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Cuando ser vegetariano era sospechoso

El libro 'Recetario del profesor Capo' reivindica la figura de Nicolás Capo, impulsor del naturismo en España

Las tendencias nudistas y la fe naturista del visionario italiano le supusieron pasar por la cárcel y, posteriormente, el exilio

Imma Muñoz

“¡Padre ajo, que estás bajo tierra, óyeme!”. Con esta invocación al oloroso bulbo empieza la 'Plegaria al ajo', un sorprendente padrenuestro en el que se glosan las virtudes medicinales de esta planta (“¡Unido al limón, penetra en las gargantas de los hombres y desinflama sus amígdalas purulentas!”, “¡no te demores en penetrar en el estómago de los hombres y cicatriza sus úlceras!”, y así pasando por el hígado, las encías, los intestinos, las piernas varicosas y otras muchas partes del cuerpo humano necesitadas de curación) y la filosofía vital que movió a su autor, Nicolás Capo, el impulsor de la cocina vegetariana en España

La figura de Capo, apenas conocida salvo por los muy iniciados en la materia, es reivindicada ahora por su hija Odina, la principal transmisora de su legado, en un libro, 'Recetario del profesor Capo' (Larousse), que en realidad son tres: una biografía del visionario, una exposición de las bondades del naturismo y la vida sana, y una recopilación de recetas para llevar a la práctica la doctrina de Capo, tanto a través de los platos que elaboraba su mujer, Ramona, siguiendo al pie de la letra las indicaciones del sabio, como a través de los que se siguen elaborando en el restaurante inaugurado hace ya un cuarto de siglo por OdinaL’Hortet, en el Raval barcelonés. Una verdadera inmersión en el mundo de un idealista que convirtió la salud del prójimo en más que un objetivo vital: casi en una obsesión. 

EL DESCUBRIMIENTO DEL NATURISMO

Nicolás Capo nació en Laurito (Italia), en 1899. Penúltimo de seis hermanos, perdió a su madre a los 12 años. Su padre, zapatero, decidió entonces llevarse a toda la prole a Montevideo (Uruguay), donde tenía familia. Allí fue donde Nicolás descubrió el naturismo, de la mano, entre otros, del naturópata gallego José Castro, con quien montó, cuando apenas tenía 21 años, la Escuela Libre Naturista.

Dos años más tarde, decidieron probar suerte en España. Estuvieron en Galicia, Madrid, Valencia... hasta que Capo se enamoró de Barcelona. Le parecía una ciudad abierta y moderna y quiso establecerse en ella. Barcelona acogería, en 1925, la primera Escuela de Enseñanza Trófica Naturista de España, desde donde Capo difundió su visión del naturismo, enriquecida con la trofología, a todo el país, especialmente a través de la revista Pentalfa (cuya cabecera iría cambiando con los años), que tenía una tirada de 30.000 ejemplares. 

Capo creía ciegamente en el naturismo y en las propiedades curativas de una alimentación que siguiera a rajatabla los principios de la trofología, que él definía como “la ciencia de la alimentación y nutrición del ser humano que hace ver la incompatibilidad química de dos o más alimentos entre sí que después de las comidas causan trastornos digestivos, sanguíneos y nerviosos debidos a las diferentes reacciones químicas que se producen”. El principio fundamental de esta “ciencia” es que no se pueden combinar las verduras y las frutas, ya que tienen propiedades diferentes y la glucosa de la fruta no casa bien con el verde. 

No era esta la única fe que profesaba Capo: también creía a pies juntillas en el derecho de todos los hombres a una vida más saludable –y, por tanto, mejor–, así que invertía cuanto ganaba, que no era poco, en publicar libritos de divulgación de sus conocimientos que vendía a bajo precio para que las clases trabajadoras los pudieran comprar. Su afán era crear escuela, y por ello impartía clases, daba charlas, editaba lo propio y lo ajeno que pensaba que contribuiría a difundir el naturismo y organizaba populosos banquetes de paella vegetariana. Ramona le seguía en todas las aventuras, pero Odina la había oído exclamar más de una vez, con resignación: “¡Nunca seremos ricos!”.

LA FIEL RAMONA

Capo, que ponía la mano en el fuego por las propiedades curativas del limón, encontró su media naranja en Ramona Perera, hija de una familia de Les Borges Blanques con título nobiliario, que, arruinada, había tenido que emigrar a Argentina. Cuando Ramona tenía 16 años volvieron a España y la joven se instaló en Barcelona con una tía para seguir estudios de practicante y comadrona. En esa misma casa tenía alquilada una habitación Nicolás.

Los tres [hijos] fueron bautizados con zumos de frutas porque Nicolás se negaba a “pasar por capilla”

Lo suyo no puede calificarse de flechazo: antes que el amor fue la colaboración profesional. Ramona abrazó la fe naturista cuando Nicolás le curó una terrible piorrea, que a punto estuvo de dejarla sin dientes, con una férrea dieta a base de sandía. Maravillada por el resultado, la joven se convirtió primero en la encargada de plasmar en dietas llevaderas las ideas de Capo, y más tarde, tras someterse a una dieta purificadora a base de limón, en la madre de sus tres hijos: Apolo (1932), Odina (1935) y Edenia (1938), con tres años de diferencia entre uno y otro, lo que Capo consideraba que tardaba en regenerarse el cuerpo tras un embarazo. Los tres fueron bautizados, porque Nicolás se negaba a “pasar por capilla”, con zumo de frutas. Ramona fue la mujer que le permitió volar, porque los pies en el suelo ya los mantenía ella. 

LA PERSECUCIÓN

Y no fue fácil seguir siempre a su lado. La fe naturista de Capo, que incluía el nudismo (que practicaban, con la máxima discreción, en la terraza de su casa o en la masía Can Torelló de Gavà, donde se reunían con otros practicantes), se traducía a menudo en visitas de la policía, que acababan con el profesor detenido. El estallido de la guerra civil lo complicó todo aún más: el triunfo de los nacionales le supuso a Capo una temporada en el campo de Argelès-sur-Mer (Francia), en 1938; otra en el de Nanclares de Oca (Álava), en 1941, y un exilio de 15 años (desde que fue expulsado de Barcelona, en 1952, hasta que se le dejó volver, en 1967) en Perpiñán. Nunca, en ese tiempo, ni él ni su familia dejaron de abogar por la práctica deportiva, las duchas de agua fría y la trofoterapia. Eso sí, Ramona no quiso saber nada del nudismo, que consideraba la fuente de tanto quebradero de cabeza. 

Nicolás Capo murió en Barcelona en 1977. Su legado, a la vista está, sigue vivo. 

LAS RECETAS DE L'HORTET

SOPA JULIANA DE AZUKIS

Para 4 personas

300 g de azukis 
100 ml de aceite de oliva
1chirivía, 1 calabacín mediano, 1 tronco de apio, 1 puerro, 4 flores de brócoli, 
1/4 de col, 2 zanahorias
1 litro de agua o caldo de verduras
Sal

1.  Poner los azukis a hervir durante aproximadamente una hora y cuarto.
2. Lavar y cortar las verduras en juliana. 
3.  Rehogar en aceite la chirivía, el nabo, las zanahorias y el apio. Pasados 10 minutos, 
y para que queden con una textura al dente, añadir el calabacín, la col y el brócoli.
4. Agregar el agua o caldo de verduras, remover y dejar a fuego lento 5 minutos.
5. Pasado este tiempo, rectificar de sal, añadir los azukis hervidos y dejar que cojan el sabor de las verduras durante otros 5 minutos. 

TRUCO: Como todas las legumbres, si se dejan los azukis en remojo 12 horas necesitarán menos tiempo de cocción y quedarán más tiernos.

QUINOA CON BROCHETA Y SALSA DE COCO AL CURRY

Para 4 personas

400 g de tofu, 300 g de quinoa
1 pimiento rojo, 1 calabacín, 
champiñones, 1/2 puerro
600 ml de agua. Aceite, sal y pimienta

PARA LA SALSA:

1 cebolla pequeña
400 ml de leche de coco
30 g de curry, 15 g de maicena
30 ml de agua, 100 ml de aceite de oliva
Sal

1. Para las brochetas, dos por persona, lavar y cortar las verduras y el tofu a cuadrados y ensartar alternando sabores y colores. Salpimentar, agregar un chorrito de aceite y asar las brochetas en el horno a 180º.
2. Hervir la quinoa con el agua, primero a fuego fuerte durante 5 minutos y luego otros 10 a fuego lento. Pasados estos minutos, dejar reposar para que absorba el agua. 
3. La salsa: sofreír la cebolla pelada y cortada y, cuando coja color, añadir la leche de coco, el curry y una pizca de sal. Cuando hierva, añadir la maicena diluida en agua para espesar un poco y remover bien. Si se desea una textura más fina, triturar.
4. Presentar la quinoa en forma de timbal, bañada con la salsa y con las brochetas a un lado. 

TIRAMISÚ CLÁSICO

Para 4 personas

24 bizcochos de soletilla (secos)
50 ml de agua con dos cafés descafeinados
1 chupito de amaretto
500 g de mascarpone
100 ml de nata líquida
Una pizca de canela
50 g de cacao en polvo

1. Mezclar los 50 ml de agua con café con el amaretto y llevarlo a ebullición para que el alcohol se evapore. Dejar que el líquido entibie.
2. En un bol, y con la ayuda de unas varillas manuales o eléctricas, mezclar el queso mascarpone, el azúcar, la nata y la canela hasta obtener una masa cremosa. 
3. Sumergir los bizcochos en la mezcla de café y amaretto y dejar que escurran el exceso de líquido.
4. En un molde rectangular, colocar una capa con 12 bizcochos, otra con mezcla cremosa, un tercer piso con el resto de los bizcochos empapados y, al final, el resto de la crema.
5. Con ayuda de un colador o tamiz, espolvorear el cacao de manera uniforme. Dejar reposar el tiramisú al menos durante un par de horas.

PAELLA VEGETARIANA

Para 4 personas

320 g de arroz integral
1/2 calabacín, 50 g de guisantes,
1/2 berenjena, 1 zanahoria, 8 judías
verdes, 1 cebolla, 1/2 pimiento rojo
pequeño, 1/2 pimiento verde
pequeño, 2 corazones de alcachofa

PARA EL SOFRITO:

1 tomate rallado
1 diente de ajo
1 rama de perejil

ESPECIAS:

Laurel, pimentón dulce y azafrán

1.  Hervir el arroz integral con dos medidas de agua por cada medida de arroz.
2. Guisar las verduras en el orden de cocción que requiere cada una. Primero los corazones de alcachofa cortados en láminas, la zanahoria, la cebolla y las judías verdes. Pasados 5 minutos, añadir los pimientos, los guisantes, la berenjena y el calabacín y las especias.
3.  En otra sartén, preparar un sofrito con tomate rallado, ajo y perejil picados.
4. Añadir el arroz y las verduras al sofrito y dejar que los sabores se mezclen durante unos 5 minutos. 

TRUCO: Una vez las verduras estén a punto y se haya echado el arroz, repartir los ingredientes con una espátula y no volver a mover hasta el momento de servir, cuando haya absorbido toda el agua. 

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