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Diana Zeyneb Alhindawi, la fotografía o nada

Empezó tarde en el mundo de la imagen, pero su labor ya ha sido reconocida con un galardón en el festival Visa pour l'Image

El trabajo más destacado de la fotógrafa es el de los juicios por las violaciones de Minova, en la República Democrática del Congo

Mònica Tudela

Entrevista con la fotógrafa Diana Zeyneb Alhindawi. / C. MONTAÑÉS / VÍDEO: M. TUDELA

Hace apenas tres años que esta mujer trabaja detrás de una cámara de fotos para captar la realidad del día a día, especialmente en África. Nacida hace 36 años en la Rumanía rural, de madre rumana y padre iraquí, Diana Zeyneb Alhindawi decidió tarde que quería ser fotógrafa, pero ahora sabe a ciencia cierta que ese es el camino que le corresponde. La consecución, el año pasado, del Premio Visa d’Or Humanitario que otorga el Comité Internacional de la Cruz Roja en el afamado festival de fotoperiodismo Visa pour l’Image de Perpiñán le sirvió para respaldar su incipiente carrera y para entrar en un circuito, el de la fotografía social, en el que es difícil despuntar. 

Actualmente está establecida en Brooklyn (Nueva York), pero viaja por todo el mundo, especialmente cubriendo emergencias humanitarias. Hace unos días visitó Barcelona, invitada en las Segundas Jornadas de Fotografía Social organizadas por la Fundación Vicente Ferrer y el Institut d’Estudis Fotogràfics de Catalunya.

"Me di cuenta de que con la fotografía podía juntar los dos intereses que tenía: las artes y los temas sociales", dice Alhindawi

“Toda mi vida me han gustado las artes. Empecé a pintar de muy pequeña. Mi abuela me enseñó a hacerlo. Mi padre es doctor y mi madre, ingeniera. Mi padre quería que yo también fuera doctora, así que fui a la universidad a estudiar Neurociencia y también Economía”, explica Alhindawi, que probó suerte con distintos empleos. “Trabajé en una galería de arte y me di cuenta de que no quería ser pintora profesional; estuve en un laboratorio de neurociencia y descubrí que tampoco era para mí: era un entorno demasiado cerrado, sin vida social”, recuerda.

“Me marché a México, a realizar trabajos de cooperación, desarrollo y derechos humanos, y de ahí empecé a trabajar en emergencias humanitarias con grandes oenegés, como Save the Children, Oxfam o la Cruz Roja”, cuenta. Ese fue el trabajo que empezó a encaminarla hacia su profesión actual. “En esa época encontré a muchos fotoperiodistas que cubrían conflictos y les pedí que me orientaran y me dieran consejos sobre cómo empezar en este mundo. Algunos me dedicaron solo cinco o diez minutos. Otros, más. Pero de todos aprendí”, explica. “Me di cuenta de que con la fotografía podía juntar los dos intereses que tenía: las artes y los temas sociales. Y ahí sigo”, dice Alhindawi.

RETRATAR EL HORROR

El trabajo más destacado de la fotógrafa es el de los juicios por las violaciones de Minova, por el cual recibió el Visa d’Or Humanitario y el premio al fotógrafo emergente de Lens Culture. El ensayo retrata el proceso judicial al que se enfrentaron en febrero de 2014 un grupo de 40 soldados en la República Democrática del Congo, acusados de violar a más de mil mujeres, hombres y niños. “Fue un trabajo duro pero satisfactorio. 56 mujeres tuvieron el valor de declarar contra sus agresores por unos hechos que sucedieron a finales del 2012. Finalmente solo dos soldados fueron condenados, una cifra ridícula teniendo en cuenta el número de violaciones que se cometieron”, apunta Alhindawi.

La República Democrática del Congo tiene uno de los récords de agresiones sexuales del mundo. “Este fue un trabajo que me hizo reflexionar sobre el hecho de que los retratados, a veces, tienen el conflicto entre intentar olvidar y tener que contar lo que han sufrido para que se sepa por lo que han pasado y evitar que se repita”, cuenta.

Otro trabajo destacado de Alhindawi, aunque muy distinto, es de la danza del oso en la región de Moldavia (Rumanía). Entre Navidad Año Nuevo, en varios pueblos y ciudades de la región se celebra una tradición en la que hombres y mujeres se disfrazan de oso y bailan por casas y restaurantes en un ritual que pretende alejar los malos espíritus. Alhindawi estuvo con ellos en el 2014.  

AUTODIDACTA Y APASIONADA

De formación fotográfica autodidacta, Diana asegura no conocer el trabajo de demasiados fotógrafos. “Tengo que ser honesta. No he estudiado fotografía y solo conozco a los grandes nombres. Por un lado esto no me favorece mucho porque tengo que ver qué cosas han hecho los otros, para no hacer lo mismo y poder agregar algo nuevo. Pero por otra parte está bien, porque así no tengo la tentación de copiar”, dice con una sonrisa.

Entre sus referentes están Michael Christopher Brown y David Alan Harvey. “Y también Martin Cartagena, un fotógrafo vecino en Brooklyn que hace una fotografía completamente distinta de la mía. Siempre me arranca una sonrisa”, añade.

"Me pregunto a veces  si la fotografía surte algún efecto, si ayuda en algo. Yo vengo del trabajo humanitario, donde la ayuda es algo palpable. Pero, ¿y la fotografía? ¿sirve? Es difícil de decir”, reflexiona Zeyneb

En cuanto a su metodología de trabajo, Alhindawi asegura que –pese a que siente interés por muchos temas de la actualidad– solo hace los trabajos que se le quedan en el corazón. “Hacer algo con pasión es imprescindible para un trabajo bueno”, dice. “Voy de viaje o leo algo y se me ocurre una idea y pienso: ‘Voy a hacer fotos sobre eso’. Pero lo dejo reposar. Lo dejo una semana, dos. Quiero ver si me despierto cada día con la sensación de que el tema me interesa y de que quiero seguir la historia. Y la realidad es que pocas me interesan como el primer día cuando ha pasado ese tiempo. Esos son los temas que hago, los que se me quedan dentro”, revela.

EL FUTURO PASA POR ÁFRICA

Para su futuro inmediato, Diana vuelve a mirar a África. “Empecé a trabajar en Sudán del sur y me gustaría volver. También tengo varias ideas en Congo, unas relacionadas con la guerra y otras de tipo cultural. Y es probable que también desarrolle proyectos en Uganda y en Kenia”. ¿Y Europa? ¿Y Estados Unidos? “También pasan cosas, pero hay demasiados fotógrafos ahí. Demasiada competencia”, responde.

“Me pregunto a veces si la fotografía surte algún efecto, si ayuda en algo. Yo vengo del trabajo humanitario, donde la ayuda es algo palpable. El agua sirve para calmar la sed; el dinero sirve para comprar comida o ropa o medicinas. Pero, ¿y la fotografía? ¿sirve? Es difícil de decir”, reflexiona. “La fotografía social no se hace por el dinero, porque no se paga bien. No se hace para ser famoso. Muchas veces el trabajo es muy duro, otras veces es aburrido. No es glamuroso… pero ahí tienes a un montón de fotógrafos siguiendo los conflictos y la realidad social en todo el mundo”, dice. Pese a ello, tras probar en varios frentes, Alhindawi sabe que su futuro pasa por hacer fotos: “He cambiado de idea muchas veces y ahora voy en la dirección correcta. No puedo imaginarme haciendo otro trabajo. Es la fotografía o nada”.

Temas: Fotografía