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La reestructuración del sistema financiero

Ordóñez interviene el Banco de Valencia un día después del 20-N

Olivas dimite como vicepresidente de Bankia y no recibirá indemnización

El Banco de España toma las riendas de la entidad, que registrará una mora del 20%

PABLO ALLENDESALAZAR
MADRID

El Banco de España tenía pendiente desde hace días la intervención del maltrecho Banco de Valencia, pero no quería que la operación enturbiase la campaña. Apenas un día después de las elecciones, el supervisor gobernado por Miguel Ángel Fernández Ordóñez tomó ayer el control de la entidad, cuyo principal accionista es el Banco Financiero y de Ahorros (BFA, la matriz de Bankia).

La institución levantina, según fuentes cercanas, debe afrontar un saneamiento urgente de unos 800 millones de euros (unos 560 millones ya detectados en provisiones para cubrir créditos tóxicos contabilizados como sanos y 250 millones en préstamos al corriente de pago que podrían dejar de estarlo y que también hay que cubrir). Ello provocará que su mora trepe del 7,4% del cierre de junio hasta, como poco, el 20%.

Buena parte de estos activos mal contabilizados corresponde a actividades de promoción inmobiliaria y participaciones en empresas del mismo sector. Para que la entidad no quiebre, el Fondo de Reestructuración Ordenada Bancario (FROB) le va a inyectar hasta 1.000 millones de capital. Además del quebranto que le provocarán los 800 millones en provisiones, la solvencia está por debajo de los mínimos legales, que es la causa de la intervención.

DEPÓSITOS GARANTIZADOS / El fondo público también facilitará a los interventores una línea de crédito de 2.000 millones, ya que la publicación de los problemas del banco en la prensa y la rebaja de su calificación crediticia le ha provocado «tensiones de liquidez» y una cierta fuga de depósitos (en cualquier caso inferior a 1.000 millones).

La intención del Banco de España es elaborar un plan de reestructuración (recorte de oficinas y de parte de sus 2.225 empleos), sanear la entidad y subastarla lo antes posible. Pero no será fácil. «No está el patio para esperar milagros», apuntan las fuentes. En una nota, el supervisor pidió tranquilidad a los depositantes y acreedores del banco y les recordó que la intervención garantiza que la entidad cumplirá «todas sus obligaciones». El supervisor ha apartado a los gestores de la entidad levantina -que formalmente fueron los que pidieron su sustitución- y ha colocado en su lugar a tres ejecutivos bancarios en nombre del FROB.

Una de sus primeras misiones será elaborar los resultados del tercer trimestre, ya que los gestores anteriores habían retrasado su publicación. El banco declaró un beneficio de 16,7 millones hasta junio, pero dará pérdidas millonarias a partir de ahora por los saneamientos que debe efectuar la entidad.

GOLPE EN BANKIA / La principal víctima de todo este proceso, en cualquier caso, ha sido José Luis Olivas, expresidente de la Comunidad Valenciana con el PP y vicepresidente de BFA y Bankia en su condición de máximo responsable de la valenciana Bancaja (una de las cajas de la fusión liderada por Caja Madrid). El ejecutivo se vio forzado ayer a presentar su dimisión de los dos bancos liderados por Rodrigo Rato.

La participación del BFA en el Banco de Valencia (27,3%) es una herencia de Bancaja. De hecho, Olivas presidía el banco levantino hasta el pasado 28 de octubre, cuando por sorpresa y sin avisar a Rato, dimitió del cargo y nombró sucesor a Aurelio Izquierdo, exdirector general de Bancaja. Esta traición y los problemas de la entidad ayer intervenida llevaron a Rato a presionarle para que dimitiera en BFA y Bankia, pero Olivas trató de pactar una indemnización a cambio. Finalmente, no recibirá ninguna compensación.

El Banco de Valencia tiene un valor en libros anterior a la intervención de unos 1.200 millones de euros. Si el Banco de España le otorga un valor cero, como hizo con la CAM, tendría un impacto negativo de unos 327 millones de euros en el BFA. Según fuentes del mercado, el banco de Rato podría periodificar el perjuicio en un par de años, con lo que suavizaría aún más un impacto que en cualquier caso es limitado y asumible para la entidad.