, conectado siempre mediante los servicios públicos de ocupación, que consiguieron mantenerle activo de ánimo y reciclado, en la medida de lo posible, de conocimientos.

Alfredo es uno de los casos de éxito del programa "Ubica’t" que gestionan los servicios públicos de empleo de Santa Coloma de Gramanet, desde el centro Gramaimpuls. Hoy tiene un contrato de seis meses en una empresa de 21 trabajadores en Pomar (Badalona), donde fabrica materiales de construcción para grandes superficies. "Estoy muy contento, por mí me quedaría ya para siempre", cuenta.

919,5 millones en políticas de empleo

Este año la 'Conselleria' de Treball presentó su presupuesto para políticas activas y pasivas de empleo. Este será de 919,5 millones y servirá para financiar proyectos como el "Ubica’t" u otros de atención en los barrios, como el que ayudó a encontrar prácticas a Irene Saucedo, de 20 años. "Quería ponerme ya en el mercado laboral para acumular experiencia", cuenta esta estudiante de márketing, que con la remuneración que consigue con su media jornada aspira a costearse el intercambio que quiere hacer este verano en China.

Más parecida a la de Alfredo que a la de Irene es la historia de Montserrat Pulido, de 52 años y que en el 2014 se quedó en paro tras cerrar por jubilación la empresa donde trabajaba como administrativa. "No me veía capacitada para muchos de las ofertas de trabajo que salían", cuenta. "Tenía la experiencia, pero necesitaba actualizarme", añade. Ahí entró el SOC y realizar algunas formaciones ha pasado por diferentes trabajos, todos temporales hasta la fecha. Para la campaña de Navidad vendió lotería en un puesto de plaza Urquinaona, en Barcelona. Hoy tiene un contrato de seis meses en una gasolinera de su Santa Coloma natal. 

La lucha sigue

"En términos sociológicos la crisis, por desgracia, lleva consigo aparejada una carga de especial desigualdad y vulnerabilidad que sin duda tardaremos en resolver", fue la siguiente frase que soltó el secretario de Estado de Seguridad Social en la rueda de prensa. Ramón Terriza, de 51 años, es uno de los casos a los que el SOC no ha conseguido ayudar a encontrar otro empleo. Como Alfredo, este obrero de la construcción fue despedido en el 2009 y hasta el 2016 no consiguió volver al mercado laboral. "Me dejó como si me hubiera pasado una apisonadora", cuenta, describiendo con mucho detalle el momento del despido. "Es algo que no se te olvida", explica. Ahí empezó el "calvario", como él lo define, hasta que en el 2016 conoce la asociación T’Acompanyem, ahora con sede en el barrio de Navas (Barcelona).

Ramón, al igual que Pilar Fonts, de 53 años, explica que encontraron en T’Acompanyem el afecto que las oficinas del SOC no podían darles. El tener una excusa para salir de casa "te repara, te cura la cabeza", cuenta Ramón, y explicar su caso "te hace ver que no es que tú seas una inútil", añade Pilar. Pilar estuvo empleada durante más de 20 años en concesionarios de coches, llevando la contabilidad y la administración. "Yo hasta el 2009 no conocía otra cosa que el trabajar", cuenta. Desde entonces y hasta ahora ha ido haciendo "trabajillos" para llevar algo más a casa que los 1.000 euros que aporta uno de sus dos hijos, pero no ha conseguido enlazar nada estable. "No buscas el trabajo de tu vida, ese ya lo has tenido. Buscas lo que sea", explica. A finales de este mes espera comenzar a cobrar el subsidio para parados mayores de 52 años.

En T'Acompanyem combinan los cursos de voluntarios enfocados al tema laboral con el apoyo mútuo. Se cuidan con instrumentos como el teatro y el próximo 17 de mayo interpretan "Salir del Pozo", una obra que explica una de las millones de historias que dejó el "impacto" de la crisis.

Las historias que se encuentran en T'Acompanyem no son muy diferentes que las de la Associació d'Aturats Majors de Hospitalet de Llobregat. Allí Isabel Notario, que esta semana cumplirá 59 años, encontró apoyo tanto para ella como para su marido. Ambos volvieron de Bruselas, donde él tenía un empleo, debido a que la madre de Isabel le diagnosticaron alzheimer. Albert, su marido, al poco de regresar se quedó en el paro y desde entonces ha trabajado en Uber, Cabify o en 'call centers'. Ella no tiene tiempo para buscar un empleo, ya que está a cargo de su madre y de su hija, que cuenta, tiene una discapacidad diagnosticada. Para muchos la crisis vive y, con ella, la lucha sigue.

Temas: Empleo Paro