RETOQUE DE CUENTAS

Oriol Amat: "Casi la mitad de fraudes contables se descubren por chivatazos"

El catedrático y diputado, autor de 'Empresas que mienten', dice que la contabilidad "no es una ciencia exacta porque no se quiere que lo sea"

Oriol Amat.

Oriol Amat. / JOAN CORTADELLAS

3
Se lee en minutos
Agustí Sala
Agustí Sala

Redactor jefe de Economía

Especialista en Además de El Periódico, trabajé de 1989 a 1990 en La Economía 16, como responsable de Economía en el Diari de Barcelona, de 1989 a 1990; en la sección de Economía de TVE Catalunya de 1987 a 1989, en Antena 3 de Radio, de 1985 a 1987 y en el Diari Menorca, de 1983 a 1985 y Radio 80-Menorca. Además la licenciatura en Ciencias de la Información por la Universitat Autònoma de Barcelona (1992-1986), tengo un posgrado en dirección general (PDG) 2011-2012y un curso de Márketing Digital y Redes Sociales por la EAE Business School

Escribe desde Barcelona

ver +

Una empresa tiene que negociar medidas duras con los trabajadores. Aumenta los gastos y reduce el beneficio. O tiene que pedir un préstamo. Debe inflar un poco los resultados. Tiene a su alcance cientos de posibilidades de maquillar las cuentas. Y dentro de la legalidad. Aunque también puede hacerlo fuera de ella, lo que constituye un delito.

Oriol Amat, autor de 'Empresas que mienten' (Profit Editotorial, Barcelona, 2017), lo conoce al detalle. Actualmente diputado de Junts pel Sí (JxSí) y exconsejero de la Comisión Nacional del Mercado de Valores (CNMV), es catedrático de Economía Financiera y Contabilidad de la Universitat Pompeu Fabra. Avisa de que "casi la mitad de los fraudes contables se destapan por chivatazos", de empleados, clientes y otras personas, y una cuarta parte, por casualidad. Apenas entre el 5% y el 15% proceden de las auditorías.

El problema es que "la norma es muy flexible". Un ejemplo: los recursos destinados a investigación y desarrollo se pueden contabilizar como gasto (rebaja los beneficios) o como inversión. El uso que puede hacerse de los mismos es muy distinto si se quiere pedir una subvención vender la empresa (dar imagen de más beneficios).

Amat advierte de algunas señales de alerta. Una de ellas es el cambio de criterio, saltándose el principio contable de uniformidad. Se puede hacer, no es ilegal, pero hay que incluirlo en las notas de la memoria, que apenas nadie lee, avisa Amat. Alrededor del 30% de las empresas lo hacen.

SANCIONES, JUSITICIA Y CONTROLES 

Lo cierto, añade, "es que la contabilidad no es una ciencia exacta porque no se quiere que lo sea". Por eso apunta propuestas, como sanciones más duras, justicia más rápida y mayores mecanismos de control, para que "dos más dos sean lo más próximo a cuatro posible".

El plan contable de 1973 daba poco margen para el maquillaje, mientras que el del 2007 abrió la mano, en línea con otros países. La propia legalidad ofrece "más de un centenar de operaciones con muchas posibilidades de engañar". La manida "imagen fiel" de las cuentas se queda en una mera intención.

En su libro, Amat, autor de otras muchas obras, como 'Contabilidad creativa' (Gestión 2000), del que es coautor con John Blake, avisa también de los maquillajes ilegales y de los indicios que pueden avisar sobre ellos. Uno es contar con profusión de filiales estructuras societarias en paraísos fiscales al estilo de las islas Caimán; otros son las retribuciones astronómicas de los directivos y la falta de canales de denuncia anónimos.

MOTIVACIÓN, OPORTUNIDAD Y AUTOJUSTIFICACIÓN  

También analiza el triángulo del fraude. En un vértice está la motivación. Puede ser, por ejemplo, obtener un crédito, lo que impulsa a mejorar las cifras. Otro vértice es la oportunidad. La falta de canales de denuncia, de auditorías o de controles lo facilitan. El tercer vértice es la racionalización o autojustificación. En este caso, el empresario se dice "maquillo las cuentas para obtener un préstamo con el que evito cerrar la empresa". Amat convierte este triángulo en cuadrilátero, en el que incluye el perfil del defraudador, con su capacidad, arrogancia o intencionalidad.

Noticias relacionadas

A su juicio hay tres grandes bloques de países en esta materia. En el primero están los nórdicos y anglosajones, donde hay menos fraude. En el segundo, aquellos en los que hay más, que están en Asia, Latinoamérica y África. Y Europa es la tercera. Los países mediterráneos se sitúan en una posición intermedia.

No es solo una cuestión cultural o de tradición. Es que en los países con menos fraude la justicia actúa con rapidez ante los engaños. Además, por ejemplo en los países nórdicos, "los liderazgos son un ejemplo de transparencia y honestidad". Y es el espejo en el que la población se mira, explica Amat. Y, dada su nueva experiencia como diputado, destaca la mala percepción de la política que hay a pesar de que la mayoría de sus representantes son "gente honesta y actúa de buena fe". Lo atribuye a la lentitud de la justicia. Algo parecido sucede con los fraudes contables.