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SECTOR VINÍCOLA

Nueva batalla por la tierra del cava

La DO en Catalunya pretende limitar la elaboración en otras zonas de España

Nacho Herrero

Campos de viñas y bodegas al fondo en el municipio de Requena.

Campos de viñas y bodegas al fondo en el municipio de Requena. / Miguel Lorenzo

La nueva guerra del cava no se está desarrollando en los lineales de los supermercados ni en las bodegas, ni siquiera tiene al propio espumoso como principal protagonista. Es una batalla por la tierra, se libra estos días en los despachos y como muy tarde debe acabar el próximo viernes 15 de diciembre. 

El Consell Regulador de la DO Cava ha pedido al Ministerio de Agricultura, el competente al haber varias autonomías implicadas, que limite por completo y durante los próximos tres años el número de nuevas hectáreas que se pueden dedicar a cultivar uva para cava. Y el ministerio lo ha admitido aunque falta la decisión final tras las alegaciones. La propuesta, la tercera que se hace en los últimos años en este sentido, es que solo se pueda incrementar la extensión en 0,1 hectáreas en este trienio y se basa en un informe de las universidades de La Rioja y Rovira i Virgili.

Requena, segunda potencia

Actualmente, hay 36.000 hectáreas, de las que 29.000 se encuentran en Catalunya. El resto está principalmente en la localidad valenciana de Requena, donde hay unas 4.000 hectáreas, y en la extremeña de Almendralejo, en la que hay unas 1.400, que son las que están presentando batalla contra esa petición. Por ejemplo, la Generalitat Valenciana, en sus alegaciones ha pedido un cupo de 1.500 hectáreas para este periodo.

La Junta de Extremadura estudia incluso pedir que se inscriban directamente todas las hectáreas que están dentro de la denominación de origen. En el 2016, la venta de cava extremeño subió casi el 40%. Emilio Expósito, propietario de Dominio De la Vega y presidente de la asociación que reúne a los ocho elaboradores de cava de Requena, explica a EL PERIÓDICO que están «en contra por tratarse de una medida drástica» que les perjudica especialmente por ser un punto en expansión. El año pasado, las ventas de cava valenciano crecieron el 12%; este año esperan que lo hagan el 15% y superar los siete millones de botellas vendidas, aunque el 30% serán para exportar. «No estamos en contra de que se limite, pero una medida como esa no se puede adoptar de la noche a la mañana porque ya hay quien ha arrancado viñas de vino para plantar de cava», advierte. 

Este mismo año está prevista la transformación de medio millar de hectáreas. Expósito señala que «la regulación debe ser progresiva» y que la solución al conflicto debería pasar por «negociar un plazo, un término medio que permita a quien ha iniciado una inversión no verse perjudicado». «Si la medida se toma a tres años vista nadie se sentirá amenazado».
    Además, asegura que aunque conviene vigilar la producción para que un aumento desmesurado no origine una caída en los precios, no hay datos que adelanten ese escenario. «Este año, los precios han subido por la sequía, pero en los cuatro o cinco años anteriores, que fueron normales, los precios se mantuvieron o subieron ligeramente. El miedo a la superproducción es lógico, pero ahora mismo no se da el caso», afirma. «Debe haber un equilibrio, pero no se debe adoptar una medida así con carácter inmediato», recalca.

Al margen del ‘procés’

Expósito dice que están convencidos de que la medida que plantea el Consell Regulador, controlado por los productores catalanes al ser los que más producen, no tiene relación con el procés independentista. Viene de atrás, recuerda. «No creo que haya ninguna relación, es simplemente un tema económico. Unos viticultores ven peligrar sus ingresos y toman una decisión que en mi opinión es completamente equivocada», resume. No piensa igual Cristóbal Aguado, presidente de la asociación de agricultores AVA Asaja. «Guarda relación directa con el conflicto suscitado en torno a las tensiones secesionistas en Catalunya y al efecto negativo que pueden tener sobre las ventas de cava catalán en el resto de España. Pero no es de recibo que pretendan que otros paguen los platos rotos», afirmó recientemente. Esa postura contrasta con el dato de que los productores de Requena solo consumen la mitad de los 13 millones de litros de base de cava que se hacen en la población, así que podrían doblar su producción solo con ese excedente.
    Expósito, en cambio, no cree que haya un boicot al producto catalán como tal. «No hay datos que demuestren que ha habido ese boicot. Una cosa es que alguien a nivel personal vaya a un supermercado y elija un cava y no otro, pero eso no es significativo. Ni se ha producido, ni va a pasar», augura. Y en cualquier caso, se muestra totalmente en contra de la iniciativa. «Estamos totalmente en contra de cualquier boicot. Nosotros queremos crecer por las características de nuestro producto. Algo así no es bueno para nadie y distorsiona el mercado», lamenta.