Ir a contenido

Campaña electoral

Los bajos salarios cuestionan la 'revolución fiscal' de Casado

El líder del PP defiende que su rebaja fiscal de 12.000 millones impulsará la recaudación por impuestos

El posible fracaso de sus pronósticos conlleva el riesgo de un enorme recorte del gasto social

Rosa María Sánchez

El presidente del PP, Pablo Casado, conversa con el expresidente del Gobierno, José María Aznar, en la Convención Nacional del PP en enero.

El presidente del PP, Pablo Casado, conversa con el expresidente del Gobierno, José María Aznar, en la Convención Nacional del PP en enero. / DAVID CASTRO

Por primera vez en unas elecciones generales las dos principales formaciones políticas van a enfrentar propuestas para bajar impuestos (PP) frente a otras para subirlos (PSOE). Ambas formaciones dicen perseguir el mismo objetivo (aumentar la recaudación y fortalecer el estado de bienestar) aunque por caminos opuestos. 

El PSOE mantiene las propuestas de subidas fiscales del proyecto de Presupuestos con el fin de recaudar unos 5.650 millones adicionales con los que atender nuevas políticas de gasto social.

El PP propone una rebaja fiscal de 12.000 millones de euros y su líder, Pablo Casado, defiende que su "revolución fiscal" permitirá aumentar la actividad económica y de paso, la recaudación. Sin duda, el escenario que plantea el PP es el más atractivo (bajar impuestos y recaudar más), pero no se percibe como fiable por gran parte de los expertos.

La experiencia de los últimos veinte años de la economía española tiene ejemplos para todos los gustos. A veces se bajaron impuestos y se recaudó más (‘era Aznar’); otras veces se redujeron los tributos y se hundió la recaudación (con Rodríguez Zapatero y en la última etapa de Mariano Rajoy). En lo que no cabe duda es en que siempre que se subieron las tasas aumentaron los ingresos. Y la duda es si la propuesta liberal de Casado, de llevarse a efecto, podría lograr elevar la recaudación o si, por el contrario, la hundiría obligando después a un recorte drástico de las políticas sociales públicas.

Lo cierto es que la actual debilidad de los salarios cuestiona la potencia recaudatoria del impuesto sobre la renta en un contexto de rebaja de tipos, tal como demuestra la experiencia de los últimos veinte años. "El ahondamiento de las desigualdades salariales ha provocado una contracción de la clase media", que es donde reside la mayor capacidad recaudatoria del impuesto sobre la renta. "Por su parte, los grupos más más acomodados se benefician de esos recortes sin que necesariamente incremente su gasto en consumo o en inversión empresarial", argumenta el director de Coyuntura y Economía de Funcas, Raymond Torres.

La 'curva de Laffer'

Casado y su gurú económico, Daniel Lacalle, (número 4 en la lista del PP por Madrid para el Congreso de los diputados) argumentan que la  rebaja fiscal que plantean servirá para estimular la inversión, el empleo y el consumo y que, como resultado de todo ello, aumentará la recaudación “en todos los años de la legislatura, desde el 2019 hasta el 2023”, como sucedió en la etapa de Aznar.

Detrás de esta afirmación está la filosofía de la denominada ‘curva de Laffer’ (en alusión al economista norteamericano Arthur B. Laffer) que inspiró las rebajas fiscales de los años 80 en los EEUU de la ‘era Reagan’. Según estas teorías, se puede recaudar lo mismo, o incluso más, con tipos impositivos más bajos y, en sentido contrario -siempre según Laffer-, puede suceder que una subida de tipos por encima de un determinado límite provoque pérdida de actvidad económica, mayor nivel de fraude y, en consecuencia, menor nivel de recaudación.

No es fácil encontrar en España hacendistas reputados que defiendan estos postulados, pero los hay. José Félix Sanz, catedrático de la Universidad Complutense de Madrid es uno de ellos. En un estudio publicado por Funcas en abril del 2014 referido al IRPF del 2011 determinó que casi la mitad de los contribuyentes españoles (el 48%) se encontraban en el “lado prohibido” de la curva de Laffer (ese donde una subida de impuestos se traduce en pérdidas de recaudación) y abogó por un impuesto “más bajo y sencillo” para recaudar más. Su diseño del impuesto —cuyos rasgos generales ya habían aparecido en un informe previo de la fundación FAES, del PP, avalado por Aznar— incluye una base imponible más amplia, con escasas deducciones, con un mínimo exento amplio de carácter familiar y descendente en función de la renta y dos únicos tipos impositivos, del 25% y el 35% (este, a partir de 60.000 euros de base).

Más ingresos para el estado de bienestar

Las teorías de Laffer, sin embargo, son denostadas por gran parte de los hacendistas españoles. “Le damos bastante poca relevancia”, apunta Jorge Onrubia, doctor en Economía y profesor en la Universidad Complutense. “Eso de que voy a bajar tipos y mañana voy a multiplicar la recaudación como si fueran los panes y los peces, obviamente no me lo creo”. 

Desde su punto de vista, cuando las rebajas de impuestos se han visto sucedidas de mayor recaudación (como en la ‘era Aznar’) es porque se han visto acompañadas de una reforma más amplia de todo el modelo tributario y de un contexto macroeconómico favorable, con subidas salariales notables. Y aún así, en ese contexto “tal vez se pueda recaudar aun más sin bajar impuestos”. Onrubia censura la “carrera de rebajas de impuestos como reclamo electoral” y también la de “subir impuestos sin ton ni son”. Desde su punto de vista, “pretender estar en un club de países con un nivel desarrollado de estado de bienestar y una cobertura amplia de la población es incompatible con niveles bajos de presión fiscal” y, en todo caso, menores de los actuales.

“Este no es el momento para una reducción generalizada de impuestos” comparte Raymond Torres. “En primer lugar porque hace falta una política fiscal prudente, que reduzca los desequilibrios presupuestarios y a la vez abra un espacio para financiar inversiones indispensables para el futuro del país”, apunta. Además, señala que el nivel global de recaudación en España es moderado: “Los ingresos totales de las administraciones públicas en proporción del PIB se sitúan 7,5 puntos por debajo de la media de la zona euro, además de ser inferior a lo que se recaudaba antes de la crisis” y  “los recortes fiscales realizados en años recientes no se han traducido en una mayor recaudación”.

De Aznar a Rajoy, pasando por Rodríguez Zapatero

Durante la etapa de gobierno de José María Aznar (1996-2004) se bajaron los tipos impositivos, se cambió la estructura de los impuestos y aumentó la recaudación. Los ingresos tributarios se duplicaron y el peso de estos en el PIB aumentó, todo ello en un contexto de fuerte crecimiento de la economía (con burbuja inmobiliaria incluida) y de los salarios.

Los informes de recaudación de la Agencia Tributaria cifran en 12.490 millones de euros el impacto de menor recaudación por los cambios normativos adoptados desde 1998 hasta el 2004, sin embargo los ingresos tributarios aumentaron y elevaron su peso en el PIB hasta el 21,6% al final de esta etapa de gobierno.

José Luis Rodríguez Zapatero (PSOE) llegó a la presidencia del Gobierno en 2004 con el argumento de que “bajar impuestos también es de izquierdas”. Tanto fue así que el impacto recaudatorio de la rebaja fiscal que implementó en los años del 2007 al 2009 fue de una intensidad que multiplicó por 2,2 veces las de su antecesor, Aznar, hasta rozar los 28.500 millones. Pero la economía española caminaba hacia la recesión y la recaudación se hundió de tal manera que en los dos últimos años de mandato socialista (2010 y 2011) hubo que volver a subir todos los impuestos (sobre todo, el IVA) , en más de 14.300 millones. Como resultado de estas idas y venidas, esa etapa socialista acabó con una caída del peso de los ingresos tributarios sobre el PIB hasta el entorno del 20% en el 2011 (después de haber rozado el 25% cuatro años antes, en el2007).

Mariano Rajoy, por su parte, se estrenó en los últimos días de diciembre de 2011 con una fortísima subida de impuestos, —se alude a ella como “la mayor de toda la democracia”—, con un impacto recaudatorio de más de 23.000 millones en dos años, que se tradujo en un mayor peso de los ingresos sobre un PIB que, por otra parte, no dejaba de menguar por la recesión. En los tres últimos años de su Gobierno, Rajoy ensayó una rebaja fiscal (para compensar parte del incremento acometido en el 2011) que provocó el hundimiento de la recaudación y que tuvo que ser corregida de forma abrupta a finales del 2016 para evitar una multimillonaria multa de la Comisión Europea. En esos años, la economía estaba en pleno crecimiento pero los salarios, no. Además, las sociedades aún no habían diferido las pérdidas acumuladas durante la recesión

Ahora, el nuevo líder del PP, Pablo Casado, concurre a las elecciones generales del 28-A con una propuesta de “revolución fiscal” con rebajas tributarias que él mismo ha cifrado en 12.000 millones de euros, si bien sus rivales políticos elevan este coste a más de 17.000 millones. Casado propone situar el tipo marginal del IRPF por debajo del 40% y dejar el de Sociedades por debajo del 20%, así como suprimir los impuestos de patrimonio, de sucesiones y de donaciones.

.