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Nuevas generaciones

Jóvenes y migrantes, dos veces excluidos

Tres hijos de familias nacidas fuera de Catalunya cuentan como se enfrentan laboralmente al doble obstáculo de ser jóvenes y "extranjeros"

Gabriel Ubieto

Sidrah, Trimon y Daybelin cuentan sus experiencias en el mundo laboral. 

Sidrah, Trimon y Daybelin cuentan sus experiencias en el mundo laboral.  / El Periódico (Archivo)

El salto al mercado laboral es a menudo para los jóvenes una pirueta de la que algunos no salen bien parados. La "generación mejor preparada de la historia" acumula registros de cruda hostilidad en su relación con el mundo del trabajo (mayores tasas de paro, menores ingresos, mayor temporalidad, etc). Los comparten con otros colectivos abonados también a lo que hace ya algunos años se ha bautizado como "precariado", es decir, jóvenes, mujeres o migrantes, entre otros. Y cuando algunas de estas variables se cruzan, las dificultades aumentan, tal como recoge un reciente estudio de CCOO titulado "Situación laboral de la población extranjera en Catalunya". Parafraseando la consigna popular: Nativa o extranjera, no siempre es la misma clase obrera.

Los prejuicios, la falta de cualificación o la necesidad inmediata de ingresos son algunos de los factores que provocan que los jóvenes de origen migrante copen algunos sectores profesionales más que sus homólogos de ascendencia catalana y que cobren habitualmente peor. Según datos del INE del 2016, los menores de 25 años nacidos fuera de España ganaron el 6,4% menos que sus homólogos nativos. Y según los datos de CCOO, el 25,8% de los menores de 29 años no nacidos en Catalunya se dedica a la hostelería; diez puntos por encima que los nativos. Entre estos, la comunidad asiática es la más numerosa. Los africanos proliferan más en la industria, pese a ser minoría en dicho sector, y los latinos están "especializados" en los trabajos del hogar, donde la presencia de no migrantes es estadísticamente irrisoria.

Daybelin Juares, de 27 años y originaria de Honduras, no hace demasiado que engrosaba las filas de trabajadoras del hogar. Llegó hace cuatro años a Barcelona y hoy en su currículum luce un grado medio en geriatría, otro de técnico en atención domiciliaria y está en proceso de sacarse el de integración social. Además de un módulo B en catalán. Actualmente presta atención domiciliaria a personas dependientes y no dependientes en un servicio externalizado del Ayuntamiento de Barcelona. Trabaja alrededor de cuatro horas al día, sábado incluido y con algún servicio en domingo, y lo compagina con sus estudios. "Lo llevo bien. No puedo estarme quieta. Es lo que me gusta y con mi trabajo me siento plena", cuenta.

Daybelin se resiste a generalizar, pero no le cuesta encontrar diferentes episodios en los que ha sufrido su origen. Desde un altercado en el metro, en el que cuenta que la intentaron agredir por su tono de piel y en la que no se sintió respaldada ni por los servicios del metro, ni de por el resto de pasajeros. "Iba el andén lleno y nadie hizo nada", afirma. En el terreno laboral cuenta una de cal y otra de arena. En algunas fincas donde ha ido a realizar atenciones domiciliarias explica que la confundieron con personal de la limpieza. En otras, debido a su nivel de catalán afirma que notó la sorpresa de los usuarios del servicio al abrirle la puerta y ver que no era nacida aquí.

"No estamos gestionando bien las cosas"

Trimon Choudhuryk nació hace 22 años en Barcelona y sus padres son originarios de Bangladés. CCOO cifra en el 37,5% los jóvenes asiáticos que se dedican a la hostelería y Trimon afirma conocer a más de uno entre sus amigos de infancia. Él está cursando su segundo año del grado superior en educación social y hace unas semanas comenzó a dinamizar espacios y a echar una mano en el equipo de fútbol sala en el Casal d’Infants del Raval, su barrio. Nacido y criado allí, cuenta que el color tostado de su piel le genera algún "microrracismo" que otro. "A veces he notado como alguna señora mayor se agarraba con fuerza el bolso cuando nos íbamos a cruzar. Me avanzo y cambio de acera con cara de miedo", cuenta entre risas.  

Trimon se ha pasado los últimos veranos trabajando en Correos los fines de semana, organizando paquetería de 11 de la noche a seis de la mañana. Se considera afortunado, comparándose con el recorrido laboral de varios amigos suyos, que no tardaron en meterse de camareros con jornadas largas y sueldo corto o pedalean para alguna de las empresas de la nueva economía. Algunos con carrera, mientras buscan trabajo "de lo suyo". "Está claro que como sociedad no estamos gestionando bien las cosas", se lamenta.

Siete idiomas y un contrato temporal

Sidrah Ishaque no nació en el Raval como Trimon, pero seguramente debe conocerlo igual o mejor. Llegó con 14 años a Barcelona y además de catalán habla otros seis idiomas: castellano, inglés, urdu, punjabi, indio y sindi, propia de Sind, la región del Pakistán donde nació. Un arsenal lingüístico que le permite bregar con la diversidad cultural del Raval en su labor como técnica referente comunitaria en materia de salud. Imparte y hace seguimiento de talleres de ginecología o alimentación infantil para algunas de sus antiguas vecinas, ya que desde hace un tiempo para emanciparse tuvo que irse a Nou Barris con su esposo, taxista, y sus dos hijos.

Sidrah está contenta con su trabajo e "ilusionada" con su contrato de obra y servicio en la Fundació Tot Raval. La temporalidad, habitual en su generación, no le preocupa de momento. Habla con orgullo de su padre, un ingeniero con 25 años de experiencia en Arabia Saudí que actualmente regenta un bar-restaurante en el Carmel. "En casa siempre han luchado para que tengamos las herramientas para que seamos nosotras quienes gestionemos nuestras vidas", cuenta.