Economía mundial

Diez años después de la crisis, el FMI atisba nuevos riesgos

El Fondo Monetario Internacional alerta de los desequilibrios en los países emergentes y la deuda en las economías avanzadas

La directora gerente del Fondo Monetario Internacional, Christine Lagarde, en un encuentro internacional en Bali.

La directora gerente del Fondo Monetario Internacional, Christine Lagarde, en un encuentro internacional en Bali. / Sonny Tumbelaka (AFP)

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Ricardo Mir de Francia

Diez años después del hundimiento de la economía mundial, es momento para volver la vista atrás. Y eso es lo que hace el Fondo Monetario Internacional en su último informe sobre la estabilidad financiera global“¿Somos más seguros?”, se pregunta en el encabezamiento. La respuesta es un “sí” con muchos matices. Sus economistas afirman que los bancos están mejor capitalizados, tienen más liquidez y ha mejorado la supervisión con las pruebas de estrés. Pero también reconocen que la nueva arquitectura no ha sido todavía puesta a prueba y que el paisaje a su alrededor ha empeorado. Hay más desigualdad, no se han repartido los beneficios de la recuperación y ha aumentado la desconfianza hacia las instituciones multilaterales.

Podría argumentarse que las políticas del FMI en algunos países son directamente responsables de los descosidos de este nuevo mundo surgido de la montaña de cenizas. Descosidos que no son nuevos, pero que las políticas de austeridad en países como Grecia o Reino Unido han exacerbado. Pero el Fondo tampoco hace esta vez examen de conciencia. Presenta su análisis como un observador distante. “El sistema bancario se ha reforzado, pero han surgido nuevas vulnerabilidades y la resistencia del sistema financiero global todavía no se ha puesto a prueba”, dice el informe presentado en Indonesia, donde el organismo internacional celebra esta vez celebra su reunión de otoño.

El foco de sus desvelos está ahora en los mercados emergentes, que han sido en los últimos años el motor de la economía mundial ante el pírrico crecimiento de las economías avanzadas, atenazadas por el envejecimiento de la población y los legados de la crisis. “La subida de los tipos de interés en EE UU, la fortaleza del dólar y el agravamiento de las tensiones comerciales han acentuado las presiones sobre sus mercados y han provocado salidas de capital en algunas economías emergentes”, dice el FMI. Parte de la deuda de estos países está denominada en dólares, de ahí que las últimas decisiones de la Reserva Federal estén encareciendo sus costes de financiación.  

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El apetito de los inversores por el riesgo les ha ayudado a sortear los baches, pero si las condiciones financieras empeoraran súbitamente “podría desencadenar un contagio en todo el universo de los mercados emergentes”. Tanto allí como en los países ricos, el Fondo aprecia activos a precios hinchados y un creciente deterioro en los estándares de los productos financieros, dos de las causas que pusieron la crisis en marcha hace una década. “A medida que los nubarrones toman forma en el horizonte, es necesario que los países completen la agenda de reformas regulatorias y se resistan a los llamamientos para dar marcha atrás”. Es eso precisamente lo que está ocurriendo en EE UU, donde la Administración Trump ha emprendido una agresiva campaña de desregulación del sistema financiero.

La bomba que espera agazapada en el armario es la deuda pública y privada no financiera, que ha alcanzado récords históricos. Su factura global es de 164 billones de dólares, el 225% del PIB mundial. El Fondo advierte que los bancos de las economías avanzadas, por más que hayan reforzado sus colchones de capital, “siguen expuestos a compañías, hogares y deuda pública de países muy endeudados”, lo que representa un desafío para los países más dependientes de la financiación externa y las sacudidas comerciales. 

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