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Panrico como paradigma

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Jordi Alberich
Jordi Alberich

Economista

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Hace ya años tuve la oportunidad de coincidir en diversas ocasiones con Andreu Costafreda, fundador de Panrico. Me impresionó la emoción y compromiso con que hablaba de su empresa, y se entiende: de la nada creó Panrico y la consolidó como la empresa líder en su sector, y como uno de los iconos empresariales de aquellas décadas. Tras su fallecimiento, sus herederos vendieron la empresa a una sociedad de capital riesgo y, al poco, la compañía entró ya en una espiral que la ha llevado a esta crisis tan profunda. La actual dirección de la compañía, propiedad de otra firma de capital riesgo, plantea despedir a casi la mitad de la plantilla y recortar los salarios una media del 40% a los afortunados que preserven su empleo.

Se argumenta que la crisis es consecuencia de la irrupción de las marcas blancas y de errores estratégicos en la redefinición de los productos. Sin duda todo cuenta, pero la agonía de Panrico es, esencialmente, una muestra más de las derivas incomprensibles del capitalismo de nuestros tiempos.

Panrico responde a la perfección a esa transformación que representa pasar del capitalismo de base industrial, en que el accionariado tiene rostro y se compromete a largo plazo con la empresa, al capitalismo de unos fondos de inversión de cara desconocida, desapegados afectivamente de la compañía, a la que consideran como un instrumento para obtener plusvalías lo antes posible. Y eso es, esencialmente, lo que ha sucedido a esta, y otras compañías, empujadas a obtener una rentabilidad desproporcionada e inmediata. Una muestra, también, de esta dinámica, ha sido el continuo trasiego de accionistas y directivos.

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Operaciones especulativas como la compra de Panrico ya no se dan porque ha desaparecido el dinero abundante y barato que sustentaba esas prácticas. Pero, a medida que vaya regresando ese dinero, viviremos episodios similares porque la cultura que subyace no ha variado. Tras ese capitalismo especulativo se encontraban conceptos vacuos, generados en escuelas de negocio, como talento o creación de valor. Una persona con talento era aquella capaz de generar valor en poco tiempo. Es decir, por ejemplo, aquella capaz de comprar una compañía como Panrico y venderla lo antes posible con una plusvalía monumental. En vez de aprovechar la crisis para revisar esos comportamientos, ahora nos hemos inventado otro concepto para explicarla.

Los mismos personajes, aquellos con talento, dicen que la crisis es consecuencia de la ausencia de una cultura del esfuerzo en nuestra sociedad. Es decir, que la culpa es de los ciudadanos porque no se esfuerzan lo suficiente. No creo que Andreu Costafreda lo viera de esa manera. Y, en cualquier caso, con él al frente Panrico la empresa no estaría como está.