ESPERADA NOVEDAD EDITORIAL

Juan Gómez-Jurado: "Los malos se me dan bien"

'Cicatriz', el nuevo 'thriller' del escritor madrileño, ya está en las librerías

El autor superventas se somete aquí a las preguntas de otro novelista en racha: Mikel Santiago, 'el Stephen King de Portugalete'

El escritor tiene un don para idear planes retorcidos. Me gusta matar gente, confiesa.

El escritor tiene un don para idear planes retorcidos. Me gusta matar gente, confiesa. / ASÍS G. AYERBE

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Su currículo acumula cinco novelas con las que devorarse las uñas. Juan Gómez-Jurado ha vendido 6 millones de ejemplares en 40 países. ¿Su secreto? "Solo escucharte a ti mismo", asegura. El periodista madrileño publica el miércoles un nuevo ‘thriller’ adictivo: ‘Cicatriz’. "Hay mucho de mi propio sufrimiento". Es la sexta novela del periodista madrileño. "Un thriller distinto", describe el propio autor. "Cuanto menos se sepa antes de leerlo, mejor".

Juan Gómez-Jurado tiene una mano manchada de tinta negra. Se ha pasado la mañana dedicando ejemplares de 'Cicatriz' (Ediciones B) en exclusiva para los clientes de una cadena comercial. Esto, al igual que mi entrevista, forma parte del pre-calentamiento de la gira promocional de su última y flamante novela. Ahora le espera una abultada 'tournée' de presentaciones, digna de una estrella de rock, por lo menos. Pero es que Juan puede vanagloriarse de ser uno de los escritores que más gente arrastra en este país.

Vuelvo a su mano manchada. "¿Necesita hielos?", bromeo. Se ríe. Es un tipo cercano, en vaqueros y con una camiseta de Los Vengadores. Le confundirías con un geniecillo de los ordenadores… hasta que se pone hablar. Ahí se le nota el nervio del periodista, del escritor. Rápido, conciso y siempre con el sentido del humor presente para romper un poco la seriedad del momento. 

"¿Empezamos o…?" 

Nada, no me da tiempo a terminar el café. ¡Y yo que me había  ilusionado con hablar un poco de otras cosas! Le veo bastante dedicado a lo suyo. Un currela. Constantemente enganchado a su iPhone, quizás para responder a uno de sus miles de 'followers' (tiene 236.000 en Twitter). Venga, vale, pienso, no le voy a hacer perder el tiempo. "De acuerdo, Juan, vamos allá". (Ya le invitaré a una cerveza más tarde).

El epicentro de su historia es una cicatriz que no ha quedado bien cerrada, digamos que aún sangra. ¿Cuáles son sus heridas sin cerrar?

Las físicas ya están cerradas… [Señala una cicatriz larga y revirada en su frente y otra en el brazo derecho. La de la cara es profunda y vieja, pero por más que insisto no quiere contarme cómo se la hizo]. Las emocionales, no. El escritor es alguien que sufre o ha tenido que sufrir, es inevitable. En esta novela hay mucho de mi propio sufrimiento, y de mis muchos errores…

Y no me va a contar cuáles son, imagino.

Imagina bien. [Se ríe].

Con ‘Cicatriz’ lleva seis novelas publicadas, tiene millones de lectores en todo el mundo y otros tantos seguidores en las redes. Cuénteme el secreto para mantenerse fresco como escritor con todo este éxito.

No tengo ningún secreto, pero sí tengo una explicación. Solo escucharte a ti mismo, a esa voz interior que te obliga a contar historias. Y, nunca, nunca escuchar a quienes te dicen qué historia quieren ellos que cuentes tú. Un escritor debe escribir el libro que él querría leer, no el que otros creen que está de moda o que podría vender más, o que encaja con no sé qué tendencia que han leído que vendrá. Si escribes la novela que tú quieres leer, como mínimo tendrás un lector feliz: tú mismo.

Y, en su caso, bastantes más. ¿Eso se debe a no escuchar consejos?

Si hay una máxima inquebrantable en el mundo del libro es que nadie sabe nada. Pero los editores sí que saben reconocer una buena historia y pueden enamorarse de ella, como se enamora el autor, y ayudarle a mejorarla y a que muchos más lectores se enamoren de ella también. Hay que escuchar los buenos consejos sobre la novela, mientras sea la que tú necesitas desesperadamente escribir.

Entonces, ¿cree en eso de que las historias eligen al escritor? ¿Por qué eligió ‘Cicatriz’ a Juan Gómez-Jurado?

Sí, creo firmemente en que las historias existen en algún lugar y tú las encuentras, o ellas te encuentran a ti. Depende de cómo sean de tímidas o cómo estén de enterradas en el suelo de la imaginación. Algunas son como fósiles a los que hay que ir despojando de todo el polvo y la tierra hasta desvelar el dinosaurio entero. Otras veces, como en este caso, fue 'Cicatriz' la que me encontró a mí, o al menos el personaje de Irina el que salió a mi encuentro.

Eso sí que me interesa… ¿Se encontró con una pelirroja de ojos verdes tristes y un oscuro pasado?

Algo parecido… La historia comenzó a fraguarse en mi cabeza en el 2011, en un viaje a Chicago. Volvía al hotel de noche, hacía mucho frío y el viento cortaba la cara. A pocas manzanas de llegar, pasé por delante de un gimnasio, y a través de uno de los ventanales vi a una chica sola, entrenando con un saco de boxeo. No recuerdo si había más personas, yo solo la vi a ella. Golpeaba aquel saco con una rabia y una fuerza que me hicieron pensar que ella veía en aquel objeto algo más que 30 kilos de arena. No quise quedarme, el viento me empujaba hacia la habitación, y tampoco era apropiado permanecer allí. Pero los golpes de aquella chica en aquel gimnasio se vinieron conmigo, y me hicieron pensar en cuál era su historia, cuál su dolor. Y así comenzó a gestarse 'Cicatriz'.

El personaje de Irina es inusual y muy poderoso, me atrevo a decir que nunca había leído un personaje femenino así.

Es el personaje que más me ha costado escribir de todos los que he hecho. Hasta la última de las palabras y de las descripciones que aparecen las he sudado tanto como aquella chica mientras golpeaba el saco. Ha sido una auténtica tortura, quizás porque ella era real. Tenía que hacerle justicia. Digamos que invierte algunos roles tradicionales. Y ojalá pudiese contarle más, pero no quiero hablar demasiado de la trama.

¿Es cierto que la editorial ha pedido a los blogs que no desvelen nada del argumento en sus reseñas? Esto también es muy poco habitual.

Si por mí fuese, el libro hubiera llevado solo la portada, ni siquiera las tres líneas sobre el contenido que vienen en la contra. 'Cicatriz' es un 'thriller' distinto. Cuanto menos sepas antes de leerlo, mejor.

Intentemos entonces contar lo menos posible. Friki busca chica. Friki ve foto de chica por internet. Friki mete tarjeta de crédito en página web y la cosa explota por las cuatro esquinas. ¿Esconde ‘Cicatriz’ una pequeña advertencia sobre los nuevos tiempos?

La novela esconde muchas cosas, pero, sobre todo, es una historia de amor no correspondido. Una historia sobre lo que ocultan ambos amantes. Habla de pasión irrefrenable, de rabia, de secretos del pasado. Pero es cierto que los nuevos tiempos y las nuevas formas de conocerse tienen un papel importante en la historia.

El teléfono interrumpe un segundo nuestra charla. Juan se debate entre cogerlo o dejarlo pasar y yo le insisto en que atienda la llamada. "Cinco minutos", me promete. Quiero comprobar que todo esté en orden y mis notas no sean unos garabatos al final de la sesión. Juan se levanta, da una vuelta por el vestíbulo del hotel y yo reflexiono un segundo sobre la siguiente pregunta. La primera de las dos noches que pasé leyendo 'Cicatriz' tuve una pesadilla, y estoy seguro de que la novela tuvo algo que ver con ello. 

Tiene habilidad para crear auténticos monstruos. En ‘El paciente’ era el señor White. Ahora, en ‘Cicatriz’, vamos a tragar mucha saliva con Boris Moglievich, entre otros. ¿De dónde sale esta capacidad para figurar el mal?

Mire, aquí me pilla. Me gusta pensar que todos los personajes son parte de mí, pero, claro, luego resulta que aparece un señor White o un Boris Moglievich y tengo que explicar eso. No sé explicarlo muy bien. Me gusta mucho matar gente, causarles daño, imaginar formas distintas de torturarlos, romperles huesos y dientes y hacer que caigan de sitios altos.

En la ficción, se refiere.

Sí, claro. En la vida real está un poco feo [risas]. Es cierto que los malos se me dan bien, y no solo por tener un don para matar gente en mis historias, sino por inventar planes retorcidos y malvados. Es curioso, porque luego soy un chaval más bien inocente. 

‘Cicatriz’ contiene unas escenas de acción dignas de filmarse. ¿Qué pasa con el cine y Juan Gómez-Jurado? ¿Nunca le ha llamado el guion?

No me llama el guion porque no sabría cómo hacerlo. Eso tiene que hacerlo un profesional, alguien que domine el lenguaje, y yo lo desconozco por completo. Sí que me han comprado los derechos de varias novelas para llevarlas al cine.

Ha tuiteado que habría "sorpresas"con el precio digital de ‘Cicatriz’. ¿Puede adelantar alguna novedad?

He pedido que fuese lo más bajo posible, y la editorial ha hecho un gran esfuerzo con ello. Para mí es importante.

Se habla de la tiranía de la novedad editorial. Se acusa a la literatura de entretenimiento de trivializar la "auténtica"literatura  ¿Está Cervantes esperándole con un mazo en las puertas del cielo?

No me preocupa mucho el arma con la que me espere mientras la lleve en la mano izquierda. Bromas aparte, a Cervantes, el mayor escritor de todos los tiempos, le acusaban los críticos de lo mismo de lo que acusan hoy a los autores comerciales: ligero, pensado para hacer disfrutar a las masas, zafio. Todos esos adjetivos le dedicaron al mejor que ha existido jamás.

Las críticas son irrelevantes, tanto las buenas como las malas, porque no son la medida real de nada y, lo que es más importante, al lector le dan igual. Lo que el lector quiere es sentir emociones, ahondar en los rincones oscuros de la naturaleza humana, pasar páginas como si al día siguiente no tuviese que levantarse para ir a trabajar, pasarse de parada de metro porque va absorto en la lectura. Un solo tuit de alguien que me dice que se ha quedado en vela toda la noche porque no podía dejar de leer vale más que mil reseñas en 'The New York Times'.

Suele insistir en lo emocional de sus historias. Una vez dijo: "Escribir bien es ser capaz de contar historias que lleguen al corazón de las personas". En ‘Cicatriz’ remueve un montón de emociones en el lector. Cuenta cosas muy, muy duras... ¿Qué le supone esto emocionalmente?

Mientras escribo, agotamiento profundo. Disfruto escribiendo, no me quejo. Tengo el trabajo más bonito del mundo. Pero es duro, muy duro. Cicatriz es el reto técnico más complejo al que me he enfrentado como autor. Como dice Stephen King, escribir una novela es como cruzar el Atlántico en bañera, remando solo con las manos. Hasta que no llegas al otro lado, el esfuerzo que has hecho es inútil, lleves una página o lleves 500. Y la parte más compleja de ese esfuerzo es la gestión de las emociones, porque para ser capaz de reflejar las de los personajes tú tienes que ser capaz de sentirlas. La rabia, el odio, la pasión irrefrenable. Todo eso está dentro de ti mientras escribes. A veces tienes que parar solo para dar un paseo o para respirar para recordarte que no es real, de tan sumergido como estás en ese océano de emociones. Pero no siempre funciona…

En sus historias suele incluir la búsqueda de la justicia o la venganza. ¿Está una cierta sed de justicia detrás de sus motivaciones como escritor?

No lo sé. Sin duda lo está detrás de mis motivaciones como ser humano. Los alemanes tienen una palabra para esto –tienen una palabra para todo, en realidad–. 'Weltschmerz', el dolor romántico del mundo. Es el dolor que sientes en el alma cuando ves la distancia entre cómo son las cosas y cómo deberían ser. Tengo suerte de poder salvar esa distancia en mis novelas y ayudar al lector a salvarla. Al menos nos queda la ficción, Mikel.

Escribo esa última frase y la releo. Pienso en 'Cicatriz' y en esa historia que late entre sus páginas. El dolor romántico del mundo. El diario de un hombre que cruza el océano en soledad. Creo que he conseguido arrancarle a este escritor al menos un destello de sus secretos. 

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Antes de despedirnos, le paso a Juan mi galerada para que la firme. Ahora soy yo el que se ausenta un momento, y a mi regreso veo dos brillantes cervezas sobre la mesa. Juan me guiña un ojo. "Supongo que tendrá tiempo para una…". Y para dos, Juan.  

Le han bautizado como "el Stephen King de Portugalete". Hace dos novelas que firma best-sellers con salpicaduras de sangre y ya le llaman "un grande del thriller", un "autor de seis cifras". Su suspense tiene caché de Hollywood: Alejandro Amenábar ha comprado los derechos de su primera novela, La última noche en Tremore Beach. La segunda, El mal camino, entró en las listas de libros más vendidos la misma semana de lanzamiento, el pasado junio. En total, ha cometido 28 asesinatos (confesados).http://www.mikelsantiago.com/

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