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La era de los rescates europeos llega a su fin

Los ministros de la Eurozona ponen punto final al mayor plan de salvamento de un país del euro

Grecia seguirá sometida a "vigilancia reforzada" pero no empezará a pagar su préstamo hasta 2033

Silvia Martinez / Luxemburgo

El primer ministro griego, Alexis Tsipras, se puso por primera vez una corbata para celebrar el final del rescate.

El primer ministro griego, Alexis Tsipras, se puso por primera vez una corbata para celebrar el final del rescate. / COSTAS BALTAS

“La crisis griega se termina aquí, esta noche. Hemos llegado al termino un camino largo y difícil. Es un momento histórico para Grecia y para la Eurozona” porque “pone fin simbólicamente a una crisis existencial de nuestra moneda única”. Con estas frases celebraba al filo de la una de la madrugada de este viernes el comisario europeo de Asuntos Económicos, Pierre Moscovici, haber sellado un acuerdo “histórico” con el que poner punto final a la primera gran crisis financiera del club y al mayor rescate de un socio de la Eurozona.

Detrás queda una de las etapas políticas y económicas más dolorosas y dramáticas de la historia del euro que obligó a la Unión Europea y al Fondo Monetario Internacional a movilizar casi medio billón de euros en préstamos y quitas para rescatar a cinco países (Grecia, Irlanda, Portugal, Chipre y España) y evitar la destrucción de una moneda común, que está a punto de cumplir veinte años de vida.

De todos ellos, sin embargo, el rescate de Grecia ha sido sin duda alguna la principal pesadilla para los dirigentes europeos. Un país que como resultado de las duras recetas de austeridad, y a cambio del multimillonario rescate, se ha dejado un 25% de su producto interior bruto en la travesía, que ha visto recortar en varias ocasiones las pensiones y los salarios como consecuencia de la brutal recesión y dispararse su tasa de paro por encima del 27% y del 50% entre los jóvenes.

El origen del desastre

“Comparto la emoción del momento. Yo estaba allí cuando el instituto de estadística griego nos reveló al Eurogrupo la amplitud del déficit y la realidad de las cifras (griegas)”, rememoraba el viernes la directora gerente del FMI, Christine Lagarde, sobre los verdaderos datos macroeconómicos que llevaron el desastre y que tuvieron su momento cumbre en la alejada isla griega de Castelorizo el 23 de abril de 2010. Tras muchas presiones, y bajo amenaza de exclusión de la zona euro, el gobierno griego que desde hacía seis meses lideraba el socialista Georges Papandreu (PASOK) se vio obligado aquel día a pedir el rescate para tapar el gigantesco agujero de las cuentas públicas helenas.

Papandreu culpó del desastre a su antecesor en el cargo, el conservador Kostas Karamanlis (Nueva Democracia) pero el daño estaba hecho. Ni el PASOK ni Nueva Democracia consiguieron enderezar el barco. Grecia entró en una espiral que terminó con ambas formaciones fuera de combate y que aupó al gobierno al primer partido radical de la UE, Syriza. La llegada de Alexis Tsipras y de su ministro de finanzas, Yanis Varoufakis, inauguró una etapa de polémica que volvió a enfrentar a Atenas y a la Eurozona, con nuevas amenazas de expulsión de la zona euro por su negativa a aceptar más ajustes y rescates.

El tercer rescate

Grecia terminó cediendo y en julio de 2015 aceptaba un tercer balón de oxígeno por 86.000 millones a cambio de seguir aplicando reformas y ajustes (más de 450 medidas) para salir del infierno económico en el que ha estado metida los últimos ocho años. Este es el rescate que llegará a su fin el próximo 20 de agosto, tras el pacto cerrado en la madrugada de este viernes por los ministros de Economía y Finanzas de la zona euro tras una última maratoniana negociación. El pacto incluye un nuevo desembolso de 15.000 millones de euros, una batería de medidas para aliviar la elevada pública griega, todavía situada en niveles insostenibles del 178% del PIB, y un mecanismo de vigilancia reforzada para garantizar que Atenas seguirá cumpliendo con los ajustes y reformas prometidos.

Con este último desembolso, sumado a las reservas que ya tiene Atenas, Grecia conseguirá dotarse de un colchón financiero de 24.100 millones de euros con el que responder a sus necesidades financieras durante los próximos 22 meses, una red de seguridad con la que afrontar los riesgos que pueda tener por delante. El acuerdo llega acompañado de la luz verde para transferir a Grecia los 4.000 millones que ha obtenido el BCE de la compra de bonos helenos –en cuatro tramos de 1.000 millones entre 2019 y 2020-, aunque condicionado a reformas, y una batería de medidas para aliviar la deuda, el elemento más complicado de negociar por las exigencias de Alemania.

Regreso a los mercados

Finalmente, el gobierno de Tsipras se beneficiará de una extensión de los vencimientos de los bonos helenos de 10 años y de un período de gracia de otra década para devolver los préstamos. Esto significa que Atenas no tendrá que empezar a devolver el dinero de los préstamos hasta 2033. “Esto permitirá a Grecia regresar a los mercados” y financiarse sola, valoraba el presidente del Eurogrupo, Mario Centeno.

A cambio de estas nuevas condiciones, la economía griega seguirá sometida a una “vigilancia reforzada” que se activará en las próximas semanas. No será tan estricta como en el pasado, pero los técnicos comunitarios seguirán desplazándose a Atenas cada tres meses para comprobar que el ejecutivo heleno no se olvida de las reformas. Un mecanismo, ha dicho el ministro de Finanzas francés, Bruno Le Maire, que permitirá a los acreedores asegurarse de que Atenas cumple con sus obligaciones. Aunque Grecia seguirá vigilada de cerca “el pueblo griego vuelve a sonreír y a respirar de nuevo”, ha dicho el portavoz del gobierno heleno, Dimitris Tzanakopoulos.