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APRESTO DOMINICAL

Panóptico, sinóptico, solucionismo

La creencia de que internet reducirá la tensión social es una equivocación

Josep-Maria Ureta

En pocas semanas se han reunido y podido visitar en la Fira, como corresponde a su liderazgo en convocar sectores emergentes, a quienes proponen el llamado internet de las cosas (el frigorífico que avisa a la granja de gallinas proveedora del supermercado que van a caducar los huevos que guarda refrigerados), hasta los más sofisticados detectores de dónde y cuándo habrá un atasco en la ciudad en las horas siguientes (Smart City Expo World Congress de esta semana).

Maravillas, sin duda, de la era digital, que ya ha manifestado su plenitud en esta década. Con la misma celeridad, por cierto, con que Google y Facebook han tenido que reconocer, esta semana, que sustituir editores de noticias en sus dispositivos, que afectan a miles de millones de usuarios, por algoritmos quizá haya contribuido a que el imperio vaya a gobernarse por un candidato inadecuado, pese a las garantías democráticas que le asisten y deben respetarse. Progreso y riesgo sin precedentes.   

Parece que estamos ante un debate de futuro, pero a poco que se escarbe en el pasado, puede descubrirse que la historia siempre se repite, aunque sorprenda a quienes la desconocen. Pongamos un ejemplo reciente y otro histórico, ambos en formato de libro de lectura para los viciosos de la cultura vegetal.

Evgeny Morozov es uno de los tecnólogos más reconocidos entre los investigadores científicos de ingeniería extrema que trascienden también hasta los efectos sociales. Pues acaba de seguir el mismo camino de tantos operadores de bancos de negocios que tras la borrachera de hace una década ahora predican la bondad de la abstemia. Es muy recomendable leer La locura del solucionismo tecnológico (Katz), ensayo en el que el bieloruso Morozov describe de manera prolija, amena y sólida su viaje desde apóstol de las nuevas tecnologías a la denuncia de sus carencias y amenazas.

La peor de todas, desconocer que ante los cambios disruptivos que vivimos, siempre hay fuerzas que presionan para que no se pongan en contexto. Explica, por ejemplo, que en 1852 apareció el libro 'La revolución silenciosa o los futuros efectos del vapor y la electricidad en la condición humana'.Se hablaba entonces de la “red perfecta de filamentos eléctricos” que iba a procurar a la sociedad de la época trabajar menos y ser más feliz. ¿Suena a actual? Morozov rechaza el solucionismo de que todo se arregla convirtiendo a internet en el centro regulador de todas las actividades sociales. 

En el bando práctico, los efectos más perceptibles de la nueva doctrina cibernética, vale la pena recuperar también la conversación que el pensador polaco Zygmunt Bauman sostuvo hace unos años con su colega David Lyon y que se recogió en 'Vigilancia líquida' (Austral). Ambos recuerdan una utopía del siglo XIX, la construcción de la cárcel perfecta que ideó el filósofo e ingeniero Jeremy Bentham y que se basaba en el panóptico, una centro penitenciario de construcción innovadora en el que una torre central alrededor de las celdas tenía la virtud de que los presos no podían ver a sus vigilantes, lo que daba a estos una supremacía disuasiva. Te veo pero no me ves. 

En esa conversación de Bauman y Lyon también aparece el concepto de sinóptico, mucho más amable porque equivale a compartir.

Ambos términos son los que luchan por marcar las bases de la nueva sociedad de la era digital. Asumimos, y más desde el 2001, la necesidad de que nos vigilen, regalando, de manera inconsciente, el riesgo de dar demasiado poder al vigilante. El proyecto de Bentham, por lo demás, era inviable porque los vigilantes, una vez se sabían superiores a los presos, se relajaban y se necesitaba recuperar el viejo principio quis custodiet ipsos custodes, quién vigila al vigilante.

Ante la segunda interpretación, la sinóptica, no consta que tenga quien la detenga. Tiene sus perfiles basados en la seducción de los consumidores, y para muestra, la estupidez de que una costumbre justificada en EEUU, gastar el viernes siguiente al jueves de Acción de gracias de la última semana de noviembre ('black friday') se ha hecho universal como una jornada de rebajas comerciales. La sinopsis es entregar voluntaria o inconscientemente todos nuestros datos para que el comercio global se apodere de nuestros deseos de compra.  

Vigilancia y control son las nuevas señas de identidad.

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