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¿Quiere bucear entre demonios?

Hace 14 años que en Zanzíbar llaman a una española 'mganga' (mujer mágica). Ana Puiggrós descubre aquí la cara B de la isla

Ana Sánchez

Lo primero que descubre uno al poner un pie en Tanzania –6.000 kilómetros África abajo– es que sabe más suajili del que cree. Solo hay que traducir siguiendo el instinto Disney. 'Hakuna matata' –el saludo automático a todo blanco– significa “no hay problema” sin necesidad de cantar. 'Simba' (el nombre de 'El rey león') quiere decir 'león', en general, y 'rafiki' (como se llama el mono del bastón de la peli), 'amigo'. Ya tienes el vocabulario básico para sobrevivir a un safari. 

Tras las vueltas de rigor por el Serengueti y después de aprender a poner cara de ñu, todo turista termina quitándose el disfraz de Coronel Tapiocca en la isla de Zanzíbar: mar transparente, arena blanca, palmeras de postal, masais de pega para hacerse fotos. Aquí se pasa de decir “hakuna matata” a “hakuna matatiso”, que es el superlativo.  

Bar Mangi’s. Estamos en el norte-norte de la isla: el pueblo de Nungwi. A eso de las seis, seis y media de la tarde, empieza a llegar la gente local. Aquí es donde se toma la primera cerveza al salir de trabajar. Para no desentonar, se recomienda pedir una “Kili” (cerveza Kilimanjaro). No se extrañe si ve en una mesa a un israelí, un inglés y algún tanzano hablando en perfecto español. Es el idioma común que se habla unos metros más allá, en el centro de buceo Spanish Dancer Divers

Paréntesis submarino: el 'spanish dancer' es un nudibranquio (una babosa de mar). Es rojo con puntitos blancos. Se mueve en el mar como si bailara con un traje de faralaes.

"En África los problemas más complicados se resuelven muy fácilmente. En cambio, los problemas muy fáciles, no”

“Nos dijeron que éramos los primeros españoles que se arriesgaban a montar una empresa familiar aquí”, hace memoria Ana Puiggrós. Hace 14 años que esta catalana y su marido, Goyo Monserrat, se mudaron con toda la familia a Nungwi. Su hijo pequeño, Dani, tenía 8 años; la mayor, Sabina, 18 (ahora, con 33, lleva y trae un catamarán a la cercana isla de Pemba). 

En Nungwi, A Ana la llaman 'mganga': una mezcla de curandera y mujer mágica. “La gente aquí cuando se encuentra mal va a ver al mganga”, explica con naturalidad. Su título oficial en España es de médico. Llegó a Zanzíbar antes de que la costa este fuera colonizada por turistas con pulseras de todo-incluido. Empezó a trabajar como médico en un hotel y le llegó a curar una úlcera al hijo del presidente de Zanzíbar. El hotel se quemó, pero no calcinó su proyecto de montar un centro de buceo. Se vino toda la familia y abrieron el centro. Y también se quemó. “Se quemó todo Nungwi prácticamente”, recuerda. Ana repite una frase hecha con la que se suele resumir la vida diaria en África: “En África los problemas más complicados se resuelven muy fácilmente –se ríe–. En cambio, los problemas muy fáciles, no”.  

Ana recomienda a continuación una ruta alternativa a las hileras de hamacas con turistas: desde descubrir un restaurante en mitad de la nada hasta colarse en un poblado para ver cómo se construyen embarcaciones igual que hace 300 años. “Es una de las cosas más bonitas que hay en Nungwi: ver cómo vive la gente, las relaciones que tienen entre ellos”, asegura. Los tanzanos “son muy solidarios –añade–, se ayudan muchísimo. Y por mucho que estén mal, siempre tienen una sonrisa en la boca. Tienen muchísimo sentido del humor”. Solo hay que echar un vistazo a los carteles de las tiendas de artesanía: Ikea, Gucci, Zara Home. 

LA ISLA DONDE NACIÓ EL VUDÚ

Otro destino donde apenas se ven turistas es Tumbatu. Dicen que allí nació el vudú. Es una pequeña isla a unos minutos de Nungwi en barco. Hay que pedir permiso al alcalde para visitarla. “No hay hoteles, la gente no habla inglés y los niños persiguen a los turistas diciendo 'mzungu' (blanco)”, detalla Idi. Es uno de los capitanes de Spanish Dancer Divers –el que tiene cara de poli bueno sacado de alguna serie–. Nació en Tumbatu y es el capitán más indicado para ir a la isla: su hermano es el alcalde. 

“En Tumbatu parece ser que está el mayor 'mganga' de todos los 'mgangas' –añade Ana–. Es un espíritu mágico y bueno. Es curandero y también trata cosas del espíritu”. “El vudú es parte de la vida aquí”, se encoge de hombros David, el socio israelí del matrimonio catalán (lleva siete años en Nungwi). Hace unos días –cuenta– les molestaba al dormir la música de dos discotecas. “Un tanzano fue al 'mganga' y ya han cerrado una”, sonríe. 

“Conviven islam y vudú –apunta Ana–. Es como en Cuba con la santería y el cristianismo”. Hagan la prueba y pregunten por el 'popobawa'. Cuando se corre la voz de que ha aparecido este supuesto demonio por Zanzíbar, la gente local llega a dormir en la calle. (Se supone que solo te ataca en tu casa).

¿Que qué se aprende en Zanzíbar? “Que no vale la pena estresarse con las cosas”, asegura Ana. 'Hakuna matatiso'. “Los problemas no los solucionas ni poniéndote nervioso ni 'atabalándote”. La mejor época para ir –recomienda– es de septiembre a diciembre.  


BUCEAR ENTRE DEMONIOS

Tumbatu es una isla minúscula al norte de Zanzíbar. No hay hoteles y para visitarla hay que pedir antes permiso al alcalde. Donde se hace más turismo es bajo el mar: está rodeada de arrecifes de coral y, según la población local, también de demonios. “Cuando voy a bucear allá –dice Ana–, me preguntan los capitanes: ‘¿Cuántos 'shetanis' (demonios) has visto?”. Por su centro de buceo ha pasado más de un instructor tanzano que se ha negado a bucear allí. “Dicen que los 'shetanis' los encadenan y no pueden salir a la superficie”. Lo más extraño que ve a simple vista un turista son peces unicornio.  


THE ROCK

Está en la costa este, a 10 minutos de Paje. “Hay una roca en mitad de la nada en el mar y allí han montado un restaurante –descubre Ana Puiggrós–. Puedes ir andando cuando la marea está superbaja, o te llevan en barquita cuando está alta, si no quieres ir nadando. Es espectacular el sitio. No es nada lujoso, pero está hecho con gusto”.


SAFARI BLUE DESE FUMBA

Es un 'tour' organizado que parte desde Fumba, un pueblito a media hora de la capital, Stone Town. “Coges un 'dhow' (embarcación tradicional) y te llevan a unas islas de arena blanca que aparecen y desaparecen con la marea –explica Ana–. Son bancos de arena, pero grandes, ¿eh?, y todo rodeado de coral. Es muy bonito. Acabas viendo la puesta de sol en el Africa House, en Stone Town, tomándote una Kili (una cerveza Kilimanjaro)”.


VER FABRICAR 'DHOWS'

Paseo obligado en Nungwi: caminar por la orilla hasta el faro. Hasta se ven vacas pastando en la arena. Lo ideal es salir a las seis de la mañana para ver aparecer a los pescadores después de pescar durante 12 horas. “Antes de llegar al mercado del pescado, ya ves a cantidad de gente construyendo como hace 300 años las redes y los 'dhows' (embarcaciones tradicionales)”, dice Ana. “Es increíble cómo lo hacen: cómo ajustan una madera con la otra, los clavos son de madera... Y aun así hacen unos barcos fantásticos”.


LAS CUEVAS DE MANGAPWANI

Para descubrir la parte más salvaje de Zanzíbar hay que ir al centro de la isla, recomienda Ana. Se puede empezar turisteando en las cuevas de Mangapwani, a pie de mar, y luego tirar hacia el interior. “Es selva pura aquello”. Está un poco más arriba de la ruta de las especias, que es un 'tour', según ella, a evitar. “Yo la encuentro una turistada. Cuando yo la hice, me pasé un día entero sin ver un blanco. Ahora estás media hora y ya”.