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ADIÓS AL PATRÓN DEL SANTANDER

La última cena de Botín

"No hay sucesión en el banco, me siento con fuerzas", dijo el viernes durante un encuentro privado con periodistas

OLGA GRAU / BARCELONA

Emilio Botín llegó al histórico palacete Casa Manzoni de Milán pocos minutos después de las nueve de la noche del pasado viernes. El patriarca del Santander voló en su avión privado a la capital italiana con motivo del Gran Premio de Italia de la Formula 1 que se iba a celebrar el domingo siguiente en el circuito de Monza. Como patrocinador de la escudería Ferrari, Botín siempre aprovechaba estos eventos deportivos del motor en cualquier sitio del mundo, desde Brasil hasta Italia, para verse con clientes, directivos del banco, políticos, deportistas, prensa, e incluso miembros de la Iglesia, para vender la marca del banco, con su pasión habitual.

El viernes pasado, precisamente, el presidente del Santander había  convocado una cena privada con un reducido grupo de periodistas españoles, colectivo con el que se prodigaba muy poco. Le aguardábamos en el patio empedrado del majestuoso edificio del siglo XVIII en el que vivió y falleció el gran poeta y novelista Alessandro Manzoni.

Entró, como siempre, dando decididas zancadas, ataviado con camisa blanca, zapatos deportivos y unos pantalones de un intenso rojo, el color corporativo del Banco Santander que lucen todos los directivos en alguna de sus prendas, especialmente en la corbata si la vestimenta indicada es el traje. No era el caso.

Con una amplia sonrisa y su tez siempre bronceada de jugar al golf, mostró a sus invitados un par de fotografías en las que aparecía él, vestido con la equipación del Juventus, tras jugar un partido amistoso en el campo del equipo de Turín con la alta dirección del grupo automovilístico Fiat, propietario de la marca Ferrari. Era su manera particular de demostrar que a sus 79 años de edad, seguía en plena forma. Eso le preocupaba, sobre todo después de la abdicación del Rey Juan Carlos, contemporáneo a él.

TESTIMONIO

Botín era un hombre disciplinado, practicaba deporte y llevaba una dieta sana. Cuando viajaba a la otra punta del mundo mantenía el horario español, no cambiaba el reloj, para que no le afectara el jet lag, y las reuniones se adaptaban a su agenda. Pero esa noche en Milán, la última cena pública antes de su muerte, Botín estuvo espléndido, y casi como en una premonición de la necesidad de dejar testimonio de sus ideas, alargó el encuentro tres horas, hasta pasadas las once de la noche, algo totalmente inusual en el banquero. Lució una vitalidad envidiable y gran lucidez, opinó en positivo sobre el Gobierno y la economía, repasó la estrategia del banco, respondió a las preguntas de los periodistas y, sobre todo, preguntó.

Quería conocer las opiniones sobre los temas que le preocupaban, especialmente sobre el auge de Podemos, el partido de Pablo Iglesias, en detrimento de los dos partidos que históricamente se han repartido el poder en España, el PP y el PSOE, y que a su entender garantizaban la estabilidad del país. "Es muy malo para España que crezcan opciones radicales", opinó.

INDEPENDENCIA

El segundo gran tema que le ofuscaba era el separatismo catalán, ante el que se mostraba totalmente contrario. Convencido de que no se llevará a cabo la consulta sobre la independencia por ser ilegal, Botín se mostró partidario de que el Gobierno negocie con Catalunya una mejora de la financiación o algún acuerdo que facilite el acercamiento entre Mariano Rajoy y Artur Mas, pero siempre después del 9-N. "Antes de esa fecha, nada", zanjó.

El banquero mostró su preferencia por sostener a CiU, ante la posibilidad de que su desgaste alimente otras opciones como ERC o Podemos. "La independencia sería mala para todos". Sobre el escándalo de la familia del expresident Jordi Pujol por la ocultación de fondos en Andorra, Botín pasó de puntillas y, en cuanto a la economía, rezumó vitalidad. "Falta todavía, pero España va por el buen camino, se han hecho las reformas", aseguró.

Botín quiso reflejar la profunda crisis que ha vivido la economía y avanzó que el Santander volverá a ganar el mismo dinero que obtenía en el 2008 , alrededor de los 10.000 millones, en el 2019. "Son once años perdidos, pero siempre hemos dado dividendo", dijo orgulloso.

Entre las cosas que más le ilusionaban y que sentía como logro propio estaba la expansión del banco en América Latina, especialmente en Brasil, y la buena marcha del grupo en Gran Bretaña, con planes de salir a bolsa. A la pregunta de por qué se había dejado perder la oportunidad de comprar bancos en España durante la reestructuración del sistema financiero, Botín fue muy claro. "No nos ha interesado". Tampoco Catalunya Banc, por la que se hizo una oferta muy baja. Lejos de mostrar preocupación por la pérdida de cuota de mercado en su mercado de origen, el presidente del Santander se mostró convencido de que el banco crecerá de forma orgánica.

RELEVO

Llegados a los postres de milhojas de chocolate, que degustó con apetito, la periodista que firma esta crónica, sentada a la izquierda del banquero, le preguntó si, como buen gestor, tenía planificada su sucesión al frente del banco. Botín respondió con gallardía, a pesar de que la pregunta le irritaba. "No hay sucesión en el banco, me siento con muchas fuerzas", respondió Botín.

Quiso dejar claro que su ilusión trascendía el plano laboral. "Esto no es un trabajo para mí, me divierto, espero seguir muchos años más, el banco tiene su consejero delegado". Botín, que finalizó la cena con una copa de whisky, reconoció que nadie en el banco se atrevía a formularle esta pregunta. "Si me la hacen los echo", bromeó entre risas.

El banquero no se encontró bien al día siguiente y canceló una cena en Milán. El domingo no asistió a la carrera de Fórmula 1 y voló a Madrid para participar en el comité de dirección de los domingos. Ayer por la mañana, temprano, un infarto le alcanzó en el despacho de su casa mientras hacía lo que más le gustaba, trabajar para el banco.

Temas: Emilio Botín

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