30 nov 2020

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ENTREVISTA

Antón Costas: "La madre del malestar social es la desigualdad"

Entrevista a Antón Costas, presidente saliente del Cercle d'Economia

Olga Grau

Antón Costas.

Antón Costas. / FERRAN NADEU

Antón Costas Comesaña (San Pedro de Matamá, Vigo, 1949) accedió a la presidencia del Cercle d’Economia en octubre del 2013. Ingeniero técnico industrial, doctor en Economía y catedrático de Política Económica de la Universitat de Barcelona, ha sido el primer académico en presidir este influyente lobi. Al frente de la institución, Costas se ha caracterizado por azuzar con valentía a los políticos para que tiendan puentes de diálogo en un momento de elevada crispación entre Catalunya y el Estado. Este lunes, Costas será relevado por Juan José Brugera, presidente de Colonial.

Ha vivido un periodo marcado por una grave crisis institucional y política. ¿Ha mejorado el contexto?
Sí. El 2016 ha sido el año del cambio político en España en el que se ha pasado de un periodo histórico de bipartidismo y mayorías absolutas al multipartidismo. En contra de lo que se dice que será una legislatura corta y convulsa, yo creo que es la legislatura que abre la puerta a un posibilismo para encontrar soluciones a problemas enquistados.

¿Qué problemas?
Hay una crisis del Estado liberal que es común a todos los países democráticos occidentales y que se inicia a partir del 11 de septiembre del 2001 con la caída de las torres gemelas en EEUU, que cambia el discurso político, y se agrava con el inicio de la crisis financiera en el 2008 y de los recortes en Europa en el 2011. En España hay dos grandes problemas: el cuestionamiento de la legitimidad del Estado liberal y el del modelo de Estado de las autonomías.

¿Es buen momento para el diálogo?
Siempre he sostenido que mientras en España hubiera un gobierno de mayoría absoluta sería muy difícil abrir el diálogo. No es por perversidad del PP o del PSOE, es que un gobierno de mayoría absoluta tiene poco que ganar y mucho que perder abriendo la reforma del Estado de las autonomías. 

¿Está Catalunya preparada para este diálogo?
Como etapa previa al diálogo eficaz sería necesario que se produjera en Catalunya un debate amplio en el marco del Parlament sobre lo que entendemos por el concepto de mayor soberanía e independencia. Mientras no vea un acuerdo político y social que alcance un 70% de la sociedad catalana me parece difícil llegar a una segunda etapa de pactar con las Cortes un nuevo estatus para Catalunya. Si este acuerdo político se produjera, la consulta o referéndum caería como una fruta madura de manera natural. Lo que no veo posible es una consulta unilateral.

¿Qué aspiraciones ve en la sociedad catalana?
Una aspiración al reconocimiento de Catalunya como nación dentro de España, con plenas competencias en las dimensiones lingüística y cultural y, con un modelo de financiación propio y diferenciado, algo parecido al concierto vasco. Pero en los últimos años, el Estado español no ha tenido un interlocutor político en Catalunya suficientemente fuerte como para que los acuerdos que se puedan alcanzar sean eficaces. Los gobiernos de Pujol con el peix al cove garantizaban al Estado español que los acuerdos iban a tener un respaldo político en Catalunya, como ocurrió con el pacto del Majestic. Un mayor acuerdo interno daría fortaleza negociadora.

La economía mejora, pero la sociedad no siente que le llegue... 
En los 50, 60 y 70 del siglo pasado el crecimiento fue sinónimo de progreso social entendido como crecimiento de los salarios, programas de servicios públicos, seguro de desempleo, pensiones, etc. Ese nexo reconcilió capitalismo con igualdad social. En los años 90 se empezó a romper, pero no nos dimos cuenta. La primera crisis financiera global del capitalismo desde el año 29 se produjo en el 2008 y en ella emergió esa ruptura entre crecimiento y progreso. España es desde el 2015 el segundo país del mundo que más crece después de China, pero vemos que ese crecimiento no lleva aparejado progreso social. Hace falta pegamento que una el crecimiento económico con progreso social.

¿Por eso ha ganado Trump?
No entiendo la sorpresa por el triunfo de Trump. Desde que se produjo el ‘brexit’ estaba muy claro que vendrían otros ‘brexits’. El siguiente era Trump y ahora hemos visto la caída de Renzi en Italia. El malestar social que viene de la ruptura del crecimiento con el progreso es una señal anticipada de las convulsiones políticas y el auge del populismo. 

¿Por qué se produce esa ruptura?
La madre de todo el malestar social es la desigualdad. Yo le diría a los gobiernos que se focalizaran en la desigualdad. Existe el riesgo de empezar a pensar que los salarios bajos son buenos para la economía y eso es una barbaridad. Sería como volver a una mentalidad esclavista. Es necesario introducir una dieta de equidad en los salarios mínimos y máximos y en las políticas públicas de redistribución de ingresos. Hay que plantearse una reforma del sistema fiscal. 

¿Qué genera desigualdad?
La pobreza no viene solo de la falta de empleo, si no de los precios de monopolio. España es el país europeo con mayor número de cárteles. Es necesario una política antimonopolio y anticártel a favor de los hogares. Ese sobreprecio detrae recursos de los hogares que pagan los servicios y los productos más caros, no por su precio real. En España la desigualdad ha crecido mucho porque el desempleo ha sido mayor, pero también porque los impuestos y los programas sociales tienen una menor eficacia redistributiva.

¿Qué balance hace de su presidencia del Cercle?
Mi objetivo ha sido introducir una voz moderada y pausada en el debate político catalán y español. Hemos defendido que cuando el debate está tan polarizado hay que respetar la ley. Las reglas no se pueden romper, se pueden cambiar, aunque no de forma unilateral. Hemos intentado acercarnos y dar voz a todos. Un ejemplo fue la participación de Pablo Iglesias y Ada Colau en la última reunión del pasado mayo.