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Música para todo el mundo

Josep Roig ha compuesto la banda sonora de más de 20 series televisivas

SALVADOR SABRIÀ

En el mercado internacional de producciones televisivas MIP TV que se iniciará en la ciudad francesa de Cannes el próximo 4 de abril una de las series estrellas de dibujos animados será Chuck Chicken, de la productora malasia MSC. La música de la serie la ha compuesto y producido Josep Roig, en su pequeño estudio de grabación ubicado en un antiguo local en Terrassa. Los malasios fueron a buscar a Josep Roig, como músico, y a J. Lluís Viciana, como guionista, para hacerles el encargo. Es un ejemplo muy bueno de la internacionalización de la economía y de como entrar en este proceso es menos difícil de lo que parece e independiente del tamaño de la compañía.

«El mundo no es tan grande», afirma convencido Roig. Aunque añade que si ha llegado a este punto ha sido por el trabajo previo de muchas horas de producciones musicales y de los reconocimientos obtenidos en las ferias internacionales en las que se han presentado series televisivas con sus bandas sonoras.

Roig es un músico profesional de 53 años que vive de y para la música. Su vinculación con el sector audiovisual empezó en 1979 cuando el director de cine y guionista J. Lluís Viciana le propuso componer la banda sonora del cortometraje Vida de perros. Desde entonces, no han dejado de colaborar juntos, a veces como socios, otras solo con encargos compartidos y ahora cada uno con su propia empresa. Empezaron a realizar series de dibujos y en 1987 saltaron al exterior con Los Aurones, coproducida con TVE y Ocon Films. Una experiencia que ampliaron tres años más tarde con la francesa TF-1 para la serie de animación Los fruittis.

Desde aquella primera experiencia cinematográfica, Roig ha realizado la producción musical de más de 20 series. La mayoría ha sido para filmográficas españolas, pero también en colaboración con empresas de países tan variados como Noruega, Australia, Malasia o Canadá. El patito feo, producida por Neptuno Films en 1997, con su banda musical, fue la primera serie occidental de dibujos animados que entró en el mercado chino. En el 2000 puso la música de la serie canadiense-española-estadounidense La vaca Connie, una de las más premiadas en el festival de Cannes de entonces. En el 2005, su ámbito de actuación llegó hasta Australia, con la música de una coproducción de Neptuno con Sounther Star, una de las mayores productoras del mundo. Los australianos quedaron tan satisfechos que en el 2008 volvieron a repetir la alianza para producir una serie televisiva compuesta por 104 episodios, Classic Tales.

Y toda esta obra musical internacional prácticamente sin moverse físicamente de la ciudad vallesana. Además de la productora musical, Roig tiene una discográfica, Temps Record, que también realiza la distribución digital de sus productos y que es casi una mezcla de negocio y de mecenazgo cultural a base de ofrecer servicios y proyección al exterior a los artistas. De nuevo, en este caso el tamaño no importa, como demuestran las cifras: el año pasado produjo 53 ediciones discográficas, con todo tipo de música, desde la clásica hasta la de cantautores alternativos, como Cesk Freixas, pasando por grandes figuras del jazz, como el CD doble del estadounidense Phil Woods con la BCN Jazz Orquestra, o el descubrimiento de la joven Andrea Motis, cuyo CD con el saxofonista Joan Chamorro fue de los más vendidos de la Fnac en Barcelona.

En este campo, Roig también está convencido de que su mercado es el mundo, independientemente de la lengua en la que se expresen los artistas. «Hay público en todo el mundo para todo tipo de música. Solo se trata de poder hacerla llegar a cada uno de ellos». Para hacerlo posible existen internet y las redes sociales. «Puedes entrar en el estudio de sonido a producir una música y el mismo día y sin moverte del local pueden colgar esta música en más de 130 portales de venta on line y hacer muchos tipos de promociones especializadas, y con un mercado de centenares de millones de personas».

Roig es una rara avis en el mundo de las discográficas. Cobra a los músicos en función de la inversión que hacen, respeta totalmente los derechos de autor, que siempre quedan al completo en poder del artista, y, en lugar de quejarse, advierte de que lo que hace falta en Catalunya es crear una auténtica industria discográfica, «que apunte hacia el mundo, y no solo al mercado catalán».