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Lamari descubre sus cicatrices

La cantante y alma de Chambao estrena mucho más que un disco: 'Nuevo ciclo'

Los colaboradores del álbum se suman a la entrevista planteándole preguntas

Núria Martorell

Lamari de Chambao presenta su nuevo trabajo, Nuevo ciclo. / M. LORENZO / M. TUDELA

En la naturaleza, en la vida misma, todo se rige por ciclos (sí, esta idea ruge clara y animada en 'El rey león'). Más allá de los obstáculos y las dificultades, o precisamente impulsado por los supuestos escollos, hay un aprendizaje. Continuo. Así que mejor aceptarlos. Y, lo mejor, aceptarse a uno mismo. Durante el encuentro con Lamari, en su Málaga natal, el alma de Chambao repite cíclicamente una expresión: "Ahora me permito...". Al final de la entrevista, revela el porqué de este latiguillo.

La cantante estrena algo más que disco. También nueva etapa. Nuevos ritmos. Nuevo impulso. Nuevo ciclo es el título del desprejuiciado álbum con el que se distancia del estilo que tanto la identificaba: el flamenco-chill. 'Ahí estás' tú llegó a ser la sintonía de la vuelta ciclista a España 2013. Pero Lamari ya no está ahí. Ya no va a rebufo de nada. Y pedalea con renovada energía en otra dirección. Musical. Vital. 

¿Cómo es este 'Nuevo ciclo' en el que se encuentra? Pues... lo que tengo claro es que ¡es un nuevo ciclo!, de ahí el título. Si miro atrás, en mi vida ha habido otros ciclos, otras etapas. Y sé que ahora me siento fuerte, porque me permito muchas más cosas. Tuve un momento muy potente cuando acabé con la quimioterapia. En realidad, ahí empezó todo. Fue como la antesala de este ciclo en el que me encuentro. Lo que incubaba entonces es lo que hoy practico. Y por eso intento dejar atrás lo que no me gustaba de mí.

"Tuve un momento muy pontente cuando acabé con la quimioterapia. En realidad, ahí empezó todo. Fue la antesala de este ciclo en el que me encuentro"

¿Como qué? ¿Qué no le gustaba de usted? El mal humor que a veces gastaba. O el creerme que siempre tenía la obligación de dar explicaciones. A los demás. A mí misma. ¿Sabe? Percibo mucha frustración en la gente. En la calle. No es que crea que se ha de ir por la vida como si todo fuera de color de rosa. Esta idea ya la he expuesto en la respuesta que le he dado a El Kanka [a la derecha, encontrará seis preguntas planteadas por los invitados de su álbum]. 

¿De qué color ve la vida Lamari? De todos los colores. Los quiero todos en mi vida. Hasta el blanco. ¡Incluso el negro!

Lo explica en la canción 'A veces': "A veces la oscuridad ilumina, en la sombra la luz brilla...". Exacto. Los momentos oscuros te pueden enseñar a brillar. En un manifiesto sobre la estética japonesa, el escritor Junichiro Tanizaki reflexionaba sobre que en Occidente la belleza siempre ha estado ligada a la luz, a lo brillante y a lo blanco, y que lo oscuro, lo opaco y lo negro siempre han tenido una connotación negativa. Sin embargo, en Japón consideran la sombra como parte de la belleza. Hace falta partir de la sombra. En mi vida, en mi persona, necesito la sombra para tener la luz. Soy una persona a la que le gusta darse caña. Obviamente, he de permitirme relajarme, dormirme para despertar. Y me gusta pensar que siempre estoy aprendiendo. Meto mucho la pata. Soy una experta en eso.

A PECHO DESCUBIERTO

Así dice Lamari que quiere vivir. Y así se muestra en 'Nuevo ciclo', un disco que coproduce con Eduardo Cabra (Visitante, de Calle 13). La gira empezará el 30 de abril en Viña Rock (Villarrobledo, Albacete), y continuará el 3 de julio en Cabo de Plata (Zahara de los Atunes, Cádiz), el 8 en el festival Cruïlla de Barcelona, el 16 en La Mar de Músicas (Cartagena), y el 17 en Cultura Inquieta (Getafe, Madrid).

¿La última vez que ha metido la pata? Ahora mismo. Con usted. Cuando me he metido con el tamaño extragrande de las hojas en las que lleva anotadas las preguntas y me ha contestado que es la única manera de que las lea. ¿De verdad tiene el iris senil?

El iris y más cosas... Pero así es la naturaleza. Usted lo canta precisamente en esta misma canción. "Todo es curvo, luz dispersa / el camino es la esencia / entrada mágica, puerta abierta / origen naturaleza" ¿Qué le inspiró esta letra? Tres viajes que hice a los Picos de Europa. Ahí arriba, a 2.000 metros de altitud, ves un mar de nubes. Parece ¡el país de las nubes! A esa altura no hay árboles. Todo se adapta para sobrevivir en estas condiciones: si hay margaritas, son minúsculas. Ahí quería que no me venciera el sueño para contemplar las estrellas. 

Y del espacio exterior, al más interior. El de 'Dentro de mi pecho'. Su pieza más romántica: "Entre las yemas de tus dedos / el mapa de mi existencia / universos paralelos / dulzura en tu elocuencia". ¡Sus pechos llegan a ser portada!  Sí. Y en la contraportada, hay el torso de un hombre. Atrás queda el flamenco-chill. Fue una época bonita. Tierna. De aprendizaje. Pero ya no necesito llamar a mi música de ninguna manera. Simplemente, ya no tengo ninguna claqueta que me indique cuándo tengo que cantar. Las programaciones te obligan a estar encorsetado. Y ya no me apetecía seguir así. Prefiero entrar y salir del ritmo de una manera más elástica. Sentirme de verdad. De ahí esta portada, tan de verdad. En el tronco, en el pecho, habita el sentimiento. 

"Tengo tantas cicatrices en mi cuerpo... Es mi propio mapa existencial. Esta canción, 'Dentro de mi pecho', es como hacer las paces con mi parte femenina, que es muy romántica ¡y yo no lo sabía!"

Un pecho con cicatrices, curadas, como las heridas del cáncer que superó. Tengo tantas cicatrices en mi cuerpo... Es mi propio mapa existencial. Esta canción, 'Dentro de mi pecho', es como hacer las paces con mi parte femenina, que es muy romántica ¡y yo no lo sabía! Siempre había rehuido de componer letras de este tipo. Supongo que es porque me salen fácil, y creía que se me daba mejor lo difícil. Porque creía, equivocadamente, que la parte femenina era la más débil. De ahí que no me permitiera ser coqueta, pintarme, hacer ruido al andar.... ¡mira qué botas llevo! Me encanta oír mis pasos. Creía que para ser fuerte tenía que sacar mi  lado masculino. Ahora sé que deben ir de la mano. Y si me ha salido una canción de amor así, es porque la persona a la que se la dedico es muy grande. Así que, ¿por qué no dejarme llevar?

Antes mencionaba otras cicatrices. ¿Dónde más tiene? Uy, varias. En la cara misma. Me mordió mi perro en el 2010. Luego están las cicatrices que he querido tatuarme, como esas dos gacelas dibujadas, para acordarme de cómo me llamaba mi padre.

¿Cómo la llamaba? La gacela de Ciudad Jardín, el nombre del barrio donde me crie hasta los 13 años, y lo de gacela viene porque corría mucho. De chiquita hacía atletismo e iba a competiciones.

¿La foto de sus pechos está retocada? Sí, tengo uno más pequeño que el otro: uno de 40 años y otro, en el que tuve el tumor, de 15 [ríe].

¿Y por qué no mostrarlos tal cual? Preferí que estuvieran los dos iguales, por un tema de respeto. Y porque creo que así es mucho más poética. Soy excesivamente respetuosa. Yo misma tuve mis dudas. Me decía: "Cuidado con la portada, Mari, que lo que estás mostrando es tu piel". No son los pechos de una modelo. Lo importante es lo que quieres transmitir. Y relajarse, permitirse vivir la vida, sin que te afecte lo que dirán. Sin que a nadie le importe cómo es o deja de ser tu cuerpo. En realidad, la idea de esta portada fue del departamento de arte de la discográfica. Yo sugerí incluir los nombres de Chambao, Nuevo ciclo y los dibujos. Porque quería reflejar que soy tan espiritual como terrenal. El reloj de arena, por ejemplo, recuerda el paso del tiempo, mi baile con la muerte... Y las gacelas, esa historia que le contaba sobre correr, ¡correr!, que tiene un punto filosófico, una segunda lectura más profunda.

Corra, pues, a explicar cuál es esta doble lectura, 'gacela de Ciudad Jardín'. Tenía un entrenador, Jesús. Le llamaban el seis pesetas, porque se pasaba de duro. No había chicas de mi categoría y me ponía a correr con las cadetes. Con todo, quedaba tercera. Él me enseñó la importancia de las estrategias. Con 8 y 12 años, te puede siempre el ansia. Yo quería hacer carreras de obstáculos, o de velocidad. Pero él me metía en las de fondo, para coger tablas. Para que calibrara mis fuerzas. Qué gran lección para la vida: no puedes darlo todo, has de reservar las energías porque nunca sabes cuándo te van a hacer más falta. Yo de naturaleza soy muy pasional. Si me gusta algo, me vuelco. Si me disgusta, lo rechazo. Aunque no me considero radical. Es más, el radicalismo me impresiona tanto que me deja congelada, sin capacidad de reacción. Me apabulla. Con el tiempo, he logrado velar por mí. Y por mi camino.  

"Huyo de las banderas, y de las religiones. La política, en demasiadas ocasiones, me parece muy tóxica. No entiendo su lenguaje. Me pierdo"

Me gusta la estrofa de otro de sus nuevos temas, 'Desde el origen': "Una tierra muchas naciones / y distintas formas de vida / entendernos con una mirada / lo fácil que sería". Huyo de las banderas, y de las religiones. La política, en demasiadas ocasiones, me parece muy tóxica. No entiendo su lenguaje. Me pierdo. Soy bastante analfabeta en este sentido. Intento moverme por impulsos. Por lo que de verdad me dicta el corazón. Si me dice "no vayas por ahí", pues no voy. No me considero un alma hippy ni nada de eso. Intento vivir con lo que puedo entender. Y si algo me cuesta demasiado esfuerzo entenderlo, lo mando al carajo. ¡Coño, que el mundo me intente entender a mí! ¡Ya está bien de tanta comprensión hacia fuera! Estoy harta de que me machaquen por haber ido, a lo mejor, a tocar a un festival por la paz. Entiendo que ha de haber opiniones de todo tipo, pero tengo claro que la mejor bandera, la mejor religión, el mejor lenguaje, ¡es la mirada! Mi oncólogo lo tenía clarísimo.

¿Qué poder le daba su oncólogo a la mirada? Todo. La última quimio fue a finales del 2005. Cada vez que iba a una revisión, entonces, cada tres meses, repasaba los informes y me preguntaba el tito Emilio, que así lo llamo yo: ‘¿Qué tal, cómo te va?’ Yo le sonreía, le contaba mi vida... Y mi padre, nervioso, le requería siempre lo mismo: "Y los marcadores tumorales, ¿cómo van?" El hombre, con mucha paciencia, le contestaba: "Rafael, si no hablo de ellos es que van bien. ¿Tú has mirado a tu hija a los ojos? La respuesta la vas a tener siempre ahí. Es más, en el caso de tu hija ni siquiera marco la casetita para que se los miren". El doctor Emilio Alba es una eminencia. Y sus palabras inspiraron Desde el origen. La mejor bandera, la mejor religión, es la mirada.

Sigue 'Enamorá de la vida, aunque a veces duela'. ¡Qué gran estrofa de Kiko Veneno en 'Volando voy' y qué gran título para su libro! Claro. Cuando me propusieron escribirlo, pensé: "Y qué voy a contarle yo a la gente de mi enfermedad". Porque no quiero enterrarla, ¡al contrario! Cuanto más hablo de ella, más terapéutico es. Me tranquilizaron diciendo que no utilizase términos médicos. Que contara mi experiencia. No quería buscar la lagrimita, sino más bien recurrir al humor. Porque yo me he librado, pero otros quizá no. Cuando di con este título, y Kiko me dio permiso para usarlo, todo cobró sentido. Me podía permitir escribirlo.

¿Se ha dado cuenta de las veces que ha utilizado el verbo "permitir"? Es que es clave. A muchos nos cuesta aplicar este verbo, aunque no todos se den cuenta o quieran hablar de ello. En mi caso, forma también parte de mi terapia: cuanto más hablo, más lo supero. Si vamos a vivir la vida, ¡vivámosla de verdad! Vamos a ir a pecho descubierto. Hay personas de mi alrededor que, quizá por el amor que me tienen, me dicen que no debo exponerme tanto. "Mari, intenta no contar ciertas cosas...", me recriminan. Pero yo me niego. Sería matarme en vida. Dejaría de dedicarme a esta profesión que tanto me gusta. Más allá de la necesidad de estar en un escenario, me permite conocer a otros músicos, otras músicas. Ahora se insiste mucho en la idea de que debes salir de tu área de confort. Con esta pregunta me ha dado en la llaga. Necesito permitirme. Hacer locuras. No debo ser comedida para protegerme, sino hacer lo que me dé la gana. El arte me lleva hasta mi parte pura y salvaje. Me lo debo permitir.

LOS INVITADOS DEL DISCO PREGUNTAN

EL KANKA 

Después de más de diez años de carrera y con un buen montón de discos en tu haber, ¿cómo lo haces para seguir ‘caminando pa’ ir creciendo’ [parafraseando el título de una canción de Chambao]? Siempre que se anda se crece, aunque a veces no seamos conscientes de ello. Incluso se crece en las paradas, que son también necesarias para seguir andando. Amo la vida y no siempre es de color rosa, de hecho me gusta más la vida cuando no es rosa y me hace esforzarme y rebuscarme. Me espabila, porque a veces soy vaga y me duermo. Creo en el esfuerzo de las personas por mejorar individualmente, no para buscar la perfección, sino la versión cruda de cada uno, sin adornos, y ofrecerse al mundo con el instinto salvaje que hemos olvidado con el paso del tiempo y que indudablemente nos une. Como la unión de tu voz con tus letras, señor Kanka, que hace mejorar los días de las personas.


ARA MALIKIAN

Cuando pienso en ti, lo primero que me viene a la cabeza, aparte de tu arte, es tu buen rollo y la buena energía que siempre desprendes. ¿Cuál es tu secreto? Qué buena pregunta, porque cada vez que nos vemos yo siento lo mismo: Ara Malikian emana buenas vibraciones. Siempre que te veo desde el escenario o desde el público. ¿Secreto? Intento ser honesta conmigo misma y reírme mucho. La vida me importa tanto, que me la tomo con mucho humor. No sé si este será el secreto. Pero sí sé que lo importante es, simplemente, ser y estar en cada momento que vivo.


JUANITO MAKANDÉ

Define qué es para ti una buena canción. No soy muy buena con las definiciones. De hecho, huyo de ellas. Una buena canción para mí es la que me hace sentir; la que remueve lo más profundo de mi interior; la que mi cabeza no puede controlar; la que si me diera vergüenza bailar, me empuje para bailar; la que me excite y me sonroje ¡porque se me nota!; la que me hace reír, llorar... La que se queda como un runrún en el recuerdo y me hace pensar en su contenido y en por qué me llega tanto. De todas maneras, Juanito Makandé, tú tienes la llave de cómo hacer una buena canción.


JORGE PARDO

El duende forma parte de la liturgia flamenca, pero también parece tener pasaporte para moverse por todas las latitudes musicales. Lo sientes, lo ves por tus conciertos, en tus compañeros, en el estudio de grabación, en tu casa sentado al lado de la guitarra o del folio en blanco. Dime, Mari, ¿qué aspecto tiene, dónde te pellizca, qué te cuenta? ¡Ay, el duende...! El duende tiene tu aspecto, Jorge, el aire de tus pulmones. El duende suele ser verde, azul, con un talante amable y picarón. Está en todos los colores, en la humildad, en la pasión. Para mí, está tanto en el plato de la mesa como en el cariño de la familia, en los “oles” que se me escapan en un recital como el que ofrecía Paco de Lucía, en donde el silencio le corta la cara al respeto. El duende me pellizca entre el estómago y el corazón y me cuenta verdad, pureza. El duende eres tú, Jorge Pardo, tanto en una conversación como en tu música.


EDUARDO CABRA

¿Qué te movió a comenzar este 'Camino libre' y a buscar este nuevo camino sonoro? Hace unos años comencé a sentir que la etapa de mezclar el flamenco fusión con música electrónica ambiental a modo de instrumentos acababa, me pesaba. Llevó un tiempo decidirme, pero sentí que, si no me divertía, nada tenía sentido. Empujaban las ganas de explorar nuevos territorios en mis composiciones y llevarlas a los directos. Así que lo que me movió a comenzar este 'Camino libre' [el título del primer sencillo] y buscar este nuevo camino sonoro fueron mis ganas de divertirme y de salir de la zona de confort del Chambao del 2001. Sin pensar más tiempo en lo que dirá el público de Chambao. Simplemente, era cuestión de hacerlo. Y una vez hecho, es fácil: sé que seguiré haciendo lo que me divierta. Y en eso, voy precisamente de la mano contigo, Eduardo Cabra. Tú me ayudas a abrir caminos.


JORGE DREXLER

¿Cuándo escuchaste una chacarera por primera vez? [Lamari incluye este estilo en su nuevo álbum]. Fue en Buenos Aires, en los primeros viajes que hice. En el 2005 y 2006, fuimos varias veces a tocar a la Trastienda, y escuché un grupo en la calle de San Telmo que me hizo seguir las palmas como un tanguillo en tres por cuatro. Rápidamente supe que no era un tanguillo, claro. Me picó mucho la curiosidad y las matemáticas entraron de la mano de la música, se sumaron al sentimiento. La misma sensación la tuve cuando escuché por primera vez tu canción 'Eco', en esa misma época. A partir de ahí, te quedaste a vivir en mí. Para siempre, amigo Drexler.

Temas: Música