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LUCHA CONTRA LA BRECHA SALARIAL

Islandia exige por ley la igualdad salarial entre hombre y mujer

El país ha aprobado esta semana un nuevo marco legal obligatorio para empresas de más de 25 empleados

Eduardo López Alonso

La plaza del Parlamento de Reykiavik. 

La plaza del Parlamento de Reykiavik.  / XAVIER MORET

Islandia se ha conjurado contra la desigualdad entre hombres y mujeres. La brecha salarial es una de las vías que canalizan habitualmente ese desequilibrio. El Gobierno ha establecido por ley la obligatoriedad de sueldos iguales para mismo trabajo entre hombre y mujeres. El marco legal, decidido este martes obliga a que las empresas demuestren que esa igualdad se cumple a rajatabla. El asunto no solo se circunscribe al sexo, también a la etnia o la nacionalidad. Las empresas con más de 25 trabajadores deben obtener la certificación del cumplimiento de la ley. La medida ha desatado menos polémicas de lo previsto, aunque su alcance será limitado en las empresas más pequeñas.

Mientras en Catalunya se calcula que la brecha salarial es del 26% desde un punto de vista general (no se refiere a mismos empleos, diferente salario), en Islandia pretenden que para el año 2022 no exista diferencia entre el nivel salarial de hombres y mujeres. 

El 24 de octubre de 1975 en Islandia se organizó 'El Día Libre de las Mujeres'. En aquella jornada, el 90% de las mujeres estuvo en huelga, no fueron a sus puestos de trabajo, no realizaron tareas domésticas. El jaque social de esa movilización tuvo consecuencias a largo plazo en una sociedad islandesa plenamente consciente de la necesidad de esa lógica igualdad entre sexos en el mundo laboral.

Esa igualdad solo es posible con un Estado del bienestar bien construido y mejor dotado. Así, resulta difícil una incorporación plena de la mujer el mundo laboral sin estructuras sólidas de apoyo público a la familia y a los más mayores, ya que en caso contrario las herencias culturales hacen que la responsabilidad de los cuidados familiares recaiga sobre la mujer. Es lo que economistas como Vicenç Navarro describen como el cuarto pilar del Estado del bienestar.

El permiso de paternidad es otra de las patas básicas en la vía del equilibrio salarial y la igualdad de oportunidades entre hombre y mujer, para evitar que la maternidad se convierta en un lastre para el desarrollo profesional de la mujer.

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