Ir a contenido

¿Por qué es tan cara la luz?

El recibo eléctrico tiene cargos poco transparentes que suponen la mitad de lo que pagan las familias

AGUSTÍ SALA / BARCELONA

Contadores de electricidad en una comunidad de vecinos.

Contadores de electricidad en una comunidad de vecinos. / JOAN PUIG

Solo las familias danesas alemanas e irlandesas pagan la luz más cara que las españolas en la Unión Europea (UE). Son países donde la riqueza per cápita es más de 30 puntos superior a la de España, es decir, son de los más ricos del club comunitario.

El cuarto puesto que ocupa el recibo que pagan los hogares españoles no se corresponde con el nivel de vida del país, situado por debajo de la media y con unos ingresos medios (casi 15.000 euros), que son el 60% inferiores a los de los daneses o el 25% menores que los de los alemanes, según los datos de Eurostat.

Y todo esto no es porque producir y distribuir los kilowatios (kW) sea mucho más caro en España sino porque en la factura se esconden cargos que, en muchos casos, tienen poca relación con los costes de la electricidad. Todos ellos, desde la moratoria nuclear hasta los costes extrapeninsulares, se han ido acumulando con los años de forma poco transparente e incomprensible para el usuario para el que suponen en torno a la mitad de lo que paga mensual o bimestralmente.

El conocido como Informe Robinson, que nada tiene que ver con el comentarista británico de fútbol, Michael Robinson, sino con David Robinson, del Oxford Institute for Energy Studies, lo explica. El estudio, presentado esta semana, demuestra que el recibo de la luz aumentó en España el doble que la media de la UE durante la crisis (del 2008 al 2014). En ese periodo de recesión, servicios esenciales como la luz, el gas o el agua subieron en torno al triple que los salarios.

TRES DE CADA CUATRO EUROS 

El informe, titulado Análisis de los precios de la electricidad en la UE y EEUU: Una perspectiva española, afirma que el alza porcentual de la luz durante ese periodo fue del 52% en España frente a Francia (46%), Alemania (35%), Reino Unido (26%) e Italia (5%). Y los costes distintos de los de producción eléctrica significaron casi tres de cada cuatro euros del alza entre el 2008 y el 2014.

A finales del año pasado, ese conjunto de variables significaba el 46% del recibo, muy por encima del 32% de seis años atrás. Sin esos cargos, el recibo sería el undécimo más caro para las familias, no el cuarto, dice el estudio. La proporción de ese componente en la factura solo es equiparable a Alemania y Dinamarca. Berlín ha cerrado un acuerdo con RWE, Vattenfall y Mibrag para compensarles con 1.600 millones durante 9 años por cerrar centrales de carbón.

En este apartado se incluyen en España, por ejemplo, las anualidades por el déficit de tarifa, es decir, el pago de consumos pasados porque los ingresos reconocidos en la tarifa regulada en su día no cubrían los costes de producir y distribuir la electricidad. Esta variable tan peculiar significa un tercio del conjunto de estos costes ajenos a la prestación del servicio, según José María García Casasnovas, presidente de la Comisión de Energía del Col.legi d'Enginyers Industrials de Catalunya.

El déficit de tarifa fue un diseño del exvicepresidente económico del PP, Rodrigo Rato, y del que a principios del 2000 fuera ministro de Industria, Josep Piqué. Los Ejecutivos del PSOE tampoco lo atajaron. Para evitar que la luz superara el IPC, el Gobierno popular reconoció a las eléctricas el derecho a percibir por la puerta de atrás la diferencia de manos de la banca, convertir la suma en deuda negociable y trasladarla al recibo de los consumidores, que la pagan a las entidades financieras, los titulares de los derechos de cobro, a plazos con sus intereses correspondientes durante15 años. Son unos 30.000 millones de euros.

Jordi Dolader, consultor y exconsejero de la antigua Comisión Nacional de Energía (CNE), bromea al respecto. «Me como un bistec y lo pago al momento, pero la electricidad que se ha empleado para prepararlo o la iluminación bajo la que me lo he comido la pagarán mis nietos», afirma. Dolader lo atribuye todo a «una política gubernamental con la que se ha intervenido demasiado en el mercado». A su entender, «no es tanto un problema de la energía si no de traslación de la política energética a la regulación».

Al igual que Dolader, García Casasnovas entiende que «la situación de los costes de generación y de distribución y transporte es bastante normal, ya que nos sitúa incluso por debajo de Francia». El hecho diferencial son los conceptos que encarecen la factura, «recaen sobretodo sobre el recibo de las familias»; y que nos colocan entre los países más caros. Se trata, de hecho, de elementos de política energética que deberían financierse a través de los Presupuestos del Estado.

ENERGÍAS RENOVABLES

Según Jorge Morales de Labra, experto y emprendedor energético, la diferencia española con el resto radica «en el resto de elementos ajenos al coste de la energía». Pero, según él, es discutible que la retribución a las energías renovables no forme parte de los costes, ya que aportan más del 20% de la cobertura dela demanda.

A su vez asegura que el estudio parece una justificación de la patronal eléctrica, Unesa, para demostrar que no son los culpables del precio de la luz. Morales destaca el trato de favor a las eléctricas porque para los productores de renovables no se aprobó una compensación por los recortes del Gobierno como, por ejemplo, sí que se hizo en su día con la moratoria nuclear. O también con los costes de transición a la competencia (CTC), de hasta 8.000 millones, para compensar al sector por su liberalización.