Ir a contenido

Del caciquismo a la agresividad

Con casi 150 años y distintas etapas, la historia de Laietana está marcada por las preferentes

J. R / J. S. / A. V. / BARCELONA

Caixa Laietana no llegó por los pelos al siglo y medio de vida, pero más allá de las velas de aquellos 150 años que nunca cumplió, la crónica de su desaparición -momento en que se integra en la estructura de Bankia- irá siempre asociada al escándalo de las participaciones preferentes.

No fue, ni por asomo, la caja que vendió más títulos, pero la gran concentración de estos en un territorio muy pequeño (tan solo en la capital del Maresme llegaron a haber hasta 15.000 afectados) provocó un efecto mediático, convirtiendo Mataró, también, en la «capital de las preferentes».

La Caixa d'Estalvis de Mataró fue fundada en 1863 por Josep García Oliver y, como todas las cajas de ahorros, estaba pensada para fomentar el ahorro entre las clases populares. Un siglo más tarde, a finales de la década de los 60, pasó a denominarse Caixa Laietana e instaló un rótulo luminoso en la plaza de las Glòries de Barcelona. Aquel gesto sería toda una declaración de intenciones de lo que vendría a partir de entonces. No en vano, fue el primer paso para salir de su territorio tradicional.

La liberalización que en 1977 supuso la ley Fuentes Quintana haría el resto. Los responsables de la caja mataronesa no quisieron ser menos que sus competidores y con el paso de los años empezaron a abrir oficinas por media Catalunya así como en Madrid.

Sin embargo, si hasta aquel momento el devenir de la entidad seguía, más o menos, los mismos derroteros que el resto de cajas, el nombramiento en 1976 de Pere Antoni de Dòria como director general de la entidad, supuso el inicio de un dilatado liderazgo de tres décadas -caso único en el Principado- hasta su jubilación en el 2008.

La figura y personalidad de Dòria marcaría el transcurso de Caixa Laietana. Sus formas, mucho más suaves que las de su sucesor Josep Ibern, no evitaban que tuviera un férreo control de una entidad que sus críticos -que no eran pocos- aseguran que dirigía como si fuera de su propiedad. Así, las acusaciones de nepotismo y caciquismo fueron constantes. Y las de opacidad, también.

La llegada en el 2008 de Josep Ibern -el delfín natural de Dòria, no en vano era el director adjunto- supuso un cambio de estilo, mucho más agresivo. El ímpetu y competitividad del nuevo dirigente asustaba a los que sufrieron en sus carnes sus constantes cambios temperamentales. Aquel carácter imprevisible ayuda a entender las aventuras inmobiliarias arriesgadas en unos años en que se gestaba la peor crisis financiera de la historia.

La dirección de Ibern empezó su particular vía crucis en el 2009 con la tercera emisión de preferentes de la entidad, por valor de 27 millones de euros. El dinero enterrado en promociones inmobiliarias sin sentido -fue una de las cajas que más apostó por el ladrillo, llegando a participar en aventuras empresariales en países lejanos- hizo que necesitara aumentar sus recursos propios.

A pesar de la expansión y progresiva pérdida de arraigo local, para muchos ciudadanos de Mataró Caixa Laietana siempre supuso el lugar donde habían tenido siempre sus ahorros. Además, trataban con unos trabajadores que, en algunas ocasiones, llevaban muchos años en la entidad y a los que veían como personas de máxima confianza.

Aquellas relaciones personales, la concentración de clientes en un territorio como el Maresme, unido al hecho que se informó erróneamente a los trabajadores sobre el tipo de producto que en realidad eran las preferentes (durante años los manuales decían que iban destinadas a clientes «con aversión al riesgo») fue un cóctel explosivo que acabó con 15.000 afectados y el consiguiente escándalo. Hoy, de las 10 cajas de ahorro que había en Catalunya hace una década, ya no queda ninguna, pero el final más triste de todos fue el de Caixa Laietana.