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Análisis

Seamos serios, Mr. Rehn

ANTÓN COSTAS

La Comisión Europea se parece cada vez más a una jaula de grillos. Tiene un serio problema de credibilidad y legitimidad democrática. A lo largo de esta crisis ha fallado en sus decisiones y ha sido fuente de rumores sobre países con problemas. Esta conducta irresponsable tiene un fuerte impacto sobre la vida cotidiana de muchos ciudadanos.

He comenzado a escribir basándome en informaciones que señalaban que según «fuentes comunitarias» a final de mes el comisario europeo de Economía y vicepresidente de la Comisión Europea, el finlandés Olli Rehn, propondría poner a España bajo «vigilancia» por los «graves desequilibrios económicos» que padece. En particular, por el elevado paro.

Cuando estoy escribiendo, me llegan nuevas informaciones que indican que el portavoz comunitario de Asuntos Económicos y Monetarios de la Comisión ha señalado que no se puede dar certeza a «decisiones que aún no se han tomado».

Por si acaso, analicemos las razones de una posible decisión de este tipo. Partamos de tres hechos.

Primero, la recesión y el elevado paro español es, en gran parte, la consecuencia directa de la austeridad y reducción rápida del déficit que se ha impuesto desde la Unión Europea. Ha sido un desastre. Ha asesinado el crecimiento y elevado el paro.

Cuando el señor Rehn se lamenta del elevado paro, se comporta como el parricida que le pide al juez que tenga clemencia con él porque es huérfano. Como si no fuese responsable de esa situación.

Segundo, los desequilibrios (paro, déficit exterior, exceso de deuda privada) no son consecuencia de falta de competitividad, como sostiene la Comisión. Cae en una trampa de razonamiento muy frecuente: confundir la coincidencia de dos problemas con la existencia de causalidad entre ellos. Los desequilibrios son consecuencia directa de la crisis financiera del 2008.

Tercero, los desequilibrios de la cuenta corriente (exportaciones menos importaciones) se están corrigiendo de forma acelerada. Por otro lado, la mejora de la competitividad, como resultado de las reducciones salariales, es reconocida por empresarios e inversores.

Si, a pesar de todo esto, el comisario Rehn acaba poniendo a España bajo «vigilancia», habría que concluir que está sometido al síndrome de culpabilidad. Ha tenido que conceder dos años más de plazo para reducir el déficit, pero no quiere reconocer que la austeridad ha sido un rotundo fracaso. La forma de encubrirlo sería el nuevo mantra de la «vigilancia». Seamos serios, Mr. Rehn.

En todo caso, ¿cuáles serían los efectos? Los económicos probablemente pocos. Pero los políticos serían claros: dejar al presidente Mariano Rajoy a los pies de los caballos. Un Gobierno títere sin soberanía alguna.

Hace unos días, Martín Wolf responsable editorial del influyente Financial Times, señalaba que es preocupante la indiferencia hacia la democracia que están manifestando los responsables europeos. Ven a la UE como una máquina para imponer la voluntad de los países más fuertes, más que un instrumento democrático. Estoy de acuerdo.

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