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PERFIL DE UN MITO

Steve Jobs, el revolucionario que además vendía

Fundó Apple y le echaron de su propia empresa pero fue capaz de volver y convertirla en la segunda compañía más valiosa del mundo

CARMEN JANÉ / Barcelona

“Un hombre que cambió la tecnología no solo una vez sino muchas, no solo en un sentido sino en varios”. La cita es de Walter Mossberg, el analista estrella del Wall Street Journal y uno de los poquísimos periodistas que tiene vía directa con el fundador de Apple. Esta madrugada, cuando se ha conocido la muerte de Steve Jobs, añadió: "Y vendía, tío, además vendía". Porque no solo fue un visionario, sino que hizo que los demás entendieran en qué consistía la innovación y pagaran por ella.

Steve Jobs creó Apple en 1976 para “intentar cambiar el mundo”. Y estuvo al pie del cañón hasta que ya no pudo más. El pasado 24 de agosto cedió las riendas del día a día, pero también de lo que hasta entonces había sido su vida, su hijo, su proyecto. Jobs era un jefe exigente y controlador, que no dejaba nada sin que en algún  momento pasara por sus manos. Para ceder el control de Apple a Tim Cook --que este martes se estrenaba como conductor de una keynote, sus famosas conferencias para presentar producto--, tuvo que ponerlo a prueba varias veces. Se jugaba su legado el hombre que comenzó relacionandonos gráficamente con un ordenador y nos hará hablar con nuestro teléfono.

Jobs ya sabía lo que es perder aquello con lo que disfrutas y verte relegado por ello. Pero también lo que Alan Dutchman, uno de sus biógrafos, llamó con fortuna "la segunda llegada", en referencia a la profecía del Anticristo: el regreso, la demostración de que el exilio sirvió para algo y de que la penitencia tiene su recompensa.

La empresa más valiosa del mundo

Hizo el más difícil todavía: tomar una compañía que estaba a un paso del cierre y situarla como la segunda empresa más valiosa del mundo después de Exxon. Este agosto, Apple valía en bolsa más que todos los bancos de la zona euro, aunque quizá decir esto ahora no sea decir mucho.

A los 40 años (ha muerto con 56), Jobs decía que todavía no había hecho lo que quería hacer. Era 1996 y acababa de volver a Apple, nueve años después de ser despedido por el mismo gerente que él fichó: John Sculley. Empezaban sus años de gloria. Y llegaba a ellos con la mayor preparación posible: la experiencia de haber subido (y bajado) Apple, haber creado la elitista Next y haber comprado una tercera, Pixar, y llevarla a la excelencia en el cine por ordenador.

Sin estudios universitarios

Hijo de una estudiante estadounidense y un estudiante de doctorado sirio, fue dado en adopción siendo bebé con la condición de que fuera a una familia que lo enviara a la universidad. Lo crió una pareja de trabajadores, Paul y Clara Jobs, que, con mucho esfuerzo, le dieron estudios universitarios. De aquella época en Portland, Steve Jobs solo elogia las clases de tipografía, que luego sería parte importantísima en sus ordenadores, a las que asistía de oyente.

El resto, explica, se lo pasaba entre la informática del Homebrew Computer Club, una asociación local de aficionados a los cacharros varios donde conoció a Steve Wozniak, los trabajos de verano en HP y en Atari, y el local de los Hare Kishna, donde comía gratis y que daría pie a su época hippy, que incluyó desde el preceptivo retiro en la India al LSD y la vida en comuna. El hippismo colorista de los Hare Krishna nunca fue lo suyo. Jobs es budista zen y vegetariano, y ni se molestó en volver a la universidad.

Serían dos partes indisolubles en la impronta de sus empresas: la eficiencia técnica y la mística del espíritu zen. La informática se impone en un primer momento, pero siempre con un toque muy personal. Con Wozniak funda Apple en 1976, para la que se compra su primer traje y que difundirá como un vendedor de puerta a puerta. Crearían el Apple, el Apple II y el Lisa, pero todo queda casi en la intimidad de vender pocas unidades.

Mito de Apple

En 1984 ficha al director de Pepsi, John Scully, al que tienta con una frase ya mítica de la agresividad empresarial: “¿Quieres cambiar el mundo o vender agua azucarada toda tu vida?”. Fabrican el Macintosh, el primer ordenador personal de consumo con una interfaz gráfica, y comienza la guerra, esta vez contra IBM con el anuncio de Ridley Scott aludiendo al 1984 de George Orwell. Empieza el triunfo y el mito de Apple.

El de Jobs vendría más tarde. Años de altibajos de productos y decisiones empresariales después, el fundador --ya sin Wozniak en la compañía desde 1987-- se ve en la calle por discrepancias con el consejo de administración que preside Sculley. El ejecutivo, que fue el siguiente en salir por la puerta tras casi hundir la empresa, se ha pasado todos estos años contestando a la misma pregunta: por qué.  

Next y Pixar

Jobs empieza la travesía del desierto con una nueva nave: Next Computer. Conceptualmente, lo recordaría en aquel famoso discurso de graduación de Stanford como sus años más productivos. En ellos, descubrió una nueva forma de pensar los productos, conoció a su mujer y acabó fundando una familia propia (tiene tres hijos con Laurene Powell más Lisa, la hija a la que reconoció cuando estaba creando el ordenador que lleva su nombre) y reconciliándose con la suya biológica (aunque se peleó con su hermana, la escritora Mona Simpson, tras una novela, A regular guy --un tipo normal--, inspirada en él y muy poco favorecedora hacia sus costumbres).

Pero también se fue de compras (alguien que no tenía sofá en casa porque no le gustaba ninguno y que lleva años con el mismo uniforme). A medias por hacerle un favor a su amigo George Lucas --que necesita efectivo para su divorcio-- y por su propia fascinación por los productos brillantes, compró la división de gráficos por ordenador de Industrial Light and Magic, que intentaba poner recursos digitales en La guerra de las galaxias sin mucho éxito. Acababa de nacer Pixar, lo que sería uno de sus mejores negocios --aunque nunca usaran ordenadores Apple--, porque le abrió la puerta a ser el actual mayor accionista individual de Disney.

El regreso triunfal

En 1996, Apple compra Next y Steve Jobs vuelve a dirigir la compañía al año siguiente. Las cosas han cambiado y mucho. Se fue como visionario y vuelve como empresario. Su primera misión es que Apple sea eficiente y rentable, y para ello ficha como gerente a Tim Cook, el actual nuevo consejero delegado. Pero también a sus otros dos escuderos: Jonathan Ive, responsable de diseño y Phil Schiller, director de márketing.

Llegan los productos de impacto: el iMac G3, el primer ordenador translúcido de de colores, que descubre que en la informática también es importante el diseño; el iMac G4, un ordenador de pantalla ultraplana y torre en un círculo; el iPod (2001), una reinterpretación de los primeros reproductores MP3 con una tienda virtual asociada en el 2004, y en el 2007, el iPhone, el primer móvil que usaba internet como un portátil y encima era táctil.

Con él, el gran público empezó una fascinación que se extendió al iPad en el 2010 y que ha hecho de Apple un icono de tecnología pero también de diseño y moda. Y la conversión de la figura de un presidente de empresa en un icono de la cultura popular, que cita constantemente a Henry Ford: “Si hubiera preguntado a mis clientes qué querían, hubieran dicho un caballo más rápido”.

Las fuerzas de la biología

A Steve Jobs le ha pasado todo eso factura. En el 2004, poco después de anunciar la tienda iTunes, le diagnosticaron un cáncer de páncreas. Le operaron y aparentemente salió todo bien, pero la alegría no duró mucho y pasa por un trasplante de hígado que le deja tocado. Llega la enfermedad y sus fantasmas, y el divo se enfrenta a ellos, como evidencian la apertura emocional del discurso de Stanford, la planificación del plan de sucesión en Apple (con la mayor presencia de sus ejecutivos en las keynotes) cuando ni deja hablar a sus ejecutivos en una reunión con terceros y el anuncio de su biografía por parte de una persona terriblemente celosa de su vida privada.

Jobs se ha ido. Pero algo en el mundo ha cambiado. Leemos en ordenadores y en tabletas, y llevamos internet en el bolsillo. Y muchos, también una manzana. En un momento de especulación, muchos han recordado a quien supo innovar creando riqueza.