27 nov 2020

Ir a contenido

Gente corriente

Martí Sáiz: «Si facilitas la conciliación, te lo retornan con creces»

Gemma Tramullas

Martí Sáiz tenía 21 años cuando abrió el estudio de diseño gráfico Cèl·lula en Sabadell y su última preocupación eran los hijos. Pero los niños llegaron y, con ciertas reticencias al principio, fue haciendo cambios para adaptar el horario de los trabajadores a los ritmos de sus pequeños. Pero no fue hasta que la madre de sus dos hijos fue despedida por quedarse embarazada cuando se tomó la conciliación de la vida familiar y laboral como una cuestión de justicia.

Empresario «un poco sueco». Dirige un estudio de diseño en Sabadell que es un modelo de empresa 'family friendly'.

-En Cèl·lula empezaron sin hijos y hoy son cinco trabajadores con seis niños en total. Antes de que nacieran los niños trabajábamos hasta las nueve de la noche y, cuando teníamos una entrega, ni se sabe. Teníamos poca vida privada, pero íbamos tirando.

-¿Quién inició el cambio? Las madres. Hace 12 años nació el primer hijo de una trabajadora. Hasta entonces salíamos a comer y a hacer deporte de dos a cuatro, pero ella pidió reducir esas dos horas a media hora y salir antes por la tarde.

-¿Qué le pareció la idea en ese momento? Yo era un poco reticente al cambio pero dije que, si se seguía facturando lo mismo, adelante.

-Poco después usted estrenó paternidad. Con el primer niño me compré un portátil para salir antes de la oficina y seguir trabajando después de meter al niño en la cama. Es lo que tiene ser autónomo. Pero el verdadero cambio llegó con el segundo.

-¿Qué pasó? La madre de mis hijos es una mujer muy preparada y tenía un buen trabajo cuando un diseñador de primera fila la fichó. Pero a los dos meses se quedó embarazada y la echó. ¿Por qué ser madre tiene que coartar la vida profesional de las mujeres?

-Son ciertas decisiones empresariales injustas las que coartan a la mujer. Si una ley obligara a padres y madres a cuidar a los niños por igual, los empresarios no tendrían prejuicios a la hora de contratar hombres o mujeres.

-¿Qué horario hacen ahora en Cèl·lula? A propuesta de una madre entramos a las ocho de la mañana y comemos de fiambrera en media hora. Hoy, por ejemplo [por el lunes], salgo a las cuatro y media y voy a recoger a los niños. Somos un poco suecos. Trabajamos las mismas horas que todo el mundo, pero de forma concentrada.

-En Apple y Facebook entienden por conciliación pagar la congelación de óvulos de sus empleadas y retrasar la maternidad. ¡Menuda tontería! Es verdad que entre los 30 y los 40 años es una edad ideal para trabajar, pero una empresa no puede meterse en la decisión de cuándo tener un hijo.

-En España solo uno de cada diez trabajadores goza de flexibilidad horaria. No entiendo por qué no se hace más. Mi experiencia es que cuando das facilidades para conciliar, el trabajador te lo retorna con creces. A nivel de competitividad y de facturación no hay diferencias y sientes que la gente es más fiel y está a gusto.

-Usted ha pasado del escepticismo inicial a hacer bandera de la conciliación. Con esta política hemos superado la crisis y eso es una prueba de estrés brutal, por eso hemos decidido darle valor y hacerlo público. Siempre que me presento a un concurso público explico lo de la conciliación como un valor, pero nunca dan más puntos por eso. En cambio sí valoran cuántas reuniones puedes hacer con el cliente.

-Pues sería una forma de promover realmente la conciliación. Los detalles políticos marcan la diferencia. Debería existir un sello de calidad para las empresas que concilian. En el súper los huevos llevan un sello que dice que las gallinas viven libres y felices. ¿Por qué las gallinas pueden ser felices y las personas no?