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PERFIL

Blesa: el banquero al que llegaron las vacas flacas

Los problemas judiciales y el abandono de antiguos contactos marcaron sus últimos años

PABLO ALLENDESALAZAR / MADRID

Juicio contra los expresidentes de Caja Madrid y Bankia, Miguel Blesa y Rodrigo Rato,  por las polémicas tarjetas opacas de Caja Madrid.

Juicio contra los expresidentes de Caja Madrid y Bankia, Miguel Blesa y Rodrigo Rato,  por las polémicas tarjetas opacas de Caja Madrid. / EFE / CHEMA MOYA

Año 2005. Los resultados de Caja Madrid suben como la espuma sobre la ola de la burbuja inmobiliaria, que poco después de revelaría como maremoto. Ildefonso Sánchez Barcoj, director financiero de la cuarta entidad financiera española y mano derecha de su presidente, anuncia a su jefe, Miguel Blesa, que le va a realizar un pago extraordinario y cierra el correo con una frase que hoy en día resulta premonitoria: “Disfrutemos, por si algún día llegan las vacas flacas”.

Las vacas flacas sin duda llegaron y se llevaron por delante la carrera y la imagen de aquel licenciado en derecho de Linares (Jaén) que iba a cumplir 70 años en unos días y que jamás hubiera soñado con llegar a la élite bancaria de no ser por su íntima amistad con José María Aznar, a quien conoció preparando las oposiciones para inspector de Hacienda. "Siempre estaban juntos. Aznar era simpático, aunque daba la sensación de estar muy condicionado por su mujer, Ana Botella, que resultaba bastante antipática. Blesa y su mujer (María José Portela) eran, en cambio, agradables. Había mucha gente que les tenía manía por su pinta de señoritos pijos. Parecían mucho mayores de lo que eran por su forma de vestir”, recuerda alguien que les trató en aquellos años.

Tal era su cercanía que Aznar y Blesa decidieron pedir el mismo primer destino como inspectores, Logroño, donde ocuparon dos pisos en el mismo edificio que se jugaron echando una moneda al aire. A partir de ahí, sus caminos se separaron. Aznar entró en política y Blesa ocupó altos cargos en el Ministerio de Hacienda, para después pasarse al sector privado como asesor fiscal. Pero la amistad nunca se rompió y el expresidente usó su ascendente poder político para colocar a su viejo compañero en los consejos de Antena 3 y Caja Madrid. 

INVERSIONES ARRIESGADAS 

Apenas unos meses después de la entrada de Aznar en la Moncloa en 1996, Blesa fue elegido presidente de la entidad financiera, la segunda y eficiente caja del país, que algunos años había logrado incluso unos beneficios mayores que La Caixa. Desde el primer momento dio prueba de su ambición. En una reunión con 230 directivos, les anunció su intención de lanzar un proceso de inversiones "más complejas", que conllevaban "mayores riesgos" pero también "la posibilidad de mayores beneficios".

Esa estrategia fue la que llevó a cabo hasta enero del 2010, cuando Mariano Rajoy entregó su puesto a Rodrigo Rato, en una decisión salomónica para acabar con la pugna entre Esperanza Aguirre y Alberto Ruíz-Gallarón por controlar la entidad. Su gestión, así, fue el ejemplo paradigmático de la carrera de excesos que supuso la desaparición de buena parte del sector financiero y obligó a España a pedir el rescate europeo en el 2012.

Pese a ello, Blesa presumió públicamente de multiplicar por seis el tamaño de Caja Madrid, pero se negó a asumir ninguna responsabilidad en la caída de Bankia (fruto de la fusión de la entidad y otras seis cajas): "Los excesos los cometimos todos los actores". Ni siquiera reconoció haber perjudicado a los clientes de la entidad que compraron 3.000 millones de euros en preferentes. "No admito que diga que he causado un daño", desafió a Alberto Garzón, diputado de IU, durante una comparecencia en el Congreso en noviembre del 2012.

RETIRO NO TAN DORADO

Dejar la entidad que le había aupado a la cúspide del poder económico fue un duro golpe para el ejecutivo. "Sí. Yo estaba fenomenal", confesó en su última rueda de prensa ante la pregunta de si le habría gustado seguir. Una pena, eso sí, bien amortiguada por el semiretiro dorado del que pensaba disfrutar (cobró 12,44 millones solo entre el 2007 y el 2010). Con lo que no contaba es con la avalancha de casos judiciales que se le venía encima y que le borró la sonrisa que presumía, en pleno acoso de Aguirre para echarle de su puesto, que “nunca” iba a perder.

El primer golpe fue inaugurar la lista de banqueros que han entrado en prisión durante la crisis por decisión del controvertido juez Elpidio José Silva, que investigaba la compra de un banco en Miami y unos créditos al expresidente de la CEOE Gerardo Díaz Ferrán. La medida fue anulada 15 días después y el magistrado fue condenado a 17 años y medio de inhabilitación. “He sufrido mucho en mi vida personal, profesional y familiar, y en mi prestigio, que lo tenía”, se quejó Blesa.

Pero peor fue el estallido del escándalo de las tarjetas ‘black’, por el que fue condenado a seis años de cárcel el pasado febrero después de gastarse 436.688,42 euros en safaris, restaurantes y hoteles de lujo, y vinos de alta gama. También la publicación de más de 8.000 mails de su época de Caja Madrid, en los que quedaron patentes la injerencia y la petición de favores de altos cargos del PP, así como su posterior implicación en los ‘Papeles de Panamá’.

LABORES DOMÉSTICAS

Blesa estaba pendiente de su recurso al Tribunal Supremo por la condena de las ‘black’ y afrontaba otro juicio con una petición de cárcel de cuatro años por los sobresueldos a directivos en Caja Madrid, además de una tercera causa en la Audiencia Nacional por las preferentes. Sus cuentas, una de ellas depositada en la banca privada (altos patrimonios) de Bankia, estaban embargadas y el banquero caído en desgracia se lamentaba de no tener dinero y de tener que hacer él mismo las “labores domésticas”.

Según han explicado fuentes de su entorno, en los últimos tiempos no se le veía deprimido. Sí preocupado por la batalla judicial en que estaba inmerso, pero tenía “serias esperanzas” de que el Supremo le diera la razón. El exbanquero había perdido trato con buena parte de sus antiguos contactos en el PP y en el mundo económico y dedicaba la mayor parte del tiempo a sus aficiones (fotografía, caza y jardinería) y a la familia (su única hija le hizo abuelo en 2012 y se había casado con Gema Gámez, exempleada de Caja Madrid, en el 2013 después años de relación).

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