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EFECTOS DE LA CRISIS ENERGÉTICA

El desplome del precio del petróleo pone en riesgo el 'fracking' en EEUU

La industria adelgaza con recortes de plantilla y la parálisis de algunos proyectos de exploración

RICARDO MIR DE FRANCIA / KARNES CITY (TEJAS)

En un establecimiento de créditos rápidos del suroeste de Tejas, la dependienta hace una pausa en la conversación para mirar el precio del barril de petróleo en su teléfono. «Nos pasamos así todo el día, pendientes de los precios aunque no tengamos intereses directos en el negocio», dice Tricia Ramírez, una mujer menuda con varios crucifijos tatuados en el antebrazo. La escena se repite en el Ayuntamiento y en el banco. Es ya un tic cotidiano en estos pueblos del Eagle Ford Shale. Miles de empleos directos e indirectos dependen aquí de la evolución de los precios del petróleo, así como las regalías que reciben las familias que han cedido a las petroleras los derechos de explotación de sus tierras.

La caída de los precios del barril, que ha perdido más de la mitad de su valor en los últimos siete meses, está poniendo a prueba a la industria del shale estadounidense: el petróleo y el gas natural que se extrae de la roca de pizarra o esquisto en pozos horizontales y por medio de la fracturación hidráulica (fracking). Estas técnicas han convertido de nuevo a EEUU en una superpotencia energética. Pero el petróleo de esquisto es caro de producir. Mientras el coste de un barril en Arabia Saudí no llega a los 10 dólares, en el Eagle Ford tejano o en el Bakken de Dakota del Norte, oscila entre los 49 y los 75 dólares, según Bloomberg.

DUDAS SOBRE LA VIABILIDAD

Con el West Texas, el barril de referencia en EEUU, cotizando en torno a los 48 dólares, han surgido dudas sobre la viabilidad del petróleo de esquisto. «Habrá algunas quiebras, especialmente entre las compañías más pequeñas y endeudas, pero las grandes aguantarán bien», afirma Michael Webber, director adjunto del Instituto de Energía en la Universidad de Tejas. Así ha sucedido ya con la australiana Red Fork y la tejana WBH, dos empresas jóvenes y muy apalancadas, que han quebrado en el último mes y medio. Pero se espera que la hemorragia se acelere a medida que venzan los contratos de futuros con los que muchas compañías se protegen de las oscilaciones de precio y se impongan las nuevas condiciones del mercado. También se auguran fusiones y absorciones. Los peces grandes se comerán a los pequeños.

«Lo que estamos viendo es una reducción generalizada en la perforación de pozos y los proyectos de exploración de recursos, así como algunos recortes de personal», asegura el ingeniero de minas y profesor de Finanzas en la Universidad de Tejas A&M, Detlef Hallermann. Para este año, Goldman Sachs prevé una caída del 15% en la inversión en el sector petrolero de EEUU. La consultora londinense Capital Economics lo eleva al 65% en los primeros seis meses del año.

«Se va a ir sobre seguro. Los proyectos de alto riesgo y costosos se dejarán para otro momento», sostiene Ed Ireland, representante de la industria en el Barnett Shale, la formación del norte de Tejas, rica en gas natural, donde el fracking comenzó a ser rentable allá por el 2002. El número de pozos aprobados en noviembre cayó un 40% respecto a octubre, una demostración del repliegue de la industria.

AUMENTO DE PRODUCCIÓN

La caída de los precios del crudo es fruto del exceso de oferta en el mercado, a lo que ha contribuido decisivamente el espectacular aumento de la producción en EEUU. Gracias a la revolución del fracking, ha pasado a producir nueve millones de barriles diarios desde los cinco millones que producía en el 2008. Pero también ha sido crucial la decisión de Arabia Saudí y la OPEC de mantener sus niveles de producción. Algunos analistas han visto en esa decisión un intento de hundir a la industria del fracking o de castigar a Irán, su archienemigo en Oriente Próximo. Pero muchos otros compran la versión oficial y creen que Riad está simplemente protegiendo su cuota de mercado ante la competencia de Washington y Moscú, cuya producción ha vuelto a niveles que no se veían desde la desintegración de la URSS.

En los pueblos del Eagle Ford Shale, los recortes en la industria empiezan a notarse. Hay menos empleo y, después de mucho tiempo, los hoteles vuelven a tener habitaciones disponibles, copadas hasta hace poco por la avalancha de trabajadores. Las reducciones de plantilla están a la orden del día. Halliburton despedirá a 1.000 trabajadores; Baker Hugues a 250 o el 5% de su plantilla. Schlumberger, la mayor empresa mundial de servicios petroleros, a 9.000 en todo el mundo.

Pero el sector está tranquilo. La agencia de la Energía de EE UU predijo recientemente que la producción de crudo aumentará este año un 7,4% para alcanzar los 9,3 millones de barriles. Es decir, crecerá menos de la mitad que en el 2014, pero seguirá engordando, lo que disipa los temores de un hundimiento de la industria a corto plazo. «Si los precios actuales se mantienen durante mucho tiempo harán daño. Pero también forzarán al sector a reducir costes y ser más eficiente. Al final seremos más competitivos», afirma el geólogo, Larry Brogdon, cofundador de Four Sevens, una de las empresas pioneras en el fracking.