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Conozca a Santi Millán como la palma de su mano

Le leemos la mano a un 'showman' ubicuo: está en una serie ('Chiringuito de Pepe'), dos programas ('Got Talent', 'Imparables') y el teatro Capitol. Empezó en un matadero

Ana Sánchez

Información de primera mano de Santi Millán. 

Información de primera mano de Santi Millán.  / Foto: ALBERT BERTRAN / Dibujos: ANA SÁNCHEZ

De antemano

ACTOR CURTIDO EN COLLEJAS

Este hombre se ha colado en los Oscar con un carnet del Caprabo. Empezó a hacer teatro a los 10, a los 19 entró en La Cubana y se terminó de curtir en la tele, sobre todo a base de collejas de Sole en '7 vidas'. Ahora es un actor ubicuo: es el chef de 'Chiringuito de Pepe', presenta 'Got Talent' y está en el Capitol con Javi Sancho ('Estamos mejor que nunca', hasta el 20 de marzo). A todo esto, acaba de regresar de pedalear en la Titan Tropic de Cuba (se le puede ver en 'Imparables'). Hace cinco años que es deportista extremo. Próximo reto: la Transpyr, en junio. “Es una carrera desde el Mediterráneo hasta el Atlántico cruzando los Pirineos”, dice como quien enumera la compra. Su profesión, añade, es como ese juego de platos chinos que se mueven sobre palos. “Siempre hay que tener varios en movimiento, porque nunca sabes”. 

Santi Millán tiene poco que ver con el caradura de la tele. Es comedido, disciplinado, lleva 16 años con su mujer. Ha cumplido los 47 sin sombra de crisis. “No tengo la percepción de señor de 50”. Experto en relativizar cualquier situación. Empático. “Muy empático”. Le cuesta decir que no. Romántico, “aun siendo muy racional”. Cariñoso y sensible, confiesa. Y obsesivo con la música: cuando le gusta una canción la escucha hasta odiarla. ¿Meta a largo plazo? “Mi intención es, de aquí a unos años, irme a vivir al Trópico”. 

De pequeño le llamaban Gordi. Pero de muy pequeño [se ríe]. De bebé era regordete. Ya de niño empecé a espigarme.

Y se convirtió en un adolescente heavy. Sí. Tuve una época heavy pasteloso.

De baladas. Me gustaban mucho, de Scorpions sobre todo.

Pero le pillaron robando el ‘Thriller’ de Michael Jackson. Efectivamente. 

¿Alguna otra mancha en el expediente? [Se ríe] No, he sido bastante buen niño. Hay una época difícil, yo creo que la pasamos todos, pero me he portado bastante bien. Me considero bastante disciplinado y obediente. 

¿Y no se arrepiente? Nooo. He trabajado mucho, he hecho mucho lo que tenía que hacer, pero también lo he ido combinando con cosas que no debía hacer. 

¿Por ejemplo? Puuuuf, yo qué sé. Fiesta y demás… 

¿Lo más loco que ha hecho? ¿Lo más loco que he hecho? [Se lo piensa, sonríe]. Mejor no contar este tipo de cosas. 

¿Algo ilegal? No, ilegal tampoco, quizá de moralidad dudosa.

¿Lo más surrealista? [Se lo piensa] No me acuerdo... [Se lo repiensa. Se da por vencido]. No sabría decirle.

Ha atendido desnudo en un restaurante nudista. He hecho cosas muy surrealistas en el trabajo, sí.

¿Como qué? Colarnos en los Oscar con un carnet del Caprabo... De estas, mil. 

¿Y en su vida personal? En mi vida personal siempre he sido más comedido. La mayoría de la gente siempre ha confundido persona con personaje. Me han tenido como un tío caradura, tirao palante, politoxicómano.   

¿Y no? No he sido tan así. 

¿Algo sí? Algo sí. Pero yo me considero una persona seria, responsable, trabajadora. Un partidazo [se ríe].

Nadie podrá decir que le falta un tornillo. Su padre era mecánico. Efectivamente [se ríe]. Pero yo creo que algún apaño tendría que haber hecho conmigo. Alguna tuerca tendría que haber apretado.

¿Pasa vergüenza? Paso vergüenza, sí, pero trabajando, no. No hay nada peor que el espectador vea que lo estás pasando mal. He podido hacer las mierdas más grandes del mundo, pero siempre con actitud de: esto es lo mejor que hay. La gente dirá: “Vaya mierda está haciendo, pero qué convencido”. 

Pero en su vida personal sí pasa vergüenza. En mi vida personal, sí. Yo como persona sí que soy más pudoroso. 
 
Mide 1,85, según Google. 1,83. Pero 85 está bien.

Habrá tocado techo. Ni he tocado techo ni he tocado fondo [se ríe]. He estado más cerca del fondo que del techo. 

¿Eso mantiene los pies en el suelo? Sí. Yo creo que las buenas hostias muchas veces te enseñan más que los grandes éxitos. 

¿Ha tenido buenas hostias? Las he tenido guapas. He tenido de todo: 30 años de profesión... 

¿La peor? Profesionalmente, una serie que se llamaba 'Divinos'. No funcionó nada. Fue un palo, pero te repones.

¿Cómo? Primero: dejando pasar un poquito de tiempo. Y después, relativizando. ¿Cómo puede ser que estés siendo lo más un día y pases a ser lo menos el otro? No tiene lógica. Ni antes eras tan bueno ni ahora eres tan malo. 

¿En la vida también ha recibido muchos golpes? También. Pero en general la vida me ha tratado bien. Los típicos. 

¿Cuáles? No ser popular en el colegio, las chicas que no tal, cosas que querías y no has podido conseguir… Pero traumas fuertes, pérdidas, no. He tenido una vida bastante placentera. 

No es de llorar. No. No soy mucho de llorar. Pero lloro.

¿Con qué? Con cosas muy tontas: viendo una película, escuchando una canción, viendo fotos de mis hijos cuando eran pequeños. Hay cosas que me emocionan, pero no soy de lágrima fácil. 

No se puede morir sin…  No me podría morir sin haber vivido. 


Se ganó la vida cortando cabezas. [Se ríe]. Sí. Estuve un año y pico trabajando en un matadero. 

Cabezas de cordero. Sí.
 
Así se pagó las clases de interpretación. Sí, sí. Mis padres siempre me apoyaron, pero los recursos eran limitados. 

Era un dinero. Sí, porque yo intenté entrar en el Institut del Teatre, que es público, pero no me cogieron. Entonces fui a privado y valía más pasta. La solución que encontré: trabajar por la noche y estudiar por el día. 

Con 15 años, ya revendía camisetas en el instituto. Sí, sí. Además, lo hacía con mi socio de ahora de Zoopa [su productora].

¿Sí? Sí, sí. Una tía suya tenía un CIF para comprar en mayoristas. Comprábamos camisetas, camisas, bañadores, pantalones. Y en el instituto y en nuestra zona de influencia del barrio nos dedicábamos a vender [se ríe].

¿En qué no ha trabajado? No he sido camarero nunca. 

Ah, ¿no? No. Mira que normalmente los actores suelen ser camareros. Yo tuve la suerte de empezar muy pronto. A los 18 entré a trabajar en el matadero y enseguida empecé a ganarme la vida.  

Es actor, presentador, doblador, ‘showman’, deportista extremo. Extremo, extremo…  [pone en duda].

Quería ser médico. Yo quería ser médico. Creo que no se me hubiera dado mal. Me gusta hacer que la gente se sienta mejor. Pero es que había que estudiar mucho. 

No es de estudiar. Soy bastante perrete. 

Es más de cortar por lo sano. Sí. 

Le suelen dar papeles de perdedor-ganadorDe los que empiezan perdiendo y terminan ganando. El feo-guapo. El resultón, el gracioso... Creo que la gente sigue teniendo la imagen de mí de vividor o despreocupado.

Nada que ver con usted. Poco que ver.   

¿Suele perder o ganar? Nunca me he considerado un gran triunfador. No tengo esa percepción de mí mismo. 

¿Y qué percepción tiene de sí mismo? De que he conseguido las cosas currando. Que no me han regalado nada. 

¿No ha perdido nunca la cabeza? No, nunca se me ha ido la cabeza en ese sentido. 

¿Alguna espinita que sacar? Me hubiera gustado ser cantante. 

¿Por qué? Porque me gusta mucho la música y pienso que conecta de una forma directa con la gente. En un concierto hay una conexión que con el teatro es difícil conseguir. 

¿Canta? Como el culo. Canto mal, pero me encanta. [Enseña con orgullo un vídeo: él, en concierto con los Estopa para una gala benéfica]. 


Tiene el trauma de no haber ligado mucho. Sí. En la época, dijéramos, de relacionarse con el sexo femenino, no triunfaba mucho. Era bastante callo. Pasaban de mí bastante. 

¿Y cómo sobrevivió a la adolescencia? [Resopla] Yo iba haciendo mis pinitos. Era curioso: yo tenía una percepción de mí peor seguramente de la que tenían ellas. Porque cuando me gustaba una tía e iba a por ella, al final...

¿La conseguía? Sí. Pero tiraba a lo seguro [se ríe]. Nunca fui un tío de tirar la caña a ver si picaban. Era más francotirador. 

Pero al hacerse famoso... Cuando era conocido aquí en Catalunya y no en el resto de España se producía una cosa curiosa: iba a un garito en Catalunya y había buen 'feeling'; iba a España y pasaban de mi culo completamente.

¿Aprovechó el tiempo perdido? Pues tampoco, tampoco. Yo he tenido dos relaciones: una de 10 años, que justo empecé cuando entré en La Cubana, y al acabar la compañía, acabé con esa relación y empecé con otra.

Que ya lleva 16 años. Que llevo 16. Así que tampoco he sido muy promiscuo. 

Sus amigos dicen que es el yerno ideal: no bebe, no fuma, es monógamo. Fumar, fumo un poquito. Es el único vicio que me queda.  

¿Ningún trapo sucio que desvelar? No, los trapos sucios no se desvelan. Debajo de la alfombra todos tenemos mierda.  

¿Algún gag autobiográfico? No, no, no. Que se puedan contar, no [se ríe]. Además, una de las cosas que más me seduce de una mujer es el sentido del humor. La tía puede ser un pibón, que si le tengo que explicar el chiste… 

Habrá hecho alguna excepción. Pues no. 

¿Qué es el amor? Al final te juntas con la gente que egoístamente te hace mejor, que te complementa y que tiene aquellos valores que seguramente tú echas de menos en ti. 

Lleva 16 años con su mujer [la productora Rosa Olucha]. Tienen dos hijos. De 10 y 7 años.

¿Ya han comido perdices? No somos muy de comer perdiz [sonríe]. Prefiero el filete. Pero sí, sí, el balance de estos 16 años es muy positivo. Hemos pasado de todas, como todo el mundo, pero al final...