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El Santander da marcha atrás en el fichaje de Andrea Orcel como consejero delegado

El banco considera inasumibles los más de 50 millones que tendría que pagarle para contratarle

José Antonio Álvarez queda confirmado como número dos del grupo presidido por Ana Botín

P. Allendesalazar

Andrea Orcel, Ana Botín y José Antonio Álvarez, el pasado septiembre.

Andrea Orcel, Ana Botín y José Antonio Álvarez, el pasado septiembre.

En una decisión sin precedentes en la gran empresa española, el Santander ha anunciado por sorpresa este martes que renuncia a la incorporación como consejero delegado del italiano Andrea Orcel, cuya contratación había anunciado también de forma inesperada el pasado septiembre. El argumento esgrimido por el banco presidido por Ana Botín es que la compensación que tendría que pagar al ejecutivo por dejar su alto puesto directivo en la entidad suiza UBS es de unos inasumibles más de 50 millones de euros.

"Ha quedado claro ahora que el coste para Santander de compensarle por su retribución diferida a lo largo de siete años y otros beneficios que le correspondían por su puesto anterior sería una suma significativamente mayor que la prevista inicialmente por el consejo en el momento del anuncio de su nombramiento", ha argumentado en una nota. "Como banco comercial, teníamos que sopesar el alto coste de contratar a un profesional, aunque sea alguien del talento de Andrea Orcel, a quien había que compensar la pérdida de siete años de salario diferido, con nuestra cultura corporativa, que implica compromiso y responsabilidad con nuestros empleados, clientes y accionistas. Por eso, el consejo y yo misma estamos convencidos de que, pese a que resulta una decisión difícil, hemos tomado la correcta", ha esgrimido Botín en la misma nota. 

Prima excesiva

Orcel, que en el 2012 cobró una compensación de unos 21 millones de euros por pasarse de Bank of America Merrill Lynch a UBS, tenía un sueldo anual en la entidad suiza de en torno a los 10 millones según datos del 2013 (el ejercicio en el que se dio más información al respecto). La mayor parte del sueldo era variable: un 20% en efectivo de forma inmediata, un 50% en acciones que recibía entre tres y cinco años después si permanecía en el banco, y otro 30% en instrumentos de capital que pagan un interés con las mismas condiciones de aplazamiento. De ahí proceden los más de 50 millones de indemnización.

El Santander esperaba que la prima de fichaje fuera notablemente más baja, porque Orcel estimaba que UBS asumiría parte del pago de estas retribuciones diferidas. "Se procedió al nombramiento sobre la base de una estimación razonada del coste, de acuerdo con el asesoramiento recibido, los precedentes y las expectativas de que podría revisarse a la baja por la naturaleza de la relación entre ambos bancos y las diferencias en las actividades que llevan a cabo", ha sostenido ahora el grupo español. Pero el banco suizo se ha mostrado inflexible durante las negociaciones de los últimos meses. De hecho, el Santander confiaba inicialmente en incorporar al ejecutivo italiano en enero, pero UBS se negó a rebajar la cláusula que le impide trabajar para la competencia hasta seis meses después de dejar la entidad, con lo que la fecha se había atrasado hasta abril.

Confirmado

El principal beneficiario es José Antonio Álvarez, que ha sido confirmado como consejero delegado, el puesto que ocupa desde hace cuatro años. El banco asegura que no se les buscará sustituto y además va a pasar a ser vicepresidente de la entidad, como estaba previsto inicialmente. La incorporación de Orcel iba a suponer que bajaba un escalón: de ser el número dos del banco a ser el número tres como vicepresidente ejecutivo del grupo y presidente ejecutivo de la filial española. En este puesto iba a sustituir a Rodrigo Echenique, que continuará en el cargo hasta que se designe un nuevo sucesor.

La otra derivada es que el nuevo plan estratégico se retrasará, ya que el banco estaba esperando la llegada del ejecutivo italiano para terminar de pulirlo. En su momento sorprendió el fichaje de Orcel por ser un banquero de inversión (dedicado a grandes operaciones corporativas) para una entidad centrada en la banca comercial con particulares y empresas, pero el Santander ha insistido desde entonces que no habrá un cambio de estrategia.