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LA CAÍDA DE LA AEROLÍNEA DE 'BANDERA' DE BARCELONA

Spanair: a 5 minutos del objetivo

Ferran Soriano, expresidente de Spanair, y algunos de sus accionistas defendieron que el proyecto estuvo cerca de cuajar

MAX JIMÉNEZ BOTÍAS / BARCELONA

En resumen: Spanair se quedó muy cerca de llevar a cabo el gran proyecto de convertir el aeropuerto de El Prat en un gran hub (nudo de conexiones) intercontinental que pretendía la sociedad catalana. «Estuvimos a cinco minutos de alcanzar el objetivo». «Fue cuestión de días». «Lo intentamos». «Lo hubiéramos vuelto a intentar». «Pero no salió». Ferran Soriano (expresidente); Miquel Martí (exconsejero en representación del sector privado -Femcat-) y Josep Lluís Bonet Agustí Cordón (exconsejeros en representación del sector público -Fira de Barcelona-) comparecieron ayer ante la comisión parlamentaria que investiga la quiebra de la aerolínea para explicar que lo dieron todo por el aeropuerto barcelonés y la compañía que debía ser bandera de Barcelona.

Y si la cosa no salió fue por imponderables que no estaban en su mano controlar. Desde el precio del petróleo, pasando por el proceso de reestructuración hasta el más importante y definitivo: la denuncia (taimada fue el adjetivo que no se escuchó en la sesión, pero que se pudo interpretar de su valoraciones) que presentaron Vueling y Ryanair ante la Unión Europea (UE) en la que acusaban a Spanair de recibir ayudas de Estado, lo que sumergió a la compañía en un procedimiento de competencia con Bruselas que, de hecho, tardó dos años en resolverse. En contra de los denunciantes. Pero para entonces ya se había acabado el tiempo.

«Hay una razón para explicar el fracaso. Y es que sabiendo que la denuncia no iba a prosperar la presentaron igualmente; la responsabilidad las tiene ellos», respondió Martí a una de las preguntas de los portavoces de la comisión. En su defensa destacó que ninguno de los casos de inversión pública en compañías aéreas en Europa se ha considerado ayudas de Estado, inaceptables para Competencia. Lo cierto es que en este caso también ocurrió así. Pero tuvo un efecto devastador para Spanair, que había ultimado ya la entrada de Qatar Airways. Aportaría 150 millones por el 49% del capital y otros 150 millones en una segunda fase para llevar a cabo la fase definitiva de internacionalización de la aerolínea.

Reacción a la demanda

Qatar se echó para atrás después de conocer la demanda. Incluso el CEO de la compañía Akbar Al Baker fue a Barcelona a explicar porqué no podían entrar en Spanair: «No podemos ponernos en contra a la Unión Europea», justificó. Con esta decisión se rompió también el pacto con la Generalitat. El Govern garantizaba la financiación de Spanair mientras no se encorporaba el accionistas industrial. «La Generalitat cumplió el compromiso», reconoció Soriano. El sector público había aportado 180 millones hasta la fecha. Podía haber seguido. «Con 100 millones más hubiéramos podido aguantar hasta encontrar un nuevo socio», conjeturó.

Pero estábamos ya en el 2012. Los tiempos no estaban para dispendios. Tampoco los empresarios querían arriesgar más. «Pusimos 24 millones de euros en estas operación y los hemos perdido», contó Martí. De igual forma Bonet planteó: «Asumimos el riesgo que podíamos contraer. Valía la pena hacerlo por de Barcelona y la Fira. Pero no pudimos ir más allá».

No hay más responsabilidades que asumir, concluyeron. «Si hubiéramos tenido solo el 20% de las ayudas publicas que tuvo Iberia, habríamos construido un hub en Barcelona», aseguró Soriano.

Lástima que un proyecto con tantas posibilidades no encontrara un socio que confiara en él. Alguien se equivocó.

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