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Caixa Girona

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Joaquín Romero
Joaquín Romero

Periodista

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Pagaría por asistir mañana al consejo de administración de Caixa Girona. Tendrá que aprobar su integración en La Caixa, pero sobre todo deberá –debería– explicar a clientes y plantilla las razones por las que ahora sí, y antes (con Terrassa, Sabadell y Manlleu o con Catalunya y Tarragona), no. Está claro que La Caixa es el mejor techo donde protegerse de la tormenta, pero resulta difícil entender lo que ha pasado: qué viaje ha hecho Girona desde la negativa a ir con las pequeñas cajas comarcales y con las de fundación pública hasta ahora.

Probablemente, el cambio tiene que ver con el deterioro de las propias cuentas, con una mala evolución del negocio que la agencia Ficth remató la semana pasada con un informe que dejaba su deuda al borde del bono basura, y que en la práctica le impide hacer su trabajo, lo que justifica su razón de ser: captar capital en el mercado global para dar créditos a las empresas y los particulares de Girona.

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La intervención desde el Banco de España de Caja Castilla La Mancha y de Cajasur ha supuesto un desgaste para el sistema financiero español y para toda su economía. Por eso, la actitud de quienes han adoptado posiciones de empecinamiento, por no reconocer la realidad o por delirios de política local, es de una grave irresponsabilidad.

La sesión de mañana despierta mucho interés también por la lección que contiene: el efecto mariposa desde una pequeña caja de ahorros hasta todo el sistema financiero del país. Cómo 18 hombres que deben representar los intereses del territorio acaban poniéndolo en apuros. Detrás de esa actitud numantina han estado ERC y CiU. Desde las filas de los primeros se ha intentado despistar hablando mal de las cuentas de Unnim, mientras que los convergentes ya empiezan a asumir su error. Algo es algo. Pero ambos les dan la razón a quienes denuncian la politización de las cajas.