Análisis

Desconcierto europeo

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José Carlos Díez
José Carlos Díez

Profesor de economía de Icade Business  School.

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Tras año y medio de crisis griega, el mundo entero está pendiente de Europa ante el temor de que su incapacidad manifiesta para gestionarla acabe desencadenando una nueva crisis sistémica similar a la de Lehman Brothers. La presión de EEUU ha sentado muy mal en Europa, pero la realidad es que el teléfono rojo de Washington es lo único que hace entrar en razón a Angela Merkel.

Recordemos que, tras cuatro meses negando cualquier plan de ayuda, accedió a aprobar el de Grecia en mayo del 2010 después de una llamada personal de Obama a la cancillera con la bolsa de Nueva York a punto del colapso aquella noche. Hace dos semanas, cuando se filtró que los alemanes habían perdido la cabeza y tenían intención de cortar la financiación a Grecia, la intervención de Timothy Geithner también fue fundamental para presionar a los líderes europeos y evitar lo que habría sido un gran error histórico.

No obstante, los europeos hemos evitado el riesgo de crisis sistémica y parece que Merkel está convencida de reestructurar la deuda griega dentro del euro y con apoyo financiero de los socios, pero seguimos sin tener un plan claro de cómo actuar y eso se traduce en incertidumbre y elevadas primas de riesgo en los mercados. Decía Sun Tzu que «la estrategia sin táctica era el camino más lento para la victoria, pero la táctica sin estrategia era el camino más seguro para la derrota». La estrategia para resolver la crisis griega se pactó en julio en una cumbre extraordinaria. La hoja de ruta era correcta, pero insuficiente, ya que, tras la reestructuración pactada con bancos y aseguradoras, la deuda griega no retornaba a la senda de estabilidad. El acuerdo era sobre un tercio de la deuda pública, y la quita del 21%, por lo que solo conseguía reducir el 7% el total de la deuda.

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En Grecia la situación social es insostenible y ya se habla de ampliar la reestructuración al 100% de la deuda y la quita al 50%. Parece una exageración, pero los precios de los bonos ya descuentan escenarios peores por lo que, si se hace bien, asesorados por expertos en este tipo de negociaciones, en pocos meses los griegos podrían estar de nuevo emitiendo bonos en el mercado. Esos nuevos bonos deberían llevar el respaldo de los socios y aquí entran en juego los eurobonos. Pero Merkel, en vez de la cancillera, parece la líder de la oposición. Dice que tiene un plan, pero no lo enseña. Las malas lenguas dicen que no hay plan y que improvisa uno cada día, y solo sabe decir que no a todas las propuestas que se hacen.

Para puentear a Merkel, el presidente de la Comisión afirmó ayer que en breve presentarán una propuesta de eurobonos y les llamó «bonos de la estabilidad». Para contentarla, sale con la manida tasa Tobin, que es como si a un enfermo terminal le proponen hacerle la manicura. El tiempo de los planes ya pasó, hay que resolver la crisis griega y acabar con el contagio. Cuando oigas a Merkel decir que no, fíjate en su cabeza y estará asintiendo. En pocas semanas va a tragar con el paquete completo: quita, eurobonos, monetización de deuda, etcétera.