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El impulsor

Que la miel no empalague

Enrique Bañuelos ha sido un promotor de éxito desde que empezó en la Comunidad Valenciana a la sombra de Eduardo Zaplana. Su mayor habilidad, saber abandonar a tiempo

JOSEP-MARIA URETA
BARCELONA

¿Cuál fue la hazaña bursátil entre mayo del 2006 y abril del 2007? Que el valor de las acciones de una inmobiliaria pasó de 6,7 euros por título a 75. ¿Y quién se enriqueció más con tanta diferencia? Enrique Bañuelos de Castro, natural de Sagunto, de 46 años, casado con una inspectora de Hacienda, dos hijas. Y como la acción de Astroc llegó después a dos o tres euros, ¿estamos ante un resignado Job afirmando «el mercado me lo dio, el mercado me lo quitó»? Tampoco.

Vayamos a la biblia del millonario, la revista Forbes. En marzo decía que Bañuelos era el billionaire (más de mil millones de dólares) número 854 del mundo. Que es un hombre hecho a sí mismo (self made), aunque es licenciado en Derecho, y que su campo de actuación es el inmobiliario. Luego hay que buscar al mismo personaje en Forbes de cinco años antes.

Cuentas oscuras

Entonces el emprendedor ocupaba un brillante 95º puesto mundial de millonarios, la tercera fortuna de España tras Amancio Ortega (quien, por cierto, en enero del 2007 ganó un 55% especulando con acciones de Astroc) y el fallecido Rafael del Pino. La publicación le calculaba 7.700 millones de dólares. En la reseña actual se informa que «perdió 6.400 millones entre rumores de haber hinchado las cuentas de la compañía».

Aunque el mérito de Bañuelos es, con perspectiva, el de no haber acabado tan hundido como otros especuladores inmobiliarios de la época como Luis Portillo, Luis del Rivero, Fernando Martín. Bañuelos se ha recuperado mucho mejor.

Eso sí, un ejercicio de rastreo en internet de sus principales datos empresariales requiere la lectura de una nota que advierte de que una empresa especializada en contenidos de internet se ha encargado de reordenar su imagen con noticias positivas, biografía oficial y entrevistas a medida. Con un poco de esfuerzo, no obstante, también se puede saber que Bañuelos fue procesado por el juez Baltasar Garzón en el 2007 por supuesto fraude al manipular los resultados de Astroc del 2006 (dijo 90 millones y era la mitad) y fue absuelto cuatro años más tarde. Otra denuncia en un juzgado de Barcelona por enriquecimiento ilícito por información privilegiada en la opa entre las inmobiliarias (hoy, caídas) Martinsa y Fadesa se sobreseyó.

La irrupción de Bañuelos en el mundo inmobiliario fue temprana. Antes pasó una infancia difícil tras la muerte de su padre en un accidente en los astilleros de Sagunto. Con las ayudas para la reindustrialización creó la empresa alimentaria Miel de Luna. Debió de aprender el arte de no empalagarse.

Ley anómala

A principios de la década de 1990, a la sombra del gran impulsor del enladrillado de la costa levantina, Eduardo Zaplana, Bañuelos creó Astroc, realizó una política agresiva de compras de empresas competidoras y se aprovechó como pocos de la polémica ley valenciana reguladora de la actividad urbanística que permitía la promoción en solares rústicos aunque el constructor no fuera el propietario, con permiso de la Generalitat. La ley fue al Tribunal de Estrasburgo.

El periodo 2006-2007 convirtió a Bañuelos de personaje desconocido a famoso, de los retratados en series televisivas. Sabía ser generoso en los patrocinios. En el 2005 la Fundación Astroc y Bancaja (hoy la segunda pata quebrada de Bankia, tras Caja Madrid) obtuvieron el premio como mejores mecenas de Instituto Valenciano de Arte Moderno. En busca de pedigrí, Bañuelos llegó a primer accionista de Banc Sabadell, al que compró su inmobiliaria Landscape. La inversión se deshizo más tarde, cuando Bañuelos ya había emprendido una discreta desaparición de escena, sin empalago.

Su paso por EEUU mantuvo su reconocida capacidad de ganar voluntades y vender grandes proyectos, como una Spanish Tower que nunca se levantó, pero que se celebró con paella para 20.000 personas en Central Park. La frase del día: «Me dejas desnudo en Central Park y al día siguiente paseo en limusina por la 5ª Avenida».

Siguiente parada del gran promotor, Brasil y la ciudad de Sao Paulo, donde se replica el modelo levantino: buscar socios locales, comprar empresas en dificultades y agruparlas, impulsar grandes proyectos inmobiliarios y vender antes del empalago. Su empresa Agre (A de Amazonas) no pudo afrontar el endeudamiento y acabó fusionada con otra mayor (PDG). También entró fuerte en los campos del biodiésel, la soja y el algodón. E igual que empezó, con ascensos en bolsa y la admiración social (esos artículos sí siguen en internet), se fue: vendió a buen precio, mantuvo algunas inversiones y regresó al mercado español, manteniendo el nombre de su empresa Veremonte, y el domicilio en Londres.

Socio vital

Y vuelta a empezar con el mismo modelo: compra en bolsa de un paquete de la tecnológica Amper, búsqueda de nuevas inversiones, la última un poco más al norte de sus playas del Levante. En todo el proceso ha sido su estratega Xavier Adseràs, que empezó en el grupo financiero catalán Riva y García y presidió a los analistas financieros españoles hasta que puso en práctica sus conocimientos teóricos en Astroc y Natracéutica.

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