Ir a contenido

SENTENCIA EN COREA DEL SUR

El heredero de Samsung, condenado a cinco años de cárcel por corrupción

El tribunal considera probado que Lee entregó sobornos a la expresidenta Park a cambio de un trato de favor

 El heredero del grupo Samsung, Lee Jae-yong, a su llegada al tribunal del Distrito Central de Seúl, este viernes.

 El heredero del grupo Samsung, Lee Jae-yong, a su llegada al tribunal del Distrito Central de Seúl, este viernes. / EFE / CHUNG SUNG-JUN / POOL

Primero cayó la presidenta del país y ahora el empresario más poderoso. Lee Jae-yong, presidente en funciones de Samsung, ha sido condenado hoy a cinco años de cárcel por corrupción. Lo han llamado el juicio del siglo en Corea del Sur y no es una hipérbole: brinda la regocijante catarsis a un país hastiado de la turbia imbricación del poder económico y político.

La lista de delitos de Lee incluye el soborno, la malversación de fondos, la ocultación de bienes y el perjurio. Detrás está el escándalo de la Rasputina: Choi Soon-sil, amiga de la depuesta presidenta Park Geun-hye, exprimió a los mayores conglomerados a cambio de favores políticos. El tribunal ha condenado a Lee por transferir a fondos de Choi más de 7.200 millones de wons (5,4 millones de euros) para aceitar el apoyo presidencial a una fusión empresarial de la que emergería como sucesor de su padre. La fusión fue firmada a pesar de las masivas protestas de los accionistas gracias al voto favorable del fondo de pensiones estatal. Samsung contribuyó a la carrera ecuestre de la hija de Choi con varios pagos y la compra de un caballo de casi 800.000 euros. La sentencia certifica el futuro sombrío de Park, que será juzgada por soborno y abuso de poder.

ATLAS

Las donaciones, se defendió Lee en el juicio, eran menores e inocuas. Dijo estar sorprendido por su arresto a pesar del amontonamiento de inmoralidades e ilegalidades en un juicio que supuso una excepción a la vida fuera de los focos de los magnates nacionales.

Los cinco años de cárcel son muchos menos de los 12 solicitados por la fiscalía pero superan en mucho a la sentencia más grave sobre la élite dirigente. Lee, de 49 años, es uno de las personalidades más rutilantes del país. Ejerce de presidente de facto de la compañía desde que su padre sufrió un ataque al corazón en 2014 e iba a heredar oficialmente el cargo en breve. Su familia es la más rica del país y las ventas de Samsung, la mayor compañía surcoreana, equivalen a la quinta parte del PIB nacional. La decisión judicial no era fácil porque los efectos devastadores de la condena se daban por descontados pero la Fiscalía ya había aclarado que la Justicia era prioritaria a la economía.

El presidente, Moon Jae-in, apuntaló su victoria con su promesa de acabar con la impunidad de los chaebol o grandes conglomerados familiares que han regido la economía nacional desde la segunda guerra mundial. Permitieron la milagrosa reconstrucción pero también fomentaron la corrupción y dinamitaron la ética nacional. Sus cabecillas han recibido sentencias muy livianas por sus flagrantes delitos y siempre han eludido la cárcel gracias al perdón gubernamental. El padre de Lee fue condenado a tres años en 2009 por evasión fiscal e indultado por Seúl “por su gran contribución al éxito de la economía nacional, su patriotismo y la creación de empleo”. El escándalo de la Rasputina descubrió un sistema podrido hasta el tuétano que cubría a las mayores compañías del país, a la presidencia y al poderoso Fondo de Pensiones.