El factor 'fracking'

La revolución energética que vive Estados Unidos altera los mercados internacionales con un fuerte aumento de la oferta de petróleo Los bajos precios son un desafío para la industria

Un trabajador observa una de las máquinas de fracturación hidráulica en Rifle (Colorado).

Un trabajador observa una de las máquinas de fracturación hidráulica en Rifle (Colorado). / AP PHOTO / BRENNAN LINSLEY

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RICARDO MIR DE FRANCIA / WASHINGTON

No hay nada que haga tan felices a los estadounidenses como la gasolina barata y, por primera vez desde el 2010, han visto como el precio del galón (3,8 litros) caía por debajo de los tres dólares (2,4 euros). Si bien son muchos los factores que han influido en la caída sostenida de los precios internacionales del petróleo desde principios del verano, pocos analistas se atreven a obviar el impacto que está teniendo el aumento espectacular de la producción en Estados Unidos. En el último año ha crecido el 18% y, si se cumplen las predicciones de la Agencia Internacional de la Energía, será a partir del 2015 el mayor productor mundial de petróleo.

Este país vive una auténtica revolución energética desde que empezó a aplicar a gran escala en la última década una serie de técnicas innovadoras para extraer gas y petróleo en la rocas de esquisto situadas debajo de la superficie. Técnicas como la fracturación hidráulica (fracking), que consiste en inyectar toneladas de agua, grava y productos químicos a presión para liberar las burbujas de hidrocarburos y empujarlas a la superficie, han acercado a EEUU a la codiciada autosuficiencia energética. Su producción de petróleo ha alcanzado unos niveles desconocidos desde hace tres décadas.

Ronda actualmente los 8,7 millones de barriles diarios y cada vez son más las voces partidarias de levantar la prohibición para exportar crudo, vigente desde el embargo petrolero árabe que siguió a la guerra del Yom Kippur en 1973. Estados como Tejas, Dakota del Norte, Alaska y Oklahoma son la zona cero de esta nueva fiebre del oro. Se han fundado pueblos nuevos para acoger a las oleadas de trabajadores, y en villorrios de Dakota las casas se alquilan a unos precios equiparables a los de Nueva York.

Pero el reciente desplome del petróleo, cuyos precios se fijan en los mercados internacionales de acuerdo con las leyes de la oferta y la demanda, ha puesto a esta industria en una posición complicada. Producir aquí un barril de crudo cuesta unos 62 dólares de media, según la consultora noruega Rystad Energy, más del doble que  en Oriente Próximo. De modo que si los precios actuales se mantienen, la producción podría ralentizarse. «Va a ser muy interesante ver cuánto tiempo cuánto tiempo continúan los productores estadounidenses extrayendo a los elevados niveles actuales con estos precios», le dijo a NPR, Magnus Nysveen, jefe de analistas de Rystad.

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La revolución energética estadounidense está llamada a alterar a medio plazo los equilibrios geopolíticos, ya que su dependencia del petróleo de Oriente Próximo, de Rusia o de Venezuela se reducirá sensiblemente. El próximo año solo importará un 28% de lo que necesita para cubrir su demanda doméstica, cuando en el 2005 importaba el 60%. Por eso existen muchas suspicacias sobre el papel que otros productores internacionales están desempeñando actualmente.

Algunos interpretan en EEUU el aumento de la producción saudí como una maniobra para abocar a la bancarrota a algunas petroleras estadounidenses. No es la única incertidumbre que rodea al fracking. Aumenta la concienciación sobre sus riesgos medioambientales y hace solo una semana, Denton se convirtió en la primera ciudad tejana en prohibir la fracturación hidráulica.