06 abr 2020

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EMPRENDEDORES

Eivissa en la ropa

Fig Tree Ibiza tricota a mano y croché bikinis y vestidos con ganchillo y algodón

Carme Escales

Eivissa años 60. La libertad hacía escala en la isla mediterránea impregnándola del espíritu hippy. El mar, la naturalidad, la sencillez, y el ritmo pausado del lugar sedujeron a los primeros visitantes que dieron ese sello tan peculiar a la isla. El dueño de un bar que regaba dalias en su terraza habilitó un lugar para que aquellos primeros hippies pudieran vender artesanías. Fue el origen del hoy famoso mercado hippy de las Dalias. En él monta su puesto, tres días a la semana –de marzo a octubre-, Alba Esteva (Barcelona, 1982). Ella misma es quien tricota todo lo que vende: bikinis, vestidos y complementos hechos de ganchillo en colores que hablan de la sosegada isla. Tonos marfil, rosados y blancos, sobre todo, visten sus colecciones hechas a mano con hilos de algodón natural.

Alba Esteva, la abuela como inspiración

Hija de enfermeros, copió de sus abuelas la afición al ganchillo. Es el arte que domina y que, para tratar de desestacionalizar su negocio, esta barcelonesa que ahora estudia diseño de moda, quisiera llevar a ferias de moda internacional. 

Cuando tenía seis años, Alba Esteva ya hacía sus primeras cadenetas de ganchillo. “Mi madre me enseñó, y con mis tías y abuelas continué mi aprendizaje”, explica. “Me hipnotizaba que aquella madeja de hilo acabara siendo una prenda. Era una atracción fatal”, expresa. La inspiración de Eivissa acabó de redondear lo que hoy, gracias a aquella atracción, es su modus vivendi. “Hago ganchillo todo el año y en todas partes. Las azafatas ya me conocen. Vuelo a eivissa casi cada fin de semana en invierno y, en primavera, me instalo en la isla hasta otoño”, detalla.

“Eivissa me fascinó desde el principio, cuando vine, hace seis años”, precisa. “Subía a la higuera a desayunar, a comer higos. Y allí se me ocurrió la idea de dedicarme profesionalmente a vender mis creaciones de ganchillo”, dice Esteva. Tras un tiempo compaginando sus primeras ventas con otros trabajos, este es su primer año concentrada en la marca que creó para dedicarse a ello en exclusiva: Fig Tree.

El nombre, higuera en inglés, enlaza con el origen de su idea y es un homenaje “a la naturaleza y a la sensación de libertad, sensualidad, feminidad, y al desafío que significan la sencillez y la artesanía, en un mundo hecho de prisas y lujo, y recargado de todo”, resume. Su regreso a la simplicidad con hilo natural y ganchillo van triunfando en el mercado de las Dalias y en su tienda online (www.figtree-ibiza.com), con precios desde los 15 euros en complementos –turbantes, pulseras…-, hasta los 200 o algo más de sus vestidos de algodón con cintura de croché, pasando por los 100 euros de un bikini. “Si se cuidan, son prendas para toda la vida”, asegura. Alba Esteva aspira a facturar este año unos 20.000 euros, teniendo en cuenta que el 50% de sus ganancias lo reinvierte en materiales para nuevas creaciones.“Quisiera poder ocupar a otra persona el próximo año, y yo concentrarme en crear diseños”, explica la artesana.

ARTESANÍA LABORIOSA

Con un promedio de 10 horas invertidas en cada bikini, Alba Esteva valora que “haya cada vez más gente que aprecia la calidad de los materiales, el tiempo que conlleva hacerlos -y el ganchillo en concreto tiene una técnica muy lenta, tanto patrones como confección-, y que estén hechos aquí”, destaca la emprendedora.

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