14 jul 2020

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Crisis y reacción social

¿Nos estamos indignando?

Algunos sociólogos prevén un estallido y otros niegan que se den los requisitos

El individualismo y la debilidad sindical dificultan una movilización masiva

FIDEL MASREAL
BARCELONA

Diez de la mañana en una oficina de colocación del centro de Barcelona. Caras largas aguardando turno bajo un gran cartel de la Generalitat que aquí suena a sarcasmo: Encarem el futur. Entre los que esperan, Inma, de 48 años, lleva en paro casi un año. Trabajaba de interina en la Generalitat. «He mandado un montón de currículos. Ni una entrevista. ¡Sería necesario manifestarse, los recortes siempre afectan a las clases más bajas!», afirma con énfasis. Pero añade: «Tampoco sirve de mucho».

Inma, una de los más de 600.000 catalanes que viven en el epicentro de la crisis, los parados, personifica el gran interrogante: ¿la crisis desatará la indignación social o se impondrá la resignación ante los recortes sociales? Y, en caso de prender la indignación, ¿cuajará un rechazo global o todo quedará en pequeñas protestas ocasionales, corporativas y atomizadas?

LA RADIOGRAFÍA
La fragmentación del disgusto y la protesta

Junto a Inma, Sergio, de 35 años, parado desde hace cuatro meses, no esconde su rechazo a los recortes, pero cree que «la gente está muy dormida, cada cual va a lo suyo, y hay demasiadas cortinas de humo. Cosas como lo de Islandia [donde el Gobierno, empujado por el electorado, ha empezado a meter en cintura a los banqueros] aquí no pasan».

Los expertos en movimientos sociales saben de qué habla Sergio. Saben que, en palabras del profesor de Ciencias Políticas de la UAB Joan Subirats, «existe una gran cantidad de cabreos, pero muy segmentados, por la mayor individualización de la sociedad, la debilidad de los agentes sociales clásicos y una estructura laboral que no facilita la acción conjunta porque fracciona en muchas categorías diferentes».

Otros teóricos, como el sociólogo Xavier Bonal, también inciden en la atomización como una de las piedras en el camino que va de la indignación a la acción.

«La lógica del sindicalismo lleva el germen del corporativismo y tras la huelga general las centrales mayoritarias han tenido una actitud muy táctica y negociadora», apunta Bonal. Y añade: «La lógica de las administraciones también es hacer estrategias de atomización social».

CALDO DE CULTIVO
¿Hay base para una movilización general?

El segundo ingrediente fundamental, casi previo al anterior, es lo que el nonagenario Stéphane Hessel (el único redactor aún vivo de la Declaración Universal de los Derechos Humanos) define en su alegato ¡Indignaos! como la capacidad, especialmente de los jóvenes, de buscar razones para indignarse. De entrada, reconoce que esas razones hoy «pueden parecer menos nítidas» que en su juventud, pero recomienda: «Buscad un poco, las encontraréis».

La gran mayoría de las asociaciones sociales -que en Catalunya presentarán el martes un manifiesto antirrecortes junto a sindicatos y colegios profesionales- conjugan enseguida expresiones como malestar, miedo, angustia, ganas de salir a la calle... La socióloga Marina Subirats, coordinadora del estudio Societat Catalana 2010, lo tiene claro: «Hay un caldo de cultivo porque los recortes ya existen».

Marina Subirats está convencida de que «los movimientos de protesta irán a más mientras exista esta ofensiva tan fuerte del capital». Sin embargo, el investigador social Javier Elzo la contradice: «A riesgo de ser políticamente incorrecto, no estamos tan mal. La mayoría de la población está contenta con su situación porque se ha mantenido lo básico del Estado del bienestar».

POSIBLES ESPOLETAS
Los desahucios y las redes sociales

Ningún teórico pretende jugar a adivino, pero Joan Subirats cree que un drama social como el de los desahucios, con más de 250.000 ejecuciones hipotecarias en España desde el 2007, puede ser el factor que haga tomar cuerpo a la indignación: «Es una lucha concreta, que aglutina a ciudadanos de todo tipo, que puede conseguir una victoria y cuyo enemigo es uno de los considerados culpables de la crisis».

En el terreno sindical, Josep Maria Álvarez, líder de la UGT, cree que, en el caso de Catalunya, la reciente supresión del impuesto de sucesiones puede ser lo que haga que la indignación aflore definitivamente.

Muchas miradas se dirigen a las redes sociales. Si en Londres los sindicatos de estudiantes se vieron superados por las movilizaciones convocadas en internet, en España afloran movimientos como Juventud sin futuro o portales como Democracia real ya, de la misma forma que brotaron colectivos como V de vivienda o Afectados por la hipoteca frente al problema de los desahucios.

Hessel ve dos motivos claros para la indignación: «La inmensa distancia entre los muy pobres y los muy ricos (...) y los derechos humanos y la situación del planeta». Tomándole

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