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'Mar i Cel': el musical infinito iza las velas

La historia de amor de Saïd y Blanca ha vuelto al Teatre Victòria. Es la tercera vez que se repone desde su estreno, en 1988. Casi 1.250.000 personas han visto ya esta obra de Àngel Guimerà que se ha convertido en el gran musical catalán

IMMA MUÑOZ

Los piratas (con Saïd, encarnado aquí por Carlos Gramaje, al frente), encaramados al barco, otro de los grandes protagonistas de la obra. / JOAN CORTADELLAS

Los piratas (con Saïd, encarnado aquí por Carlos Gramaje, al frente), encaramados al barco, otro de los grandes protagonistas de la obra.
La pareja protagonista, el sarraceno Saïd (encarnado en esta imagen por Roger Berruezo, que se alterna en el papel con Carlos Gramaje) y la cristiana Blanca (Ana San Martín).

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"Nadie se pregunta por qué al cabo de 10 años se reponen 'Carmen', o 'La Traviata', o 'Turandot'. Cuando una ópera o un musical calan realmente, la gente los quiere volver a ver en cuanto ha pasado un cierto tiempo desde el momento en el que los descubrieron. Y esperan que la experiencia sea lo más parecida posible a la que tuvieron esa primera vez". Así responde Anna Rosa Cisquella, productora ejecutiva de Dagoll Dagom, a una pregunta que le debieron de hacer decenas de veces en el 2004 y el 2014, y que sin duda se va a repetir ahora, a finales del 2015: ¿por qué vuelve 'Mar i cel'? Porque 'Mar i cel', la adaptación al musical de la historia de amor entre el pirata sarraceno Saïd y la cristiana Blanca que escribió Àngel Guimerà en 1888, volvió en el 2004, 16 años después de su estreno; volvió en el 2014, diez años después de su primera reposición, y va a volver el próximo jueves, apenas cuatro meses después de la última.

El argumento de Cisquella es inapelable, pero ¿por qué 'Mar i cel' y no 'Flor de nit', o 'El Mikado', o la revolucionaria 'Antaviana', o cualquiera de los éxitos que en 40 años de trayectoria ha obtenido la compañía Dagoll Dagom? ¿Es que es su favorita? Responde Joan Lluís Bozzo, el director artístico: "Eso es como preguntarle a un padre cuál es su hijo preferido. Es imposible que te conteste. Tal vez tenga uno, pero no te lo va a decir. En todas las obras que hacemos ponemos toda nuestra fuerza y energía, pero 'Mar i cel' es la que nos ha funcionado mejor. Es la más redonda, tal vez, y sin duda la más popular".

"Es el gran musical catalán. No hay otro. Y la gente no viene al Victòria a verlo como va a ver otros espectáculos: para todos es algo especial, un acontecimiento", interviene Miquel Periel, tercera pata del triunvirato que lleva las riendas de la compañía. Responsable de la dirección escénica y de cásting, le gusta mezclarse con el público en cada sesión, y palpando su emoción ha entendido por qué hay gente que repite cada vez que reponen la obra: "La primera vez la vieron solos, y ahora quieren enseñársela a los hijos, o a los nietos, que han llegado en este tiempo". "Es una obra transgeneracional: padres, abuelos, tíos reviven lo que sintieron llevando al más joven de la familia, y se sienten muy gratificados al comprobar que a este también le gusta", asiente Bozzo.

Hasta en Alemania

Desde su primer estreno, en 1988, se han dejado mecer por las olas de sus casi 1.150 funciones cerca de 1.250.000 espectadores, lo que supone un promedio de 1.100 espectadores por sesión. 'Mar i cel' viajó a Madrid, Bilbao y Zaragoza, con versión en castellano, en la temporada 1988-1989; repitió en la capital española y sumó Valencia y Mallorca 16 años más tarde, y en el 2007 llegó incluso a Alemania. "Un empresario alemán la vio en Madrid y no paró hasta que pudo montarla en su tierra y en su idioma. Hubo 14 funciones en la Ópera de Halle, que vieron 10.000 personas".

En la última reposición, la obra no se movió de Barcelona. "Es difícil sacarla de gira: son seis días de montaje y cuatro o cinco de desmontaje –explica Periel–. Hay que mover cuatro tráileres [el barco pirata que idearon Isidre Prunés Montse Amenós pesa 8.000 kilos], y a 46 personas. La inversión necesaria es altísima". Así que aún hay que dar más valor a las cifras de público obtenidas. "Lo que ocurre con Mar i cel es algo insólito en Europa, con la salvedad de Londres: que una obra esté en cartel un año entero en una ciudad del tamaño de Barcelona, llenando cada noche. Y, encima, una obra en catalán, con lo que no podemos contar con la gente de fuera. Pero es que la fidelidad de Catalunya a este montaje es brutal", saca pecho Cisquella.

Éxito escolar

'Mar i cel’ ha encontrado un gran aliado en el público escolar: 185.000 alumnos, de entre 12 y 18 años, se han dejado seducir por la historia. "Esa es una de las tareas más importantes que hacemos –asegura Bozzo–. La obra tiene mucha utilidad pedagógica, porque permite abordar diferentes temas (teatrales, históricos, éticos) y, lo más importante, a los chavales les encanta". "Sobre todo a las chicas –tercia Periel–: tenemos un montón de trabajos de alumnas de bachillerato". La compañía ha participado en la elaboración de material didáctico, y Periel y Bozzo han respondido a entrevistas de estudiantes para esos trabajos escolares. "Eso sí: nunca por mail –puntualiza este último–. Que vengan y me pregunten, y después que lo sinteticen y lo redacten".

Esas sesiones escolares han tenido la virtud de contribuir a crear un público para los musicales, y también de despertar la vocación artística de un buen puñado de actores. Entre ellos, de algunos de los que forman parte del elenco que dio vida a los piratas y los cristianos en la reposición del 2014 y que lo hará también en la de los próximos días. En un caso extremo, la protagonista femenina, Ana San Martín, gallega, aprendió catalán para poder optar al papel de Blanca, y eso que no había visto más que vídeos de la obra.

La magnitud del recuerdo

Y siendo como es una obra mítica, el buque insignia (y perdonen la imagen fácil) del musical catalán y un hito en la memoria teatral de tanta gente, ¿no temen que algún espectador, al salir de la reposición, diga aquello –que también popularizaron ustedes en Oh, Europa!– de "me la imaginava més gran"? "A veces nos hemos planteado cambiarlo todo, empezar de cero, pero siempre hemos decidido que era mejor dejar las cosas como la gente las recordaba. Eso sí, aprovechando los avances tecnológicos para mantener la grandiosidad del recuerdo. Por ejemplo, cuando estrenamos 'Antaviana', teníamos 20 focos de 1.000 vatios: 20.000 vatios. Cuando la repusimos, siete años después, eran 100.000. Y la gente lo veía igual. ¿Por qué? Porque nos hemos acostumbrado a otras magnitudes. Ahora, con los efectos de sonido que hemos incorporado, con las proyecciones, logramos que la gente reviva la sorpresa de aquella primera vez", asegura Cisquella.

Pese a no tocar nada de lo esencial, el montaje se ha ido enriqueciendo y puliendo en sus tres reposiciones (Albert Guinovart, autor de la música, mejoró la orquestación en el 2004; Xavier Bru de Sala, responsable del texto, lo revisó en el 2014) hasta llegar a lo que es hoy: "un musical con el estándar de Londres", según la productora ejecutiva. "Lo hemos construido en tres fases: hemos hecho la casa en tres etapas porque no nos podíamos permitir comprarla de golpe", ejemplifica.

Poco se imaginaban cuando empezaron a poner sus cimientos, en 1976 –la primera vez que Bozzo subió la obra de Guimerà a los escenarios, sin música, con Periel en el reparto y Cisquella de iluminadora ("fue un intento fallido, pero nos quedó la idea de que había una historia muy potente que explotar", dice el director artístico)–, que 40 años más tarde iban a seguir encontrando un hogar, ellos y tanta gente, en los versos de un texto que ha pasado de clásico de las estanterías a clásico de la gente. Una Carmen, una Traviata, una Turandot para todo tipo de públicos. Un musical infinito.

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