Nueva aventura de un millonario de EEUU

Otra bancarrota de Trump

Aunque el magnate inmobiliario abandonó el viernes el consejo de administración de los hoteles y casinos de Atlantic City, su nombre vuelve a asociarse a una suspensión de pagos

Trump, durante la presentación de un libro en octubre del 2007.

Trump, durante la presentación de un libro en octubre del 2007. / ARCHIVO / AFP

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IDOYA NOAIN
NUEVA YORK

Abandonar el barco cuando el hundimiento era inminente no ha salvado del todo al millonario Donald Trump. El complejo de tres hoteles y casinos que lleva su nombre en Atlantic City (Nueva Jersey) ha tenido que acogerse a las leyes de bancarrota. Por tercera vez. Y aunque Trump y su hija Ivanka dimitieron de sus cargos en el consejo de administración de Trump Entertainment Resorts el viernes alegando serias diferencias de criterio con los bonistas, ayer era su apellido el que aparecía en todos los titulares vinculados al proceso legal iniciado en un tribunal de Camden.

Por más que ayer se empeñara en declarar que su nombre es lo único que le relaciona ya con la compañía --"y no me entusiasma precisamente"-- Trump quedaba atrapado sin querer por el eslogan que se ha usado hasta ahora para promocionar el Trump Taj Mahal, el Trump Plaza y el Trump Marina y que ayer seguía apareciendo en internet: "Un nombre lo dice todo". Son las cosas de un colorido magnate inmobiliario que, a los 62 años, ha hecho de su apellido y personalidad sus principales activos. "Solo en un complejo Trump puedes verdaderamente experimentar el estilo de vida Trump --promete la web--. El lujo descarado. La electricidad. La emoción".

Menos juego

Lo cierto es que Atlantic City no pasa por sus mejores momentos. En el 2008, las apuestas cayeron el 7,6%, en gran parte arrastradas por la competencia de estados vecinos como Pensilvania y Nueva York. Y en momentos de recesión, las tragaperras y mesas con tapete también acusan la crisis: en diciembre, el nivel de juego cayó el 18,7% en este aspirante a Las Vegas en las puertas del Atlántico. Es donde Trump ha escenificado algunos episodios de su aventura televisiva, El aprendiz, donde los concursantes luchan por trabajar para él y donde la frase estrella es "estás despedido".

Expertos como Harlan Platt, profesor especializado en bancarrotas de la Northeastern University de Boston, identifican otro problema. "El señor Trump tiene una forma de hacer negocios que estaba perfectamente alineada con el capitalismo americano los últimos 20 años, pero probablemente no lo estará en el futuro", ha analizado para Associated Press. "Compra mucho con financiación ajena y tiende a hacer apuestas muy arriesgadas".

Trump, en cambio, ve la paja en el ojo ajeno. Y el viernes, cuando a las seis de la tarde anunció en un comunicado su dimisión como presidente del consejo de administración de una compañía en la que aún retiene el 18%, echó la culpa de lo que se avecinaba a los otros dueños. "Mientras la organización Trump crece y florece, Trump Entertainment ha languidecido", denunciaba. "Ahora observaré conforme las horribles y escandalosas tarifas pagadas a abogados y asesores que chupan la sangre de la compañía".

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Trump también asegura que su participación en la empresa ahora inmersa en un proceso de reestructuración --no de liquidación-- representa "mucho menos del 1%" de su riqueza. Y ha dejado claro uno de sus principios: "Si no puedo gestionar algo no es para mi".

La gota que colmó el vaso para Trump fue que el consejo rechazó su propuesta de comprar una compañía que solo ha tenido beneficios en tres trimestres desde que se refundó en el 2005 tras la anterior bancarrota y que, según la documentación presentada ayer, tenía al acabar el 2008 1.670 millones de euros en bienes y 1.384 en deuda.